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23 de marzo de 2017
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Ojo de mosca

No. 2 Cuando los científicos se equivocan

¿Qué hacen los científicos cuando meten la pata? Porque a veces sucede... Se presentó un caso hace poco, en 1994, cuando el Telescopio Espacial Hubble (se pronuncia “jóbl”) tomó fotos de los sitios más alejados del cosmos. A los astrónomos casi les dio un ataque cuando se enteraron de que con la nueva información se había calculado que el Universo era ¡más joven que las estrellas más viejas!

Desde luego, esto no es posible. Alguien tenía que estar equivocado. Pero ¿a quién echarle la culpa? La ciencia tiene una reputación que cuidar y nadie quiere mancharla sólo porque los datos se niegan a adaptarse a la lógica. Pero a diferencia de lo que uno haría en la vida diaria, donde una pequeña mentira blanca no tiene mayores consecuencias (“¿Por qué llegaste tan tarde?” “Es que estaba estudiando en casa de Carlos, mamá...”), los científicos no deben ocultar la información ni hacer como si no pasara nada cuando sus teorías se encuentran en problemas.

En esta ocasión, había varias posibilidades para salir del atolladero: o la teoría que han venido utilizando los astrónomos acerca de la vida de las estrellas está equivocada, o el método para calcular la edad del Universo está mal. Pero a ningún investigador le gusta cambiar de teoría: no si puede evitarlo, y sólo lo hace cuando la evidencia es abrumadora. Por ello, todo mundo (en la comunidad astronómica, se entiende) suspiró aliviado cuando recientemente se anunció que al parecer lo que se había calculado mal era el tamaño del Universo. Resulta que unas estrellas muy lejanas (del tipo conocido como cefeidas), las cuales se usan como marcadores de las distancias más lejanas, están más lejos de lo que se creía. Esto quiere decir que el Universo es más grande de lo que los astrónomos pensaban y, por lo tanto, más viejo (pues necesitó más tiempo para crecer a ese tamaño a partir de la Gran Explosión o Big Bang). O sea, lo que estaba mal eran los datos, no la teoría. Tal vez en otra ocasión sea necesario inventar una teoría mejorada, pero al parecer por ahora los astrónomos pueden descansar tranquilos. Al parecer, porque los nuevos datos todavía no están comprobados.

Comentarios: mbonfil@unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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