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26 de marzo de 2017
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Ojo de mosca

No. 21 Ciencia y ficción

En un número reciente de ¿CÓMO VES?, Sergio de Régules reseña la película Virus, catalogándola como producto de un mal guionista. Luego de describir las razones para juzgarla así (soluciones sacadas de la manga, enemigos indestructibles, casualidades increíbles), sugiere que “las películas de ciencia ficción deberían tener más ciencia y menos ficción”.

¿Cuál es la diferencia entre ciencia y ciencia ficción?, ¿qué distingue a la buena ciencia ficción de la mala? Quizá habría que aclarar algunos conceptos. En primer lugar, el nombre “ciencia ficción” es una mala traducción del término en inglés science fiction, para este género, tan despreciado por algunos, una mejor traducción sería “ficción científica”.

Un primer requisito es que la ciencia ficción debe ser ante todo una obra de ficción que debe incluir conocimientos científicos. Pero no basta que una obra de ficción incluya ciencia para que se califique como ciencia ficción. Existen muchos argumentos en los que la ciencia o los conceptos científicos desempeñan un papel principal y sin embargo no pertenecen a este género. Porque un segundo requisito de la ciencia ficción es, precisamente, introducir algún elemento ficticio dentro de los conceptos científicos que se manejan. Hay varias maneras de lograrlo. Pueden incluirse aparatos sorprendentes que violen todas las leyes de la física que uno desee, extraterrestres con ocho brazos y ojos de insecto, o píldoras mágicas para transformarse en monstruo, curar instantáneamente el cáncer o eliminar la contaminación radiactiva. O bien, puede seguirse el consejo del buen doctor Isaac Asimov, uno de los gurúes de la ciencia ficción, y respetar todos los conceptos científicos, limitándonos a modificar uno. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si tuviéramos contacto con una civilización extraterrestre, o si la fuerza nuclear débil fuera sólo un poco más débil, o si se descubriera que el elemento químico número 200 es estable?

Finalmente, una tercera condición es que la ciencia que se incluye sea válida.

Quizá en el cumplimiento de estos tres requisitos radique la diferencia entre una obra maestra de la ciencia ficción como 2001: odisea en el espacio y productos comerciales como La guerra de las galaxias o Virus, que quedarían mejor clasificados dentro del rubro “fantasía tecno-científica”.

Tal vez para hacer mejor ciencia ficción no haga falta poner más ciencia y menos ficción en el argumento, sino que la ficción que se incluya esté dentro de un marco científico creíble y válido.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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