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27 de febrero de 2017
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Ojo de mosca

No. 212 Ciencia impredecible

La ciencia es importante y útil. No sólo por mostrarnos el orden subyacente en la naturaleza y ayudarnos a entenderla e interpretarla, sino porque además nos permite aplicar ese conocimiento para modificarla en nuestro beneficio (y también a veces en perjuicio nuestro y del ambiente). En palabras del filósofo inglés Ian Hacking, la ciencia nos permite representar la naturaleza e intervenir en ella.

Hay un punto intermedio entre ambas funciones: el poder que tiene la ciencia de predecir los fenómenos naturales. Poder que, como se comentó aquí el mes pasado, tiene severas limitaciones.

Pero, por su propia naturaleza, la ciencia es impredecible. Cuando se pide a los científicos que descubran la solución a algún problema, con frecuencia se les está pidiendo algo imposible.

En la ficción y las caricaturas, los científicos tienden a ser vistos como inventores. Basta con que uno de ellos se plantee descubrir, por ejemplo, la máquina del tiempo, la vacuna contra el cáncer o la fórmula de la invisibilidad, para que, tras un rato —o años— de dedicación obsesiva, logre su objetivo.

La realidad es muy distinta. La ciencia es más bien un proceso darwiniano de generación de hipótesis que luego se someten a prueba. Y en el camino, revela constantemente nuevos detalles, nuevos niveles de complejidad y nuevas preguntas hasta entonces insospechadas. Como resultado, un investigador nunca puede saber a dónde lo va a llevar su investigación. Lo cual no quiere decir que su labor sea inútil: si la investigación se lleva a cabo con la calidad y el rigor necesario, todo conocimiento que produzca será, tarde o temprano, útil. Y es precisamente esta impredecibilidad la que ha llevado a los grandes hallazgos científicos y técnicos.

Un ejemplo claro fue la llamada “Guerra contra el cáncer” decretada en Estados Unidos, en 1971, por el presidente Nixon. Aunque se planeó como un esfuerzo sostenido a nivel nacional para hallar de una vez por todas la cura para esta enfermedad, hoy sabemos que la solución es mucho más compleja: no hay un cáncer, sino muchos, de distintos tipos, cada uno con sus propias características. Y sus causas son múltiples y complejas. Aún así, el esfuerzo dedicado a esa causa logró que la investigación y los tratamientos contra el cáncer avanzaran de manera extraordinaria.

Convendría que políticos y administradores tomaran esto en cuenta cuando deciden financiar, o no, proyectos científicos. Los descubrimientos no se pueden obtener por decreto, en una fecha predeterminada. Pero apoyar la investigación de calidad siempre será una buena inversión, que ayudará, a largo plazo, a obtener descubrimientos útiles.

 

Martín Bonfil Olivera

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