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23 de mayo de 2017
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Ojo de mosca

No. 222 El centro y las orillas

La ciencia es una actividad que avanza y evoluciona.

Conforme descubrimos cómo es el mundo que nos rodea, se va ampliando el ámbito de lo conocido. El conocimiento científico es como un círculo que constantemente crece y abarca paulatinamente más y más de ese territorio antes desconocido.

Dicho crecimiento no es constante ni regular: a veces es rápido y a veces lento; en ocasiones se estanca e incluso llega a tener retrocesos. Pero el balance general, a lo largo de siglos, ha sido un avance sostenido: el progreso científico. Hay teorías científicas que existen desde hace tiempo, porque han sobrevivido el proceso de ser puestas a prueba para ser confirmadas o refutadas. Han acumulando evidencia que las apuntala, y se hallan en la parte central del círculo del conocimiento científico. Otras, en cambio habitan el área incierta de sus orillas.

Se trata de las teorías “de frontera”: propuestas coherentes con el conocimiento anterior pero que incluyen elementos novedosos o hasta revolucionarios. Muchas veces tienen sólo sustento teórico, o cuentan con evidencia insuficiente para ser aceptadas por la mayoría de los expertos en el tema. No han logrado generar un consenso entre la comunidad de investigadores relevantes.

Tales teorías forman parte de la ciencia en construcción: aún no plenamente aceptada, pero sí valiosa y prometedora. Tarde o temprano, si no van al cementerio de las teorías refutadas, pueden ser aceptadas y pasan a formar parte del canon de la ciencia.

Pero existen otras ideas que pretenden hacerse pasar por ciencia sin serlo. Se trata de las seudociencias como la astrología, la curación cuántica, la creencia en fantasmas o en telepatía, en viajeros extraterrestres, y tantas otras cosas.

Hay una infinidad de “teorías” de este tipo, que normalmente se basan en evidencia pobre y defectuosa. Dichas teorías, pese a las quejas de sus defensores, no cumplen con los requisitos mínimos de la ciencia legítima (e incluso muchas veces van en contra del conocimiento científico aceptado).

Se argumenta que alguna de ellas pudiera ser correcta: después de todo la ciencia no tiene todas las verdades. Pero lo cierto es que, como no cuentan con pruebas suficientes y sólidas como para ser reconocidas por los expertos, y como probablemente nunca lo logren, dichas ideas seguirán siendo falsas ciencias.

La ciencia legítima es sólo aquella que existe dentro del círculo de lo aceptado por el consenso de la comunidad científica. En sus fronteras hay ciencia en proceso de (posible) aceptación. En cambio, todo aquello que se presenta como ciencia pero está fuera de ese círculo es, por más que nos atraiga o suene lógico, sólo seudociencia.

 

Martín Bonfil Olivera

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