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20 de septiembre de 2019
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Ojo de mosca

No. 243 Química, género y lenguaje

A finales del siglo XIX, cuando los químicos comenzaban a descifrar la estructura molecular de las sustancias orgánicas, descubrieron que algunos ácidos grasos, si poseían un enlace doble entre dos de los átomos de carbono que forman su cadena principal, se presentaban en dos variedades.

En una, la cadena de carbono continuaba por lados opuestos del enlace doble, y la molécula permanecía relativamente recta. En la otra, las cadenas de carbono se hallaban del mismo lado del enlace doble, y eso torcía la molécula.

Para denominar estas dos variedades —o isómeros— de las moléculas, se usaron los prefijos griegos cis y trans, que significan, respectivamente, “en el mismo lado” y “en lados opuestos”. Así, hoy hablamos de ácidos grasos cis y trans (y sabemos que el consumo de estos últimos es poco saludable).

Pero las palabras, y los conceptos que denotan, suelen brincar de un área de la actividad humana a otra. Cuando se desarrolló la genética y la tecnología para transferir genes, fue posible crear organismos que tuvieran genes provenientes de otra especie. Se comenzó así a hablar de organismos transgénicos. En cambio, los que no contienen genes foráneos serían cisgénicos, término poco usado.

(Ojo: no confundir los ácidos grasos trans con los que provienen de organismos transgénicos, como a veces ocurre en las noticias.)

Más recientemente, y en un área totalmente distinta, muchas sociedades han comenzado a reconocer la existencia de la diversidad sexual, y a aceptar que las personas con distintas orientaciones sexuales e identidades de género no están “enfermas” ni son anormales. Simplemente son muestra de que el comportamiento humano es más diverso de lo que se aceptaba anteriormente.

Así, para describir a las personas que tienen una identidad de género distinta a su sexo biológico —varones que se identifican como mujeres, o mujeres que se reconocen como varones—, se usaron los mismos prefijos, y se comenzó a hablar de personas transgénero. (Igualmente, una persona transexual es quien ha modificado su cuerpo para adecuar su sexo biológico al género con el que se identifica, y una transvestista —o “travesti— es la que simplemente adopta la vestimenta del género opuesto.)

Lógicamente, las personas cuyo género percibido coincide con su sexo biológico —que son la gran mayoría— se denominan cisgénero, palabra todavía novedosa, pero de uso creciente.

Es interesante ver cómo los mismos prefijos pueden saltar del griego antiguo a la química, de ahí a la genética y finalmente al campo del respeto a los derechos humanos —comenzando por el de la identidad— de las personas con sexualidad diversa. ¡Bienvenidas estas nuevas palabras

 

Martín Bonfil Olivera

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