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17 de septiembre de 2019
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Ojo de mosca

No. 246 El peligro digital

Aparte de nuestra biología, lo que realmente nos hace humanos es nuestra cultura. La cultura humana incluye elementos tan básicos para la supervivencia como el lenguaje, las costumbres para cuidar de los infantes, la manera de obtener y cocinar alimentos, las reglas para convivir en sociedad, y productos “superfluos” como la literatura, la música o la danza. Con el surgimiento de comunidades complejas como ciudades y naciones, comenzamos a acumular conocimiento, primero práctico y luego más teórico y abstracto, acerca del mundo que nos rodeaba. El producto más refinado de este afán por entender y controlar nuestro entorno es la ciencia (y su pariente cercana, la tecnología). Inicialmente, la sabiduría de la tribu se transmitía de generación en generación por tradición oral. Después se establecieron sistemas de educación que garantizaban que los jóvenes adquirieran los conocimientos básicos. Con el descubrimiento de la escritura –grabada en rocas, tablillas de arcilla, y posteriormente plasmada en papiro o papel–, el conocimiento acumulado pudo “descargarse” de los cerebros de las personas a soportes físicos que podían sobrevivir a la muerte de quienes lo poseyeron y pasar a futuras generaciones. Pero desde finales del siglo pasado la humanidad ha vivido una enorme revolución: con la invención y popularización de las computadoras, una enorme cantidad de información ha comenzado a traducirse a formato digital, o a producirse originalmente en esa forma. El formato digital es más compacto y práctico que los llamados formatos “físicos” (papel, libros, negativos de fotografía). Pero conlleva un riesgo intrínseco. Muchas veces, a través de la historia, incendios y otros desastres han causado que se pierdan enormes cantidades de conocimiento. Y también ha habido proyectos deliberados para eliminarlo. Sólo gracias a los arqueólogos, restauradores e historiadores se ha podido recuperar parte de lo perdido. Pero los libros y manuscritos son objetos físicos que, de un modo u otro, perduran en el tiempo. La información digital, en cambio, es tremendamente frágil. Puede ser borrada por un mal funcionamientos de las computadoras, un pulso electromagnético o el simple deterioro de los sistemas (por no hablar de los cambios de formato impuestos por las empresas). La sociedad actual, en su prisa por cambiar todo a formato digital, corre el peligro de que una guerra u otra crisis global borre o impida el acceso a los archivos electrónicos. Si eso ocurriera, esa información jamás podría ser recuperada. Una forma de evitar este riesgo sería cambiar las cosas para que todo empiece en lo material (papel, impresiones fotográficas…), pase a formato digital como medio para almacenarlo, reproducirlo y distribuirlo, pero regrese siempre a algún soporte físico como punto final.

 

Martín Bonfil

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