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24 de junio de 2019
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Ojo de mosca

No. 247 ¿Qué es la realidad?

Es común entre quienes estudian ciencia creer que ésta es “superior” a la filosofía. “La filosofía se dedica a estudiar problemas absurdos, como qué es la realidad o cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler”, se dice, “mientras que la ciencia estudia la realidad”.

Si bien las discusiones bizantinas sobre ángeles y alfileres han quedado ya muy atrás en la historia de la filosofía, el debate sobre la realidad continúa —y continuará— vigente.

Es un tema complejo. Se dedican tesis de licenciatura, maestría y doctorado, y vidas académicas enteras, a estudiar en qué consiste la realidad, lo existente (ontología) y qué podemos los humanos conocer de ésta (epistemología).

Como ejemplo, ponderemos si una piedra frente a nosotros es real. Mientras que un pragmático dirá “si lo dudas, prueba a pegarte con ella en la cabeza”, un filósofo argumentará que no podemos percibir la piedra en sí, directamente, sino sólo los fotones de luz que chocan con su superficie, rebotan y entran a nuestros ojos. Ahí son captados por células sensibles, transformados en impulsos nerviosos, y procesados por nuestros cerebros para producir la sensación —subjetiva— de “ver” la piedra.

Pero también, en ciertos estados alterados, podemos creer que vemos una piedra que no está ahí. O soñar que vimos una piedra, con total realismo. ¿Cómo saber que no nos engañamos al verla? Y lo mismo ocurre con nuestros otros sentidos. Siempre cabe la posibilidad de que nos engañen.

Por otra parte, esa piedra tan sólida que claramente vemos en verdad está hecha, esencialmente, de espacio vacío. La distancia entre los diminutos núcleos de los átomos que la forman y los aún más diminutos electrones que orbitan raudamente a su alrededor es comparable, en proporción, a la distancia entre la Tierra y el Sol. Todo lo demás en un átomo, aparte de núcleo y electrones, es espacio vacío. Nuestra piedra sólida se desvanece al verla tan de cerca.

La cuestión de la realidad se complica aún más si pasamos de las ciencias naturales, que estudian el mundo físico, a las humanas. ¿Son “reales” las leyes, la democracia, los derechos? ¿Es real la experiencia de alguien que se siente lastimado por las palabras de otro, aunque hayan sido dichas sin intención? ¿Es real el amor que nos declara otra persona?

¿Cómo podemos comprobarlo?

Y es que, así como la realidad física es algo que sólo podemos conocer mediante las percepciones de nuestros sentidos, la realidad humana, a diferencia de rocas, ríos, animales o bacterias, consta de construcciones sociales, convenciones que sólo existen si así lo acordamos.

Da mucho que pensar, este asunto de la realidad.

 

Martín Bonfil

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