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19 de agosto de 2019
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Ojo de mosca

No. 248 Una breve (e imprecisa) historia de la economía

La economía es una ciencia compleja. Y para quienes venimos de las ciencias naturales, a veces resulta conflictiva de entender.

Primero, porque, a diferencia de lo que se nos enseña siempre en física o química —que la masa y la energía no se crean ni se destruyen, sólo se transforman—, la riqueza y su representación, el dinero, sí pueden crearse.

Y en segundo, porque la economía moderna no se basa en valores sólidos, sino en creencias inciertas. Vayamos por partes: la riqueza puede consistir en dos cosas. Los bienes, objetos que son propiedad de las personas, o los servicios: básicamente el trabajo que las personas pueden hacer.

Se puede obtener riqueza tomando posesión de bienes que se hallen la naturaleza —fruta, minerales, terrenos— o bien trabajando sobre ellos para transformarlos, y así aportarles más valor (lo que se conoce como plusvalía).

En las sociedades primitivas, cada quien era dueño de las cosas que conseguía, y de su trabajo. Las primeras formas de comercio se basaron en el trueque: un buen cazador podía intercambiar las presas que le sobraban por las herramientas que un buen artesano fabricaba mejor que los demás.

Posteriormente, y para facilitar y ampliar las posibilidades de intercambio comercial, surgió el dinero: una forma de representar el valor de los objetos o del trabajo. Consistió primero de piedras o semillas, y posteriormente en monedas y billetes. Hasta entonces, uno sólo podía comerciar con base en la riqueza que ya tuviera: bienes o dinero. Pero ocurrió que a alguien inventó el concepto de préstamo, y comenzó así la economía basada en el crédito.

¿En qué consiste? En prestar bienes o dinero a cambio de trabajo, o de la devolución de dichos bienes o dinero, pero en un futuro. Pronto hubo quien notó que cobrar una cuota —un interés— a cambio podía ser un muy lucrativo negocio. Surgieron así los usureros y, posteriormente, los bancos.

El problema es que nadie puede conocer el futuro, y con el crédito se está confiando en que la persona que recibe el préstamo lo pagará (junto con los intereses). Si no lo hace, el prestamista se ve dañado.

En la sociedad actual, todo mundo compra a crédito. Y la industria financiera entera —que dice “crear riqueza” a través de la especulación— se basa sólo en la confianza en que los deudores pagarán, y que la economía global funcionará como predicen los modelos.

Una economía basada no en la riqueza, sino en la confianza. No es de extrañar que las cosas casi nunca salgan como lo planeamos.

 

Martín Bonfil

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