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27 de octubre de 2020
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Ojo de mosca

No. 257 Epidemias

La pandemia de COVID-19, causada por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, sigue siendo noticia, y lo seguirá siendo por algunos meses. Más allá de la desinformación que cunde en redes sociales y algunos medios de comunicación (supuestas curas milagrosas que son totalmente inútiles, cuando no dañinas) y de las exageraciones que fomentan el pánico, conviene recordar que las epidemias y pandemias (epidemias globales) son fenómenos naturales inevitables, y que siguen su curso de manera más o menos predecible.

¿Cómo surgen? Principalmente como consecuencia de dos procesos naturales. Uno es la continua aparición de mutaciones azarosas en el genoma de los agentes infecciosos, especialmente en los virus. El segundo es la mezcla de genes de diversas especies. Esto ocurre continuamente en el mundo natural, especialmente entre bacterias y sobre todo entre virus.

La actividad humana también puede contribuir a acelerar estas mezclas. Por ejemplo, al juntar diversas especies de animales en un mismo sitio. Especialmente si se trata de especies silvestres, pues en los ambientes naturales existe una enorme diversidad de agentes infecciosos con los que el ser humano no ha tenido contacto, y no ha desarrollado inmunidad contra ellos.

Esto es exactamente lo que ocurrió en el famoso mercado de carnes y mariscos de la ciudad de Wuhan, China, donde surgió el nuevo virus. La oportunidad de que coronavirus de diversas especies convivieran en ese lugar y pudieran combinar su información genética, para saltar luego al humano, fue un factor decisivo en el surgimiento de la nueva especie.

En la gravedad de las epidemias y pandemias influyen características propias de la enfermedad. Principalmente dos: su infectividad, es decir, la cantidad de personas que pueden ser contagiadas por un individuo infectado, y su índice de mortalidad, o sea el porcentaje de personas infectadas que fallecen debido a la enfermedad.

Pero aunque ambos factores dependen en gran medida de las propiedades biológicas del agente infeccioso, también las acciones humanas influyen de manera decisiva. Las nuevas pandemias que han surgido en los últimos tiempos —y que seguirán surgiendo— son facilitadas por los modernos medios de transporte que reducen tiempos y distancias, principalmente la aviación, y que permiten que un paciente infectado pueda trasladarse literalmente al otro lado del mundo en cuestión de horas.

Pero también las facilitan factores como las condiciones de hacinamiento en las ciudades modernas (transporte colectivo, tiendas y oficinas repletas, eventos masivos), que favorecen el contagio, y por elementos como la calidad del sistema de salud de la sociedad de la que estemos hablando y por la atención con la que la población obedezca las medidas de precaución que pueden reducir los contagios.

En pocas palabras, podríamos decir que, aunque la aparición de nuevas epidemias y pandemias es naturalmente inevitable, las acciones del ser humano pueden hacer mucho para agravarlas, o bien para aminorar en lo posible sus efectos. Cuidémonos todos.

 

Martín Bonfil

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