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06 de junio de 2020
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Ojo de mosca

No. 258 Conexiones epidémicas

La pandemia causada por el nuevo coronavirus, que afectó al planeta entero, nos revela algo que muchas veces olvidamos, ensimismados en el ajetreo de la vida diaria: las múltiples y profundas conexiones de las que depende nuestro mundo.

En primer lugar, conexiones biológicas. En la escuela nos hablan de ecosistemas y cadenas alimenticias, pero es difícil visualizar con ejemplos concretos la medida en que todos los seres vivos estamos relacionados unos con otros formando redes, y redes de redes. Y cómo estas, al ser alteradas o modificadas, llevan a resultados inesperados.

Es el caso del SARS-CoV-2, cuyo origen preciso sigue discutiéndose e investigándose al momento de escribir esto. Probablemente descienda de uno de los muchísimos coronavirus que habitan en poblaciones de murciélagos en Malasia. De estos, el virus parece haber pasado a los pangolines, no se sabe si en su lugar de origen o en el mercado de Wuhan, China, donde surgió el brote epidémico.

Lo que queda claro es que cuando el humano tiene contacto con animales silvestres, y sobre todo cuando junta a distintas especies en un mismo lugar —como un mercado— establece artificialmente nuevas conexiones que antes no existían en la naturaleza. Y al hacerlo facilita que los virus salten de una especie a otra y que surjan nuevas variedades que puedan infectar a la nuestra.

Lo mismo puede pasar en cualquier lugar. Al invadir los espacios naturales del planeta, entramos en contacto con especies normalmente aisladas, y damos lugar a nuevos contagios. Habrá que estar preparados para ello.

Pero otras conexiones van más allá de lo bio
lógico. Además de las redes de transporte que facilitaron la dispersión del virus por todo el mundo, vernos forzados a vivir en cuarentena durante semanas nos muestra que nuestra sociedad está también formada por conexiones múltiples, por redes de redes. El aislamiento, forzado o voluntario, y la suspensión de actividades en numerosos negocios y servicios nos hacen conscientes de cuánto dependemos de tiendas, supermercados, restaurantes y cafés; de quien nos vende el pan o una revista; de quien recoge la basura o quien opera una sala de cine. Todas esas cosas, que normalmente damos por sentadas, se vuelven increíblemente notorias en una contingencia como esta.

Y hay aun otras conexiones, de mayor escala, que nos afectan a todos. La caída de las bolsas y la crisis económica que inevitablemente se presenta cuando la mayoría de los países disminuyen al mínimo su actividad económica. Los planes de desarrollo de países enteros, que se ven pospuestos. La alteración en los calendarios de eventos deportivos y artísticos de alcance mundial, como las Olimpiadas o los principales festivales de música, de estrenos cinematográficos o de exposiciones de arte.

¿Quién pensaría que un virus submicroscópico pudiera alterar, en los hechos, todas las redes que conectan y hacen funcionar nuestras sociedades y nuestras vidas? Algo en qué pensar para cuando termine esta etapa. Sigámonos cuidando.

 

Martín Bonfil

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