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13 de julio de 2020
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Ojo de mosca

No. 259 Cinco lecciones deseables de la pandemia

Pocas generaciones llegan a presenciar un evento como la pandemia de COVID-19 que estamos viviendo en este 2020.

Cierto: no ha sido tan destructiva como algunas de la antigüedad. La peste bubónica, causada por una bacteria y transmitida por pulgas y ratas, mató en el siglo XIV al menos a unos 75 millones de personas: 17% de la población mundial. Regresó a finales del siglo XIX y principios del XX, matando a 10 millones de personas. Y la famosa influenza de 1918, conocida como “gripe española” y causada por un virus, acabó con entre 50 y 100 millones de personas en el mundo.

Por fortuna, se espera que el costo final de la actual pandemia sea mucho, mucho menor. Pero está truncando muchas vidas y alterando, quizá permanentemente, la forma en que vivimos. ¿Qué esperar para cuando el confinamiento termine y vayamos regresando a una vida más o menos normal? Lo ideal sería haber aprendido algo. He aquí cinco lecciones deseables para la humanidad, resultado de esta plaga:

1) Prepararnos. Las epidemias y pandemias causadas por bacterias y virus –especialmente virus de ARN, que mutan rápidamente, como los coronavirus– son fenómenos naturales que seguirán ocurriendo de vez en cuando. Tendremos que aprender a estar listos para ello.

2) Cambiar nuestras costumbres. Estas nuevas infecciones provienen de animales silvestres —de ahí su nombre, zoonosis—, y en parte surgen por el poco cuidado que tenemos al entrar en contacto con ellos. Seguramente va a ser necesario que cambiemos algunos hábitos y costumbres, incluyendo tradiciones —como consumir animales silvestres, o criar juntas distintas especies de animales sin tomar precauciones adecuadas— para disminuir el riesgo de que surjan nuevas epidemias.

3) Cuidar el ambiente. Los humanos destruimos, a velocidad acelerada, los hábitats naturales de muchas especies de animales que pueden ser portadoras de estos microorganismos, ocasionando que se acerquen a pueblos y ciudades. Otra razón urgente para proteger la naturaleza.

4) Fortalecer la sanidad. Un servicio médico amplio, eficaz, bien preparado y equipado es hoy más vital que nunca. Las naciones del mundo deberían esforzarse para garantizar que estos servicios estén disponibles para toda su población y fortalecer los mecanismos existentes de vigilancia y respuesta epidemiológica. Y los ciudadanos debemos valorar, agradecer y apoyar la entrega y profesionalismo del personal de salud, invaluables en crisis como esta.

5) Promover y reforzar la cultura científica de la población. Por último, y ante la falta de información y de medidas de preparación —desde entender qué es un virus o cómo avanza una epidemia, hasta saber cómo usar un cubrebocas, o por qué no creer en noticias falsas— es claro que ciudadanos y gobernantes necesitamos una mayor y más profunda apreciación y comprensión de la ciencia para tener presente que el apoyo a la investigación, enseñanza y difusión de la ciencia son absolutamente fundamentales para el progreso y la supervivencia de las naciones.

Si estamos saliendo de esta crisis es gracias al conocimiento científico y a su aplicación racional. Recordémoslo, y sigámonos cuidando.

 

Martín Bonfil

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