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23 de enero de 2021
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Ojo de mosca

No. 266 El año de la vacuna

2020 fue un año que no olvidaremos, porque nos tocó vivir algo no visto en 100 años: una pandemia global que ha matado a más de millón y medio de personas en el mundo y que nos obligó a guardarnos durante meses y cambió por completo nuestro estilo de vida.

Sufrimos también el daño económico que la acompaña, y que afectó la calidad de vida de millones de familias en todo el mundo.

Es natural que la llegada de un nuevo año con noticias prometedoras sobre el desarrollo y efectividad de las varias vacunas contra el coronavirus SARS-CoV-2 que próximamente estarán disponibles, nos haga esperar que 2021 será el año en que podamos volver a la normalidad.

Es una esperanza razonable. Pero no hay que olvidar que la realidad, cuando se digna a complacer nuestros deseos, suele hacerlo lentamente y de mala gana. Porque vacunar al mundo entero no es algo que se logre fácilmente.

Las vacunas, algunas usando adenovirus inofensivos modificados genéticamente, otras utilizando directamente el ácido ribonucleico (ARN) del coronavirus, buscan inducir a nuestras células a fabricar proteínas de este último que estimularán a nuestro sistema inmunitario para producir anticuerpos protectores.

Pero una cosa es tener vacunas seguras y eficaces, y otra lograr que estén disponibles para inmunizar a millones de personas.

Entre los retos que se están enfrentando —y para los que las industrias farmacéuticas, junto con universidades y gobiernos del mundo, se han preparado desde hace meses— están no solo producir los millones de dosis de vacunas, sino envasarlas en un sinnúmero de pequeños frascos, en condiciones de esterilidad; frascos que primero tendrán que ser fabricados. Luego, habrá que distribuirlos de manera eficiente y conservando las condiciones de refrigeración requeridas durante todo el trayecto, sin interrupción (con algunas vacunas bastan -4 oC, pero otras necesitan temperaturas de -70 oC, que solo se logran con nitrógeno líquido, lo cual dificulta notablemente el proceso).

Posteriormente, cada país debe hacer llegar las dosis de vacuna, sin perder esta “cadena de frío”, a los sitios donde se vacunará a sus ciudadanos. Y como no todas las dosis llegarán de golpe, sino paulatinamente, primero habrá que proteger al personal médico, verdaderos héroes que son los más expuestos al contagio y de cuya salud depende la de todos nosotros, así como a las personas mayores y más susceptibles de infectarse de forma grave.

Poco a poco irá llegando el momento, que puede tardar meses, en que nos toque a todos recibir la vacuna. Conforme se vaya logrando esto, se irá produciendo la famosa “inmunidad de grupo”, primero en cada país y con el tiempo a nivel global. Será entonces que la vida podrá regresar a una “nueva” normalidad.

Pero mientras tanto, al menos durante los meses que nos quedan por delante, tenemos que seguir siendo responsables y mantener, un rato más, las medidas que nos han permitido seguir sanos, y seguir protegiendo con ellas a quienes nos rodean. ¡Feliz 2021!

 

Martín Bonfil

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