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05 de marzo de 2021
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Ojo de mosca

No. 267 Paciencia

Un ingrediente esencial para hacer ciencia es la paciencia. Si no hay un dicho que lo afirme, debiera haberlo. Porque es cierto.

El laborioso trabajo de investigación científica no puede hacerse de prisa: requiere de sus propios tiempos. Se trata de un proceso detallado de exploración por prueba y error, guiado por el rigor metodológico, y que nunca puede garantizar que se hallarán soluciones al problema planteado... pero que, a cambio, cuando las encuentra puede asegurar que son confiables.

Nunca hemos tenido esto tan claro como en los meses que han pasado desde que se declaró la pandemia de COVID-19 que ha afectado a todo el planeta y ha matado ya a más de dos millones de personas.

La paciencia la necesitan los científicos, pero también las autoridades sanitarias y los gobiernos de los países, y todos los ciudadanos. Los científicos, para seguir avanzando paso a paso, acelerando lo más posible sus investigaciones, pero cuidando de no saltarse ninguna de las etapas indispensables que garantizan la calidad y confiabilidad de sus resultados. Las autoridades, gobiernos y ciudadanos —el resto de la sociedad, pues— para aguardar, mientras seguimos apoyando con todo lo necesario, a que dichas investigaciones rindan frutos.

Y los frutos ya empiezan a estar ahí: el logro innegable y sorprendente de tener ya varias vacunas eficaces que están comenzando a aplicarse en diversos países, y otras más a punto de ser aprobadas para su aplicación, luego de las minuciosas y prolongadas pruebas clínicas que las respaldan. Son frutos que maduraron notoriamente rápido: en menos de un año. Considerando que el desarrollo de una vacuna normalmente suele llevar de 10 a 15 años, y que la vacuna obtenida más rápidamente hasta ahora —la de las paperas— había tardado cuatro años, el logro es doblemente notable.

Pero el 2021 seguirá siendo un año en que requeriremos paciencia. Porque las dosis de vacuna toman tiempo para ser fabricadas a nivel masivo, además de envasadas, transportadas y distribuidas a la población de cada país. Lograr una cobertura adecuada a nivel mundial será un proceso que puede tardar meses, e incluso años.

Mientras tanto, el papel de las autoridades y los gobiernos debe ser garantizar que el proceso de distribución y aplicación de las vacunas se haga de la manera más segura, eficiente y equitativa... y seguir proporcionando todo el apoyo necesario para que la investigación científica y el desarrollo tecnológico en relación con el coronavirus sigan avanzando. El papel de los ciudadanos será seguir cuidándonos, manteniendo las ya conocidas medidas de protección: aislamiento, uso correcto de cubre bocas, distancia social, lavado de manos y uso de alcohol en gel.

¿Y el papel de los científicos? Seguir haciendo la mejor ciencia posible, para obtener conocimiento más amplio y más profundo que nos permita combatir con mayor eficacia esta pandemia.

En resumen: respiremos hondo y preparémonos a seguir teniendo paciencia y seguir cumpliendo, cada uno, con nuestro papel. Hay luz al final del túnel, pero el recorrido todavía es largo.

 

Martín Bonfil

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