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21 de agosto de 2017
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Ojo de mosca

No. 27 Experimentos

Muchas veces, cuando se considera la diferencia entre las ciencias y otro tipo de disciplinas, se dice que lo que caracteriza a la actividad científica es la realización de experimentos. Sin embargo, esta concepción trae consigo algunos problemas. En primer lugar, puede servir como justificación para excluir del ámbito de lo científico a disciplinas serias, como las ciencias sociales. Todo mundo está de acuerdo en que resulta, al menos, difícil hacer experimentos en economía, sociología, historia o arqueología... y sin embargo todas estas ciencias han demostrado, cada una en su propio ámbito y con su propio grado de confiabilidad, su valor y su importancia como fuentes válidas de conocimiento. Descalificarlas por no poder aplicar un método experimental sería darle armas a los radicales que consideran que sólo las ciencias “duras”, cuyo ejemplo clásico es la física, son dignas de tal nombre.

Otra dificultad de equiparar “científico” con “experimental” es que, aún dentro de las ciencias naturales, hay disciplinas que difícilmente podrían considerarse como tales. Un ejemplo es el estudio de la evolución biológica, proceso esencialmente histórico que resulta imposible de reproducir (se han hecho “experimentos” evolutivos en pequeña escala, pero no en el sentido usual de manipular lo que sucede en la naturaleza).

Hay otra disciplina, la astronomía, en la que incluso los mismos especialistas muchas veces consideran que no pueden hacerse experimentos. Después de todo, podemos observar los cuerpos celestes como estrellas, planetas, asteroides y cometas desde lejos (en el espacio y en el tiempo, pues en muchos casos vemos su luz luego de viajar miles o millones de años hasta nosotros), pero no podemos experimentar con ellos. Y qué decir de la cosmología, esa rama de la astronomía que se ocupa del origen mismo del Universo. Y sin embargo, existen laboratorios de astronomía, donde se diseñan aparatos para observar los cuerpos celestes, se exploran nuevas técnicas para estudiarlos, y se someten a prueba hipótesis, utilizando modelos físicos o computarizados, para ver si en pequeña escala se cumple lo que creemos que ocurre en las estrellas.

En el fondo, lo que pasa es que no hay ninguna diferencia fundamental entre una observación y un experimento: este último es simplemente una observación en la que se han mantenido bajo control ciertas variables. Lo que realmente caracteriza a una ciencia —y lo que la distingue de seudociencias como la astrología— no es la realización de experimentos, sino la formulación de hipótesis para tratar de explicar lo observado, que luego son puestas a prueba, confrontándolas con nuevos datos, para ver si coinciden con ellos o si deben ser sustituidas por hipótesis nuevas, más adecuadas. Si los datos con los que se confrontan las hipótesis son obtenidos observando un hecho natural o un experimento controlado, es realmente una cuestión secundaria.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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