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14 de diciembre de 2017
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Ojo de mosca

No. 30 Mentes, máquinas y la conquista del espacio

Últimamente se ha puesto de moda debatir asuntos como el aborto, la eutanasia, la clonación y otras temas controvertidos. El motivo es que los últimos avances en tecnología biomédica —ingeniería genética, diagnóstico prenatal, detección de enfermedades genéticas y, por supuesto, el desciframiento del genoma humano— abren nuevas e inquietantes posibilidades de manipular “la esencia de lo humano”. Sin embargo, todos estos debates no van más allá de la simple biología: genes, células, cuerpos. Y es probable que la verdadera esencia de lo humano, si es que la hay, esté más en el ámbito de lo psicológico. Habría que preguntarse qué pasará cuando la ciencia y la tecnología, en su avance arrollador, conquisten el problema de la mente humana y la conciencia. Cuando, por ejemplo, comience a entenderse no sólo cómo funciona el cerebro, sino cómo produce la mente que nos caracteriza.

Un momento clave, seguramente, será cuando se construyan las primeras máquinas que puedan ser consideradas conscientes. Los debates morales y filosóficos que esta posibilidad provocará prometen ser apasionantes, seguramente mucho más que los que actualmente se dan en torno a clonaciones y abortos. Por otro lado, el avance de la inteligencia artificial —un área en desarrollo explosivo— no necesariamente requiere del surgimiento de la “conciencia artificial”. Pero no por eso el tema es menos polémico: basta con considerar lo que podría suceder con la exploración espacial.

Cualquier distancia en el cosmos, incluso entre planetas, y mucho más entre estrellas o galaxias, es enorme. Aun si fuera posible viajar a la velocidad de la luz, el tiempo requerido para hacer un viaje espacial, así sea a un destino relativamente cercano, hace que sea muy poco práctico pensar en vuelos tripulados. Es por eso que la tendencia actual es enviar robots, y tratar de que sean lo más inteligentes posible para que puedan actuar en forma autónoma.

Puede ser que un día se desarrollen robots de exploración espacial que no sólo tengan la inteligencia para llevar a cabo su labor de la mejor manera, sino que estén dotados de la capacidad de construir copias de sí mismos empleando materiales que tengan a la mano: en otras palabras, para reproducirse, y quizá incluso para evolucionar.

Si esto llegara a suceder, tendríamos que considerar quién habría conquistado el espacio: ¿la especie humana, a través de los productos de su ingenio, o una nueva especie que sería como una hija no biológica de la nuestra, y no estaría basada en la química del carbono? La respuesta nos hará reconsiderar qué es lo que consideramos “vida”.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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