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25 de febrero de 2017
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Ojo de mosca

No. 38 Estadística y ciencia

Una parte de la ciencia que se publica actualmente —resultados científicos presentados en revistas especializadas— no tiene mucha mayor validez que el conocimiento aportado por disciplinas que gozan de nula credibilidad entre la gente sensata, como la astrología o la cartomancia (lectura de cartas).

Lo anterior no quiere decir que la ciencia no sea confiable, sino que no toda es tan confiable como sería de desear. Y no lo es porque existen investigadores que, al planear y realizar sus experimentos, y al analizar sus resultados, no utilizan correctamente una de las herramientas esenciales de prácticamente todo estudio científico: la estadística.

La ciencia consiste en gran medida en tratar de llegar a principios generales a partir de la observación de cierto número de casos particulares (procedimiento lógico conocido como inducción). Sin embargo, hay un problema: ¿cuántas veces tenemos que observar un fenómeno para dar por supuesto que sucederá siempre? Por ejemplo, si damos una medicina a un enfermo y éste mejora, ¿quiere decir que podemos anunciar con toda confianza que tenemos una nueva cura para esa enfermedad?

Desde luego que no: hay que repetir la experiencia un cierto número de veces, en condiciones controladas (por ejemplo, evitando que los sujetos consuman otros medicamentos; eso complicaría el experimento porque no sabríamos a cuál de los dos fármacos atribuir los efectos, si los hay). Incluso, conviene contar con otro grupo de enfermos a los que no se les dará ningún medicamento. Este grupo sirve como control, y al compararlo con el grupo que sí recibió la medicina se puede determinar con mayor precisión su efecto.

Posteriormente, los resultados de un estudio como éste deben ser sometidos a un análisis estadístico, que permitirá a los científicos saber si el medicamento tiene algún efecto, e inversamente, saber qué tanto se puede suponer que dicho efecto es efectivamente causado por el medicamento y no por otros factores como las diferencias entre individuos, la curación espontánea o la simple casualidad.

En otras palabras, la estadística nos permite distinguir la simple correlación entre dos fenómenos (la ingestión del medicamento y la mejora en la salud de los pacientes, en nuestro ejemplo) de la causalidad (el hecho de que la mejoría de los pacientes haya sido causada por la ingestión del medicamento).

Y aún así, después de todo esto, lo más que la ciencia permite es afirmar que hay cierta probabilidad de que haya una relación de causa-efecto entre dos eventos. Puede sonar poca cosa, pero si se hace correctamente —y si el análisis estadístico es riguroso— se obtienen resultados confiables. No verdades, pues éstas están fuera del campo de lo científico.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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