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17 de diciembre de 2017
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Ojo de mosca

No. 43 Teleadicción

Hoy que la tecnología avanza que es una barbaridad —a veces parece marchar más rápido de lo que podemos asimilarla—, muchos se preocupan pensando en cómo se puede ver alterado nuestro estilo de vida. La imagen clásica es la de las máquinas que deshumanizan y tiranizan al individuo. Se trata de exageraciones propias de la ciencia ficción, claro. Pero si aún está lejos el día en que los seres humanos sean “esclavizados” por las máquinas, sí parecen estar apareciendo las llamadas adicciones tecnológicas.

Tradicionalmente se define a las adicciones como dependencias físicas a ciertas sustancias: los ejemplos típicos son las adicciones a drogas como alcohol, nicotina, marihuana o cocaína. Sin embargo, últimamente se tiende a considerar que varias actividades —en particular aquellas que proporcionan sensaciones placenteras— pueden también ser adictivas, si cumplen requisitos como consumir mucho tiempo, hacerlas más frecuentemente de lo que uno quisiera, haber tratado de evitarlas varias veces sin éxito, o sacrificar otras actividades sociales importantes con tal de realizarlas. De esa manera, se habla de adicción al sexo, por ejemplo, o a los juegos de azar.

En un artículo aparecido en el número de febrero pasado de la revista Scientific American, un psicólogo y un especialista en medios de comunicación analizan la adicción a la TV. Entre otros datos interesantes, comentan que nuestra sociedad depende ya de la llamada “caja idiota” en un grado que muchas veces pasa desapercibido. En un estudio, por ejemplo, se pidió a varias familias que prescindieran voluntariamente de la TV durante una o varias semanas. En muchos casos, las familias no lograron cumplir con el periodo de abstinencia y en otras se presentaron peleas o ansiedad. ¿Suena conocido?

Entre los factores que explican la adicción a la TV están la sensación casi inmediata de relajación que experimenta el televidente y la capacidad que tiene la pantalla de llamar constantemente nuestra atención en forma poderosa, debido a los frecuentes y bruscos cambios en la imagen. Esto último se debe a una curiosa propiedad del sistema nervioso de los animales, que les hace prestar atención siempre que se produce un cambio súbito en su ambiente (la llamada “respuesta de orientación”).

Con todo el potencial educativo, cultural y de entretenimiento que tiene ese invento maravilloso que permite trasmitir imágenes en movimiento a través del aire, es una lástima que se convierta en una dependencia que puede resultar nociva. Quizá convendría pensar un poco en por qué queremos ver la TV antes de encenderla la próxima vez: es posible que haya mejores cosas que hacer en nuestro día.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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