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24 de mayo de 2017
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¿Cómo ves?
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Ojo de mosca

No. 45 Otros mundos...

Hace unas semanas los periódicos del mundo reportaron el descubrimiento de un planeta parecido a Júpiter, girando alrededor de una distante estrella llamada 55 Cancri, en la constelación del cangrejo (véase la sección “Ráfagas”, en este mismo número de ¿Cómo ves?).

A primera vista el hecho podría no parecer tan interesante, pues en los últimos años se han descubierto una gran cantidad de planetas que orbitan estrellas distantes (la cuenta va en más de 90 y aumentando). Cuando se descubrieron los primeros, la noticia fue sensacional, pues antes no se tenían pruebas de la existencia real de planetas fuera del Sistema Solar.

Lo interesante es que el nuevo planeta de 55 Cancri es, hasta ahora, lo más parecido a los planetas de nuestro Sistema Solar. Esto sugiere, indican los expertos, que es probable que pronto hallemos más sistemas solares que sean todavía más semejantes al nuestro.

De modo que el panorama actual es que existen numerosos planetas alrededor de estrellas lejanas, y al menos uno es parecido a Júpiter. ¿Pero, por qué se investiga realmente este tipo de cosas?

Desde luego, estos simples hechos nos hacen conocer mejor nuestro Universo, y eso siempre es bueno. Pero hay algo más: detrás de los estudios sobre planetas lejanos se encuentra la secreta esperanza de hallar un planeta realmente similar a la Tierra. Y más aún: lo que realmente nos gustaría encontrar sería un planeta que albergara vida; de ser posible, vida inteligente. ¿Qué tan descabellada es esta esperanza?

Desde el punto de vista bioquímico, el surgimiento de vida no es un hecho tan improbable como pudiera pensarse. Los elementos básicos de la vida (carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, azufre, fósforo) son bastante comunes en el Universo. Estos elementos, en condiciones adecuadas, reaccionan fácilmente para dar origen a los bloques básicos que forman las moléculas de la vida, como los aminoácidos, cuyas huellas se han detectado en cometas y en el espacio interestelar. Es probable que, en un planeta cuyas características sean similares al nuestro, pudieran producirse proteínas, ácidos nucleicos y moléculas similares a las que forman la membrana celular, haciendo que la vida surgiera en forma relativamente fácil. De hecho, el lapso transcurrido entre el enfriamiento de la Tierra y el surgimiento de la vida es muy corto (evolutivamente hablando), lo cual sugiere que la vida aparece rápidamente cuando existen las condiciones adecuadas.

De modo que la idea de que pueda haber vida en otros mundos es cada vez más razonable. Muy distinto es hablar, eso sí, del surgimiento de la vida inteligente. Aún así, habrá que esperar algunos años y ver si, en lugar de platillos voladores, logramos encontrar extraterrestres viviendo en sus propios planetas.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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