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26 de junio de 2017
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Ojo de mosca

No. 47 El significado en la ciencia

Un estudio reciente sugiere que las personas que creen en fenómenos sobrenaturales presentan niveles más elevados de dopamina (una sustancia cerebral) que los escépticos. Si estos resultados se comprueban, estaríamos frente a un dato científico. Bien, pero, ¿qué significado tiene? Una cosa son los hechos que nos revela la ciencia y otra el significado que les asignemos.

¿Qué significaría encontrar, por ejemplo, un gen relacionado directamente con la homosexualidad, la inteligencia, o la creatividad? A lo largo de los años, algunos investigadores han estudiado las bases genéticas del comportamiento. Se han encontrado genes relacionados con la inteligencia, la homosexualidad, la aptitud musical, la violencia y la esquizofrenia. Si tales genes realmente existen y si su influencia es determinante por encima de los factores ambientales, ¿significa esto que podemos o debemos intervenir para controlar esas características? ¿Deberíamos eliminar los rasgos que nos parecen indeseables y fomentar los que apreciamos? ¿Justifica la existencia de estos supuestos genes el considerar a la esquizofrenia o la homosexualidad como “enfermedades”?

Evidentemente, no es ese el nivel adecuado para discutir estas cuestiones. Volviendo al caso mencionado al principio, la (supuesta) credulidad debida a la dopamina, ¿querría decir que cuando uno cree o no en algo —en la ciencia, en dios, en la astrología— no es realmente por razones personales, sino como simple efecto de una sustancia química en el cerebro?

Nos enfrentamos aquí al temido pensamiento “reduccionista”. Pero no a cualquier reduccionismo, sino a la variedad que el filósofo Daniel Dennett denomina “reduccionismo ambicioso”. La ciencia avanza reduciendo los problemas a sus partes fundamentales, estudiándolas y deduciendo de ellas cómo funcionan los sistemas completos. Éste es el “reduccionismo sensato”, útil herramienta de pensamiento.

Según el reduccionismo sensato, descubrir las bases químicas o fisiológicas de un proceso mental no quiere decir que tal proceso no sea realmente algo mental, sino químico o, peor aún, que no exista la mente.

El significado que asignamos a un hecho científico —sobre todo a los que tienen que ver con la naturaleza humana— no es una cuestión científica: es un problema humano. Que nuestra mente sea producto del cerebro no significa que no existamos como seres conscientes. Quiere decir, en todo caso, que si lo somos es gracias a ese cerebro, cuyo funcionamiento estamos estudiando. Vistas así, las explicaciones científicas no sólo no deshumanizan, sino que son parte de una visión humanista.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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