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25 de junio de 2017
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Ojo de mosca

No. 52 La “realidad” de la clonación humana

A finales del año pasado, un nuevo suceso relacionado con la clonación ocupó los titulares de los diarios: la secta raeliana anunció el nacimiento del primer bebé humano creado por clonación.

El anuncio tomó al mundo por sorpresa, aun cuando hacía varios meses el controvertido médico italiano Severino Antinori había avisado que estaba dispuesto a clonar un humano, en contra de la casi unánime oposición de la comunidad científica mundial. Quizá lo más inesperado fue que el anuncio proviniera de los raelianos, una organización religiosa que afirma que los humanos fuimos creados —por medio de clonación, por supuesto— por seres provenientes de otros mundos: los “Elohim”.

Pero, a pesar del tiempo transcurrido, la veracidad de la afirmación raeliana sigue poniéndose en duda. En pocas palabras, ningún científico parece convencido de que el supuesto bebé clonado proceda efectivamente de este método de reproducción asexual. ¿Qué causa este escepticismo? Dos cosas: lo poco probable de que una secta religiosa de ideas exóticas tenga la capacidad técnica para llevar a cabo un procedimiento experimental tan delicado, y la falta de evidencia convincente de que efectivamente esto haya sucedido.

Los científicos siempre buscan tener pruebas de las afirmaciones acerca del mundo antes de aceptarlas como válidas. En el caso del supuesto bebé clonado, no bastaría con presentar un bebé y decir que es un clon: se requieren análisis genéticos hechos a partir de muestras de ADN —tomadas, por ejemplo, de la sangre— tanto del bebé como del adulto a partir del cual fue clonado.

Al parecer la empresa Clonaid, asociada a la iglesia raeliana, y que se encargó de llevar a cabo la clonación, prometió presentar dichos análisis, pero no cumplió con su promesa. Ante esto, un asesor científico independiente, que se había ofrecido a supervisar el procedimiento de análisis, prefirió retirarse para no dañar su prestigio.

El resultado de esta situación no podría ser más extraño: actualmente, aunque la secta raeliana presentase pruebas contundentes de que efectivamente clonó un ser humano, ya nadie le creerá. Las pruebas genéticas pueden falsificarse; el testimonio de los técnicos y las afirmaciones de los dirigentes y simpatizantes pueden estar prejuiciados. Paradójicamente, lo que parecía ser un asunto puramente científico —producir al primer humano clonado— se volvió primero una cuestión ética para, finalmente, convertirse en un ejemplo de lo que los sociólogos llaman “la construcción social de la realidad”. Hoy no es la ciencia la que contesta la pregunta de si es real la clonación de un ser humano: es la opinión pública.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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