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23 de abril de 2017
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Ojo de mosca

No. 55 El significado en ciencia

Para nada —diría un descreído—; nadie está escuchando”. “Para que dios nos oiga y nos ayude con nuestros problemas”, repondría un creyente.

Ambas respuestas son incompatibles, pues parten de visiones distintas del mundo. La visión religiosa parte de la fe en la existencia de una entidad superior. La del no creyente, de la ausencia de tal fe.

La visión científica del mundo, a falta de fe en entidades sobrenaturales, se conforma con explicar el mundo a partir de lo natural, y se abstiene de proponer hipótesis que vayan más allá de lo que puede verse, tocarse, medirse, comprobarse. (La fe, en cambio, por definición no necesita de pruebas, o deja de ser fe).

No obstante, de vez en cuando un grupo de personas somete a prueba el poder de la fe. Se investigan, por ejemplo, los efectos de la oración para sanar enfermos. Normalmente los estudios toman la siguiente forma: se disponen dos grupos similares de pacientes, y se organiza a un conjunto de creyentes que rezan por los pacientes del grupo A; nadie reza por el grupo B. Luego se estudia estadísticamente la salud de ambos grupos y se ve si la del grupo A mejoró más que la del B.

Los resultados suelen ser confusos, pero todo parece indicar que no hay ningún efecto real de las oraciones sobre la salud de los pacientes. Y, sin embargo, otro tipo de estudios parecen mostrar que rezar sí puede tener un efecto benéfico en la salud de un enfermo, sólo que por razones que no tienen nada de sobrenatural.

Al parecer, las personas que tienen una fe profunda y que rezan, o por quienes rezan familiares y amigos, son ligeramente más saludables que el resto. ¿Cómo explicar esto? La respuesta proviene de una disciplina surgida muy recientemente: la psiconeuroinmunología. Su campo de estudio, como lo indica su complicado nombre, son las relaciones entre el sistema inmunitario, el nervioso y la mente. Mediante estudios cuidadosos ha comenzado a mostrar que los estados mentales (el estrés, la depresión, o la ausencia de ellos, por ejemplo) ejercen, a través del sistema nervioso, una influencia sobre la inmunidad.

Esto permite esbozar una explicación de por qué las personas deprimidas sufren más infecciones y enfermedades degenerativas, mientras que las que cuentan con una amplia red de apoyo social —por ejemplo, quienes pertenecen a una comunidad religiosa— son más sanos.

Quizá, después de todo, rezar sí sirve de algo. Como diría un creyente, los caminos del señor son misteriosos.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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