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18 de diciembre de 2017
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Ojo de mosca

No. 63 Fenómenos emergentes: obtener más de lo mismo

El mes pasado en esta columna se afirmó que “cualquier cosa que esté formada por materia sólida, líquida o gaseosa es necesariamente química. El aire, el agua, la tierra, los seres vivos, los cerebros gracias a los que pensamos y tenemos un sentido del yo... todo es química y nada más que química”.

Desde luego, un físico o un biólogo objetarían de inmediato, y tendrían razón. El biólogo porque los seres vivos, en toda su complejidad y maravillosa adaptación al medio, no son explicables tan sólo con las leyes de la química. Presentan fenómenos como la evolución, la reproducción y la vida misma, que no pueden explicarse —y ni siquiera tienen sentido— si se habla sólo de átomos o moléculas; no hay átomos o moléculas “vivos”. Y sin embargo, no hay nada en la biología, en la vida o en la evolución, que viole las reglas de la química: para explicar a un ser vivo no hacen falta nuevas leyes que vayan más allá de la química.

La vida es “sólo” química en el sentido de que no se necesita ningún ingrediente, aparte de sus componentes químicos, organizados en cierta forma, para que exista. Pero no “sólo” es química si pensamos que se trata de un fenómeno tan complejo que no puede ser descrito ni explicado únicamente a nivel químico.

Un físico, a su vez, objetaría porque para explicar la química basta con las leyes conocidas de la física, así que la frase podría haber sido “todo es física y nada más que física”. Pero la química también presenta fenómenos que van más allá de la física; que no pueden predecirse ni entenderse tan sólo a partir de una descripción física de las moléculas. La química trasciende a la física, pero se basa en ella, al igual que la biología trasciende a la química sin por ello violarla.

Los fenómenos nuevos que se presentan cuando un sistema adquiere cierto nivel de complejidad, y que originan nuevos niveles de organización, se conocen como fenómenos emergentes.

No hay manera de predecir, tomando en cuenta las leyes de la física o de la química, que un conjunto organizado de moléculas presentará la serie de funciones que conocemos como “vida”. Se trata de un fenómeno que surge de la organización del sistema, pero que resulta sorpresivo; impredecible. Hay ejemplos sencillos de fenómenos emergentes, como ciertos embotellamientos de tránsito. Otros son maravillosos, como la mente humana, que emerge del funcionamiento conjunto de millones de células nerviosas, cada una carente de conciencia.

Es gracias a los fenómenos emergentes que hay vida y hay inteligencia. El total, en estos casos, es ciertamente mucho más que la suma de sus partes.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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