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25 de junio de 2017
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Ojo de mosca

No. 68 ¿Platillos voladores?

Los científicos tienen fama de aguafiestas. Y bien ganada, porque muchas veces nos han dicho, y demostrado, que las cosas no siempre son como nos gustaría que fueran. La Tierra no es el centro del Universo, el hombre no es el rey de la creación, y no hay razones para creer que pueda haber vida después de la muerte.

Por eso, no es raro que cuando sucede algo extraño en el cielo (luces inesperadas, objetos voladores no identificados...) los primeros que llamen a la mesura antes de echar las campanas al vuelo y anunciar que ¡por fin! contamos con pruebas sólidas de que una civilización extraterrestre nos visita, sean precisamente los científicos: expertos en fenómenos atmosféricos (meteorólogos, climatólogos), en otros planetas y sistemas solares (astrónomos, planetólogos) y en la posibilidad de vida en otros planetas (los llamados astrobiólogos o exobiólogos).

Pero no lo hacen porque quieran arruinar la fiesta. Ni siquiera porque no crean en la posibilidad de vida –incluso vida inteligente– en otros planetas. De hecho, la idea de que existan extraterrestres no es para nada descabellada desde un punto de vista científico. Los conocimientos actuales de astronomía, biología y química nos hacen suponer que, ahí donde se den las condiciones adecuadas, es altamente probable que surja la vida.

Hoy sabemos que existen planetas girando alrededor de otras estrellas. La existencia de planetas habitables es muy probable. Es plausible que algunos de ellos estén habitados, y algunos de estos seres podrían haber evolucionado hasta desarrollar una civilización y una tecnología. Por ello, la existencia de civilizaciones extraterrestres es, al menos, posible.

¿Por qué entonces se esfuerzan tanto los científicos en desmentir a quienes, una y otra vez, y ante cada aparición de algún fenómeno no explicado en la atmósfera, afirman que estamos ante pruebas contundentes de una visita extraterrestre?

Las razones son muchas: en primer lugar, porque abundan los charlatanes, y las supuestas “pruebas” nunca han resistido el análisis... ante una afirmación tan extrema como que hemos descubierto una civilización de otro mundo, las pruebas tienen que ser irrefutables y convincentes. Pero también porque sabemos que una visita extraterrestre sería un acontecimiento muy poco probable, debido a las enormes distancias que nos separan incluso de las estrellas más cercanas, y por tanto los enormes tiempos y cantidades de energía que serían necesarias para hacer el viaje. Por ello, lo más probable es que las primeras pruebas de la existencia de nuestros vecinos galácticos nos lleguen por otras vías, como las ondas de radio.

En conclusión: no es que los científicos no quieran creer en extraterrestres. Es que, ante una posibilidad tan fascinante, quieren estar seguros de no engañarse.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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