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28 de abril de 2017
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Ojo de mosca

No. 75 No (todo) está en los genes

Gran parte de lo que somos los seres vivos está determinado por nuestros genes, como se comentó en este espacio el mes pasado. Y sin embargo, hay que matizar. Como todo en esta vida, la respuesta a la pregunta de qué determina nuestra naturaleza no es de un tono absolutamente negro o blanco, sino que cae en alguno de los infinitos matices del gris.

Es indudable la influencia de los genes y la información que contienen para determinar cómo será un ser vivo, cómo se desarrollará y cómo responderá a los retos de su entorno. Pero es igualmente importante la contribución que tiene el entorno en el que ese ser vivo se desarrolla.

Efectivamente: así como los genes determinan a qué especie pertenece un organismo, si padecerá o no alguna enfermedad congénita y si será capaz de soportar, por ejemplo, condiciones de sequía extrema o altas temperaturas, también el medio en que vive y las condiciones que éste impone dejarán su marca en el organismo.

Para entender esto es útil el concepto de norma de reacción: la gama de posibilidades de desarrollo que puede presentar un organismo dependiendo de las condiciones ambientales en que se encuentre (o, en una definición más técnica, “el patrón de fenotipos producidos por un genotipo dado bajo diversas condiciones ambientales”, donde “genotipo” son los genes, y “fenotipo” son las características visibles del organismo).

Así, bajo diversas circunstancias, un mismo organismo (o bien, una serie de organismos genéticamente idénticos, o clones) presentará distintos patrones de desarrollo. Una planta de chile, por ejemplo, se desarrollará hasta adquirir cierto tamaño si cuenta con suficiente agua, menos si el agua escasea, y quizá la semilla ni siquiera germine si la cantidad de agua es ínfima. O bien, puede crecer más abundantemente en temperaturas más elevadas y menos en climas fríos.

Los biólogos representan la norma de reacción como una curva que muestra el desarrollo del organismo (fenotipo) respecto a las distintas condiciones ambientales. Para algunas características, la curva es bastante plana, lo cual indica que hay poca influencia del ambiente y mucha de los genes. En otros casos, la curva tiene forma de campana, indicando que hay condiciones ambientales óptimas y otras pésimas para la expresión del gen en cuestión.

Y desde luego, el ambiente también impone límites absolutos al potencial de los genes. Existen condiciones en las que ningún organismo podrá desarrollarse.

En resumen, puede plantearse la siguiente ecuación: genes + ambiente = fenotipo (organismo). Dicho en otras palabras, si los genes son los planos precisos para construir el organismo, es el ambiente quien impone las condiciones concretas para su realización.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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