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26 de junio de 2017
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Ojo de mosca

No. 8 Guerras científicas

Uno de los chismes científicos más debatidos últimamente es el de la “guerra” entre las ciencias “duras” o naturales, y los representantes de disciplinas “blandas” como la sociología, la historia y la filosofía. Esta guerra es añeja, pero se recrudeció con la participación del físico Alan Sokal, de la Universidad de Nueva York, quien está convencido de que la filosofía y sociología “posmodernas” no son disciplinas serias y están llenas de palabrería hueca. Para probarlo, redactó un artículo vacío de contenido, pero lleno de palabras de moda y frases apantalladoras, y lo envió a una conocida revista llamada Social Text. Cuando los editores, tras dudarlo un rato, publicaron el artículo, Sokal anunció al mundo que había comprobado la falta de rigor y seriedad no sólo de la revista, sino de los sociólogos y de la sociología posmodernos.

Las protestas desde el campo de las ciencias sociales no se hicieron esperar, al igual que las demostraciones de apoyo desde el lado de las ciencias naturales. Steven Weinberg, físico que obtuvo el Premio Nobel, que considera que las ciencias naturales son más objetivas y, por tanto, superiores a las disciplinas “sociales”, festejó públicamente la irrespetuosa acción de Sokal. En el fondo, Sokal y Weinberg parecen pensar que cualquier cuestionamiento de la ciencia constituye un ataque. Lo malo es que esta manera de pensar cierra el camino a la discusión y al pensamiento crítico… que son la base de la forma científica de pensar. En realidad, hasta antes del “incidente Sokal”, ambos bandos estaban tratando de actuar en favor de la ciencia. Las críticas que sociólogos, historiadores y filósofos de la ciencia han hecho a sus métodos y los cuestionamientos a su “objetividad” son honestas y no pretenden negar el valor, la utilidad ni la importancia de las ciencias naturales. Trataban más bien de comprenderla: saber cómo funciona la ciencia, por qué funciona, qué tanto es influida por fuerzas sociales y cómo puede evitarse que se desvíe o sea mal usada.

Desgraciadamente, la actual discusión se ha transformado en una verdadera confrontación en la que no hay diálogo y las posiciones se hacen cada vez más radicales. Esto es lo peor que podía pasar, pues se pierde la oportunidad de enriquecer a cada bando con las ideas y argumentos del otro. En mi opinión, los verdaderos enemigos de la ciencia son aquellos que, al negarse a estos cuestionamientos y desatar una guerra entre ciencias y humanidades, ahondan el abismo que separa a “las dos culturas”.

Comentarios: mbonfil@unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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