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22 de octubre de 2017
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Ojo de mosca

No. 81 La ciencia como ficción

Ciencia y ficción parecen opuestas. Según la imagen popular, la investigación científica consiste en observar objetivamente la realidad para arrancarle sus secretos: las famosas “leyes de la naturaleza”. La ficción, en cambio, consiste en crear libremente realidades imaginarias.

Y sin embargo, existen paralelos profundos entre ambas actividades. Ninguna creación literaria, por ejemplo, puede ser totalmente libre. Para crear un relato existen de entrada restricciones ineludibles, como las del lenguaje mismo (gramática, sintaxis, significado de las palabras, por más que se pueda jugar a tratar de burlarlas) o las de la lógica. Un relato impenetrable o sin coherencia lógica simplemente no tendrá ningún sentido para el lector.

Por otra parte, ningún autor puede evitar ser influido por la cultura en que vive, y es inevitable que su creación refleje ciertos temas, creencias, valores y convenciones propias de tal cultura.

Las restricciones aumentan en el caso de la ciencia ficción, uno de los géneros literarios más estrechamente ligados a la ciencia. Para escribir un buen relato, tienen que respetarse los límites del conocimiento científico: el argumento tiene que plantearse y resolverse de manera que no viole lo que se sabe respecto al funcionamiento de la naturaleza. Por ello, escribir buena ciencia ficción es todo un reto.

¿Y la ciencia? Compárese lo anterior con lo que afirma el premio Nobel de física Richard Feynman (citado por Carlos López Beltrán en su recomendable libro La ciencia como cultura, Paidós, 2005), cuando explica lo difícil que es para los científicos concebir una nueva teoría o explicación:

“No podemos permitirnos imaginar cosas que estén en clara contradicción con las leyes de la naturaleza. Por lo tanto, imaginar es difícil. Uno tiene que pensar en algo que no se haya visto ni escuchado jamás, y al mismo tiempo los pensamientos están como ceñidos, limitados por las condiciones de nuestro conocimiento de la naturaleza. El problema de crear algo nuevo y consistente con lo anterior es de dificultad extrema.”

Y es que ambas, ciencia y ficción, son actividades esencialmente creativas. Tanto el científico como el escritor tienen, antes que nada, que imaginar; uno, el argumento de su relato; otro, una posible explicación de lo que observa.

En realidad, el científico, más que descubrir la realidad, se dedica a imaginarla: crea modelos y luego los somete a prueba para ver qué tan buenos resultan para explicar la naturaleza. En ese sentido, la ciencia es también una forma muy especial y rigurosa de ficción. Podríamos decir que la ciencia es literatura, sólo que literatura sometida a prueba.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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