UNAM
16 de enero de 2018
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¿Quién es?
Blanca Jiménez Cisneros
Foto: Ernesto Navarrete

No. 127 Blanca Jiménez Cisneros

El deseo de conocer

Lo que impulsó a la doctora Blanca Jiménez Cisneros, del Instituto de Ingeniería de la UNAM, a cursar una carrera científica fue “el deseo de conocer, de entender por qué se hacen las cosas y se toman decisiones”. Esta búsqueda de respuestas, señala, puede llevarnos a cuestionar muchas cosas. Así se van rompiendo paradigmas. “Te das cuenta de que el profesor no lo sabe todo y decides estudiar por cuenta propia. También te percatas de que los libros tampoco lo resuelven todo ni reflejan necesariamente la realidad. Al ir más lejos observas que la forma de estructurar la ciencia no es como está estructurado el mundo: el mundo es integral, no está segmentado”. Agrega que esta comprensión ha llevado a que se promueva entre los investigadores el trabajo interdisciplinario y a cubrir un conocimiento más amplio.

Al salir de la preparatoria Blanca se preguntaba qué estudiar. “Estaba segura de que sería ingeniera pero todavía no sabía con qué apellido”, bromea. Por aquellos años, la década de los 70, comenzaba a formarse la Universidad Autónoma Metropolitana con muchas carreras novedosas. Una de ellas era ingeniería ambiental, creada a raíz de la Primera Reunión Mundial sobre Medio Ambiente celebrada en Estocolmo, Suecia, en 1972. Le atrajo la ingeniería ambiental porque era de las pocas carreras de ingeniería que incluían biología. Casi inmediatamente después de recibirse ingresó al Instituto de Ingeniería (II) de la UNAM, donde ha permanecido desde entonces.

La doctora Jiménez realizó su maestría, doctorado y un posdoctorado en Francia, donde se especializó en tratamiento y acondicionamiento de agua. “Nunca ponderé la cuestión de los viajes como un criterio para elegir mi carrera, pero ha sido una consecuencia maravillosa”. Le permitió también darse cuenta de la falta de reconocimiento a los países en desarrollo. “La tecnología, las soluciones, la forma como se maneja el agua y se hacen las leyes, todo se orienta a los países desarrollados. Y tal parece que los países en vías de desarrollo, que somos más del 80% de la población mundial, simplemente no existimos”. Explica que todo esto hace reflexionar sobre el papel de la ciencia, que deberíamos tener en ella una actuación cada vez más preponderante para adueñarnos de nuestro propio país. “La ciencia debe tener atrás una importante reflexión social, pues creo que un científico sin conciencia de su país sólo puede hacer aportaciones limitadas”.

Trabajar en el II le entusiasma porque compagina proyectos prácticos con la posibilidad de hacer ciencia. Nos cuenta, por ejemplo, que sin salirse de su campo a veces se concentra en el agua potable o en el agua residual y otras veces en cuestiones relacionadas con el aire porque afecta la calidad del agua o bien en los suelos y su nexo con el agua. Basta ver su semblante para constatar el gusto que siente por lo que hace. “Soy totalmente aguada” expresa con humor.

Eligió el tema del agua pues lo considera uno de los más completos como materia de estudio. Además de conocer aspectos técnicos, sociales y económicos, a través del agua se pueden saber muchas cosas de un país. Tanta es su pasión por este tema que ella misma bromea, “me dedico a crear premios por todo el mundo”. Uno de ellos, el Premio Juvenil del Agua, tiene como objetivo promover en los jóvenes menores de 20 años la creatividad basada en el método científico. Nos explica que Suecia organiza el Premio Mundial del Agua, pero cada país realiza su propio concurso a nivel nacional para enviar a su representante ganador a Estocolmo. En México el concurso se hace a través de la Academia Mexicana de Ciencias donde la doctora Jiménez es Coordinadora de la Red del Agua. Con casi 10 años de existencia en México, este concurso ya nos dio un ganador mundial hace dos años con el tema “Remoción de metales pesados del agua con cáscara de huevo”, una solución verdaderamente ingeniosa. “Y son chicos de preparatoria”, señala con orgullo Blanca. Lo esencial, añade, es que los jóvenes elijan una actividad que les agrade. “En la medida en que uno esté contento hará mejor su trabajo y todos saldremos ganando”.

Personalmente

Mi mayor tesoro: Mis hijas, Andrea y Diana.

El mejor consejo recibido: Que todo lo que hagas en la vida sea para tener más amigos.

Verónica Guerrero Mothelet

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