UNAM
24 de abril de 2018
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¿Quién es?
Antonio Sarmiento Galán
Foto: Adrián Bodek

No. 14 Antonio Sarmiento Galán

Las matemáticas del Universo

“Los chinos y los mexicanos, quienes disfrutan de los juegos pirotécnicos, pueden comprender, al observarlos, cómo ocurre la expansión del Universo. Al explotar por los aires se ven chispas coloridas que son partículas alejándose unas de otras, al igual que ocurre con los objetos galácticos”. El doctor Antonio Sarmiento Galán recurre a esa analogía para explicar que un logro del hombre en el siglo XX fue detectar el impresionante fenómeno de la expansión del Universo. “En los años veinte se derribó el mito de que el Universo estaba formado nada más por la Vía Láctea, pero un día surgió un factor insospechado: las nebulosas que se creía eran unas estrellitas difusas, en realidad eran grandes galaxias. La cosmología observacional descubrió que entre más lejos estuvieran de la Tierra mayor era la velocidad con la que se alejaban. Esa fue la primera evidencia de la expansión del Universo. Además, hoy se pueden hacer observaciones complejas y recabar cantidades enormes de datos en una sola noche y posteriormente interpretarlas gracias a las computadoras y a los modelos teóricos elaborados por las matemáticas y la física“. No obstante, advierte Antonio, la gran ilusión teórica sigue ahí: “Entender como funciona el Universo es un proceso que puede llevar siglos”.

Antonio Sarmiento Galán es investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM desde 1976. Hombre de aguda crítica, defensor del medio ambiente y de los derechos humanos, pertenece a una generación que asume un compromiso explícito con la sociedad.

Nacido en San Luis Potosí, fue el último hijo del matrimonio Sarmiento-Galán, precedido por dos hermanas mayores. Su padre era banquero y su madre una mujer que recibió una esmerada educación. “De mis padres —recuerda— aprendí valores humanos firmes. En mis vacaciones, mi papá me llevaba al banco, y un día llegó una señora a entregarle los ahorros de su vida, para que a su muerte él se hiciera cargo de los funerales, porque confiaba plenamente en su honradez. Mi madre, por su parte, al recibir su herencia —una parte de la hacienda de sus padres— la rechazó debido a que ella pensaba que no se la había ganado con su propio esfuerzo. Luchó legalmente para que dicha herencia fuera otorgada a los labriegos que habían prestado sus servicios en la hacienda”.

Antonio siempre tuvo facilidad para las matemáticas y en el bachillerato se dio cuenta de que éstas son mucho más que el lenguaje de las ciencias, ya que manejadas de manera integral pueden generar más conocimiento. Esta idea lo condujo a estudiar, entre 1973 y 1978, paralelamente las licenciaturas de física y matemáticas en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Durante este periodo se interesó por la teoría de campos y la física estadística. Más tarde, al hacer el doctorado en el Departamento de Matemáticas Aplicadas en el Queen Mary College de la Universidad de Londres, se especializó en las teorías de la gravitación.

Al preguntarle sobre su concepto del quehacer científico, contesta sin titubear: “La ciencia es un trabajo colectivo; como decía Newton: él había llegado tan lejos porque caminaba sobre hombros de gigantes”. En esta línea, Antonio ha hecho importantes aportaciones teóricas al lado de notables astrónomos como Gian Franco Bisiacchi, Claudio Firmani, Manuel Peimbert, Germinal Cocho y Shahen Hacyan en temas como la evolución química del Universo, la gran explosión, la gravitación (teoría general de la relatividad) y el vacío en sistemas no inerciales.

Hoy su obra es prolífica; ha publicado más de 30 trabajos en revistas científicas internacionales y 20 libros, además de numerosos textos de divulgación. También ha participado en conferencias, videos y programas de radio para todo tipo de público con temas de física y astronomía. Uno de sus más altos compromisos es la formación de jóvenes investigadores. Su labor docente de 25 años va desde los cursos de astrofísica, relatividad, física teórica y gravitación, que ha impartido en la Facultad de Ciencias de la UNAM, hasta las cátedras en la Universidad de Londres.

Si bien se hizo acreedor a la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en 1991, rechaza la idea de que la labor científica sea evaluada con premios. Al respecto, reflexiona: “Por fortuna hay muchos investigadores para quienes lo valioso es tener amor por la camiseta de la ciencia, o pasar horas en el laboratorio haciendo un experimento. Ellos se olvidan por completo de premios o publicidad en la radio o la televisión”.

Personalmente

• Pasión. Mi esposa Luci, mis hijos Gerónimo y Valentina, y la ciencia.

Aficiones. Mi afición principal es buscar tiempo libre y nunca lo encuentro. No practico deportes porque estoy operado de los meniscos. Pero dentro de lo que cabe, juego fútbol con mi hijo ya que esa es su pasión.

Gustos artísticos. En pintura me gusta de todo, en especial los impresionistas como Van Gogh o Monet, o los clásicos, en especial las pinturas inglesas. Me disgusta mucho encontrarme con exposiciones como algunas del Museo de Arte Moderno de Nueva York, que muestran latas de CocaCola como arte.

Literatura. Disfruto mucho los libros de Carlos Fuentes, José Donoso, Rafael Alberti, Federico García Lorca y Juan Rulfo. Últimamente he leído a Saramago, específicamente, El Evangelio según Jesucristo; a Alejo Carpentier y a Pablo Neruda.

 

Concepción Salcedo Meza

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