UNAM
18 de octubre de 2018
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¿Quién es?
Alejandro Farah Simón
Foto: Ernesto Navarrete

No. 147 Alejandro Farah Simón

Telescopios, juguetes y alegría

Todo empezó cuando Alejandro Farah tenía 12 años y vio en la calle a un señor con un telescopio. El niño pidió mirar y se enteró de que el señor cobraba. Alejandro se indignó y se propuso hacer su propio telescopio, propósito que cumplió seis años después. “La primera vez que lo usé viajé con mi primo a Tonanzintla, Puebla (antigua sede del Observatorio Astronómico Nacional), e intenté ver Júpiter. El cometa Shoemaker-Levy 9 iba a chocar con ese planeta. Llevábamos como 20 minutos tratando de encontrarlo, cuando de repente pasó un señor mayor (Enrique Chavira, uno de los fundadores del observatorio), quien en dos rápidos movimientos enfocó Júpiter y sus lunas. En ese momento cambió nuestra percepción de nosotros mismos y del Universo”.

Hoy Alejandro Farah tiene 35 años y forma parte del equipo multinacional que construyó en España el Gran Telescopio Canarias, el más grande del mundo en su clase. Este telescopio le debe a Farah la posibilidad de sostener y mover con absoluta precisión su ojo que, junto con todo lo demás, pesa 130 toneladas. Alejandro Farah diseñó y construyó el barril optomecánico, que es como la parte telescopios, juguetes y alegría que permite ajustar y dar movimiento a los objetivos de una cámara fotográfica clásica. “El instrumento OSIRIS (la cámara del telescopio) nos va a permitir observar todo lo que ya habíamos visto, pero mejor; entender con detalle la formación de las estrellas, cómo interactúan las galaxias con los agujeros negros, el tipo de material que forma las nebulosas y las estrellas. Podemos pensar que nada de esto tiene aplicación directa, pero estamos hablando del equivalente a lo que descubrió Galileo Galilei con su telescopio”, dice Alejandro Farah.

La Academia Mexicana de Ciencias quizá no sepa que el autor al que galardonó con el Premio Weizmann 2009 a la mejor tesis doctoral en ingeniería y tecnología sueña con tener su propia fábrica de juguetes. “Desde hace tiempo quiero poner un taller donde se fabriquen rompecabezas de alambre, relojes de sol y robots de cuerda”, dice, sonriente, el premiado, cuyo apellido significa alegría en árabe. El padre de Alejandro es libanés, su abuela era maya yucateca y su bisabuelo materno, sirio; y es bien sabido lo que la astronomía debe a los árabes y a los mayas. Él lleva en la sangre las dos tradiciones. Sobre el Premio Weizmann dice: “Es un reconocimiento a las instituciones, yo no lo hubiera podido hacer si no formara parte del Instituto de Astronomía de la UNAM”.

Lo que más le gusta de hacer ciencia y tecnología es la posibilidad de pensar libremente. Valora particularmente la libertad que la UNAM da a los investigadores para poner en práctica sus ideas en beneficio de la sociedad. También valora la interacción con los estudiantes. Los suyos se vuelven por fuerza expertos en la música de Pink Floyd: Farah puede escucharla 10 horas sin cansarse. Lee a Olaf Stapledon, disfruta muchísimo pasear a sus perros, Bakus y Estrella, paladear un buen mezcal y estar con su familia. “Crecí con mucho amor de mi familia, rodeado de gente que me motivó, que me impulsó”, dice. Teme sentirse vacío. “También le tengo miedo a la estupidez humana. Hay muchas cosas que no entiendo, como la guerra, el abuso, el narcotráfico, la guerra contra el narcotráfico: cuestiones que van más allá de lo que puedo entender y soportar, porque sobrepasan la línea de lo que considero un ser humano”/

Al terminar la entrevista, unos chicos le pidieron que les tomara una foto. Probablemente nunca sabrán que los fotografió un joven científico cuyos esfuerzos se dedican a retratar algo más grande: el Universo.

Personalmente

Si no existiera el cielo ¿adónde mirarías?

Hay tantas estrellas en el Universo que son incontables, miles de millones. Si pensamos en el número de células que tiene un ser vivo, son miles de millones; también las ideas, las variaciones genéticas que han existido a lo largo de la historia. Si no estuviera viendo estrellas, en vez de ver hacia arriba estaría viendo hacia abajo y habría miles de ideas para nuevos juguetes.

 

Jimena Camacho Torres

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