UNAM
21 de enero de 2018
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¿Quién es?
Linda Manzanilla Naim
Foto: Marco Mijares

No. 19 Linda Manzanilla Naim

En el umbral del tiempo suspendido

Arslantepé, Turquía, 1976. Rodeado de montañas desérticas, este oasis color esmeralda en el que nace el Éufrates semeja un paisaje neolítico. Aquí sólo se escuchan el molino de agua donde las mujeres trituran grano, el correr del río y del viento y las voces de la doctora Linda Manzanilla Naim y de sus colaboradores en la excavación arqueológica.

Maadi, Egipto, 1978. La doctora Manzanilla, cuya madre y abuelos maternos nacieron en estas tierras, busca en ellas —como en otros lugares del mundo— vestigios que le permitan explicar el surgimiento y transformación de las primeras sociedades urbanas. Para indagar, se vale, entre otros muchos recursos, de mapas, fotografías aéreas, imágenes satelitales, magnetómetros, sismógrafos, radares, avanzados instrumentos de laboratorio y, sobre todo, de su enorme curiosidad e impetuosa inteligencia.

Tiwanaku, Bolivia, 1988. A 3 000 metros sobre el nivel del mar y en plena noche, la doctora Manzanilla camina por el altiplano semidesértico hasta la pirámide de Akapana, centro del mundo en la cosmogonía aymara. Lleva en las manos una mesa de cartón sobre la que ha dispuesto cuidadosamente —a modo de símbolos— dulces, algodón y papel metálico de colores, así como algunas hojas de coca. Con ayuda del yatiri o chamán, esparce alcohol e incienso a los cuatro puntos cardinales y luego prende fuego a la mesa. Así obtiene el permiso de la tierra para excavar en este lugar sagrado.

primera gran ciudad del continente. ¿A qué grupos étnicos pertenecían sus 125 mil habitantes?, ¿cómo vivían sus distintas clases sociales?, ¿por qué se debilitó y cayó? Después de encabezar varias excavaciones, la doctora Manzanilla conoce a muchos grupos de teotihuacanos mejor que ellos mismos. Sabe, por ejemplo, qué comían, qué animales utilizaban en sus rituales, qué actividades realizaban en cada habitación y hasta qué vajilla usaba cada uno o incluso cuál era su parentesco genético.

De Manhattan a Narvarte

Mujer de anécdotas, la doctora Manzanilla relata que sus padres, la políglota Roby Naim y el abogado y político Víctor Manzanilla Schaffer, se conocieron y casaron cuando trabajaban en la sede de la ONU, en Nueva York, él como representante de México y ella como traductora simultánea. Poco después nació Linda. “En Manhattan, ¿eh?”, bromea y rompe en una risa festiva que brota una y otra vez durante la entrevista.

De Manhattan, la familia pasó a la colonia Narvarte, en la Ciudad de México, donde nacieron las tres hermanas y dos hermanos de Linda. De todos, Linda fue la preferida de su abuelo paterno, Víctor Manzanilla Jiménez, abogado yucateco.

¿ Tierra o cielo?

De su abuelo y de su padre Linda heredó el orgullo por el pasado maya y el interés en la arqueología. “Ya en quinto año de primaria —relata—, escribí sobre Egipto, Mesopotamia, excavaciones y ese tipo de cosas en el periódico de la escuela”. Más tarde, mientras cursaba el bachillerato, se interesó también en la astrofísica, pues “ambas disciplinas estudian el pasado y sirven para avanzar en el conocimiento de lo que hemos sido”. Sin embargo, Marcos Moshinsky la disuadió de estudiar a las estrellas. Deprimido por los trágicos acontecimientos políticos de 1968, el gran físico mexicano afirmó que en México ¡no existe la física! “No tuve más remedio que estudiar antropología”.

Y lo hizo en forma sobresaliente. La Escuela Nacional de Antropología e Historia, “que entonces vivía su época de oro”, le otorgó el Magna cum laude por su tesis de licenciatura y maestría sobre Mesopotamia; la Sorbona de París calificó con Mention très bien su tesis doctoral sobre Egipto; el Instituto Nacional de Antropología e Historia le adjudicó el Premio Alfonso Caso a la mejor investigación arqueológica de 1993; la Academia de la Investigación Científica galardonó su obra en 1990, y la UNAM la nombró directora del Instituto de Investigaciones Antropológicas en 1998.

Hoy, a sus 49 años de edad, la doctora Manzanilla se dispone a excavar el Palacio de los Gobernantes, en Teotihuacan, para trasponer, una vez más, el umbral del tiempo suspendido.

Personalmente

Autorretrato. Soy una rebelde, una directora no alineada.

Defectos. ¡Uy, tengo un genio fatal!, sobre todo cuando no se hacen las cosas como uno dice.

Pasiones. Me gusta mucho estar con la gente; dar clases y el baile; soy miembro del ballet folklórico de la UNAM.

Matrimonio. La arqueología no se lleva con cuidar hijos y mi pasión es la arqueología. Si alguna vez me caso, tendrá que ser con un científico que me dé toda la libertad.

 

Miguel Ángel Rivera

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