UNAM
24 de abril de 2018
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¿Quién es?
Patricia Ostrosky
Foto: Adrián Bodek

No. 21 Patricia Ostrosky

Tras los enemigos del ADN

Aunque las islas imponen barreras naturales de movilidad a sus habitantes, hay personas que trascienden esos límites para arribar a tierra firme. Patricia Ostrosky es una de ellas, no sólo porque su apellido significa “hijos de las islas”, sino porque ha logrado instalarse en la genética humana, un lugar de la ciencia donde siempre quiso estar. En tierra firme, paso tras paso, Patricia ha hecho realidad un sueño: investigar por qué nacen niños con malformaciones, para poder evitar que siga ocurriendo. Desde niña fue tremendamente curiosa: “Alrededor de los cinco o seis años me metía en la biblioteca de mi padre, que es médico, para ver qué había en los libros. En ellos encontré los síndromes de Klinefelter, Turner, Down... Así empezó mi interés por la genética”.

Instaladas en su laboratorio, me sorprende su expresión de niña dulce, inquieta y juguetona que me invita a observar a través del microscopio. Pero a medida que conversamos, descubro a la mujer fuerte, tenaz, sencilla, de convicciones sólidas, que siente que el vivir se rige por el principio físico de causa y efecto: “Creo que en la vida a toda acción le corresponde una reacción... Entre más siembras, más cosechas, entre más amor le dedicas a algo, más vas a recibir”.

La doctora Ostrosky ha ido recogiendo uno a uno los frutos de su esfuerzo. De pequeña contrajo el virus de la poliomielitis, y para superarlo tuvo que nadar durante mucho tiempo. Su constancia y empeño la llevaron a ser campeona nacional de natación en la especialidad de mariposa, a los 12 años. Su anhelo de ser médico no llegó de inmediato, pues su papá la convenció de que optara por la biología. Así que ingresó a la Facultad de Ciencias de la UNAM, pero al concluir estos estudios dirigió sus pasos hacia uno de los caminos que llevan a la medicina: la genética. Cursó la maestría en esta especialidad en la Facultad de Medicina de Tel Aviv, Israel.

A su regreso de ese país montó un laboratorio de genética en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales de Iztacala, de la UNAM, y empezó a hacer diagnóstico. “El caso de una niña con retraso mental severo me cimbró profundamente. No podía hacer nada por ella. No había tratamiento posible, pues no existían la terapia génica ni otras opciones con las que contamos hoy; esto me llevó a dejar el diagnóstico para intentar descubrir las causas que provocan malformaciones en los niños”.

Fue así como llegó a trabajar al Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, y allí decidió ingresar a la Facultad de Medicina para estudiar su doctorado en farmacología. Hoy, la doctora Ostrosky lucha por encontrar los efectos negativos que causan tanto los medicamentos, como algunas sustancias a las que nos exponemos de manera natural y en los lugares de trabajo o incluso en forma accidental. “Investigamos qué es lo que daña al ADN y a los cromosomas —dice—, básicamente para evaluar el riesgo de que se presenten enfermedades que podrían evitarse”.

A Patricia le fascina estar en el laboratorio dedicada a estudiar los efectos de parásitos y antiparásitos. Allí pasa la mayor parte del día, tratando de probar que muchos casos de cáncer de piel cuyo origen se atribuye a la exposición solar son provocados, en realidad, por pequeñas dosis de arsénico con las que está contaminada el agua en ciertas zonas del mundo.

“La docencia es otra de mis grandes satisfacciones. Me encanta formar gente que entienda la importancia de lo que estamos haciendo y pueda seguir adelante con la investigación”. Su modestia la llevó a omitir que forma parte de la Comisión Dictaminadora de la Facultad de Medicina; es evaluadora académica del CONACYT y revisora de proyectos del Colciencia, de Colombia, además de ser vicepresidenta del Comité Científico del prestigiado Instituto Weizmann, de Israel.

Por su trayectoria profesional pertenece a los consejos editoriales de tres revistas internacionales: Mutation Research, Environmental Molecular Mutagenesis y Archives of Medical Research, “Ésas son mis medallas al mérito, pues me mandan a reseñar artículos de cualquier parte del mundo, y saber que el trabajo que hice aquí lo lee alguien de Siberia o Nueva Zelanda, me hace sentir importante”.

A pesar de que Patricia Ostrosky tiene el tipo ucraniano que heredó de sus padres, es originaria de la Ciudad de México. “Nací mexicana en un ambiente muy chilango. De hecho soy unamita porque creo mucho en la UNAM y considero que es el lugar más maravilloso que hay en el mundo”.

Aunque la travesía ha sido larga, llena de retos, esfuerzo y dedicación, esta apasionada mujer, enamorada de lo que hace, “pagaría porque me permitieran seguir realizando mi trabajo”. Habla de ello con tanto cariño y satisfacción que nos convence de que las dificultades en el camino nunca han significado una carga para ella.

Personalmente

Mayor defecto. No procurar abrir un espacio al tiempo libre, pues mi tiempo está dedicado totalmente a mi familia y al laboratorio.

Mayor virtud. Ser perseverante, seguir mis sueños.

Aficiones. La principal es mi trabajo: es mi vicio y me encanta. Me gustan las novelas históricas, románticas y de ciencia ficción; de hecho, leo un libro a la semana. Disfruto la música romántica, latinoamericana y country.

 

Martha García

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