UNAM
25 de septiembre de 2018
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¿Quién es?
Diego González Halphen
Foto: Digital Stock

No. 22 Diego González Halphen

Las mieles de la vida

“La clave de la investigación científica es observar, preguntar, experimentar y descubrir, y el sitio idóneo para lograrlo es el laboratorio. Un lugar sensacional”, comenta el doctor Diego González Halphen, bioquímico por vocación y pasión. Y no es para menos, ha pasado la mayor parte de su vida en el laboratorio indagando, buscando respuestas a dudas sobre la naturaleza, desde simples curiosidades como aquellas que en la preparatoria lo traían loco —saber si el patrón de la tela de araña se transformaba con la presencia de estimulantes como el tabaco o la mariguana, o si era posible volver fotosintético a un ratón— hasta aquellos temas ya formalmente planteados, como la clorofila en la sangre humana, cuando estudiaba la carrera de ingeniero bioquímico en el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional.

Años más tarde, durante la maestría y el doctorado, su objetivo estaba encaminado a desentrañar diversos aspectos bioquímicos de un alga llamada Spirulina maxima. Le interesaba, sobre todo, caracterizar y purificar sus proteínas y conocer cómo se comporta con la luz. Este tema, de ciencia básica, resultó tan apasionante que por siete años también estudió sus citocromos (proteínas que tienen color). Actualmente analiza el material genético de las mitocondrias (la fábrica de energía de la célula) tanto en humanos como en algas, con el fin último de crear terapias génicas para niños con alteraciones mitocondriales.

Entrar a su laboratorio en el Instituto de Fisiología Celular, en Ciudad Universitaria, es toda una experiencia. Allí está el cubículo de González Halphen, cuya atmósfera nos da cuenta de su vitalidad: fotos de familia, recuerdos de viajes, pinturas y, sobre todo, muchos libros. Es hijo del neurólogo José Luis González, uno de los pioneros del psicoanálisis en nuestro país y de la pintora Silvia Halphen. En retrospectiva se ve como un niño feliz, al que le costó mucho trabajo aprender a andar en bicicleta y a patinar, cuando iba al Parque México o al Parque España.

“Creo en lo que decía aquel famoso químico, Joseph Priestley: todo lo que aprendí en mi vida, lo observé en la mesa del laboratorio, en los tubos de ensayo al hacer mis experimentos. Ese conocimiento nunca lo olvidé. En el laboratorio he podido descubrir un pedacito de lo que está ocurriendo en el complejo mundo de la célula y los genes. Cuando lo entiendes, es ¡un verdadero placer!”, externa emocionado el investigador. Enseguida comenta: “En los caminos de la ciencia hay amarguras y dulzuras. Algunas veces es muy frustrante porque por años no sale el experimento que planteas, pero también ocurre lo contrario: de repente, encuentras una respuesta clara, sin ambigüedades. Esas son las mieles de la vida; por ejemplo, después de cinco años encontré finalmente las secuencias de los genes llamados COX2 y COX3, que se expresan en el núcleo de la algas Spirulina, y fue muy emocionante”.

González Halphen explica que estudiar bioquímica permite conocer a nivel de reacciones químicas el funcionamiento de los seres vivos y responder a preguntas como ¿qué es el metabolismo? o ¿cómo están constituidas las membranas de las células?

Finalmente, Diego dice a los jóvenes: “Deben acercarse sin miedo a los institutos de la UNAM, para que los investigadores les enseñen a hacer experimentos; ojalá tengan la energía y la inteligencia para prepararse y continuar con el desarrollo de la ciencia”.

Personalmente

Autorretrato. Soy muy feliz con mis dos hijos y mi esposa. Me considero constante en mi búsqueda científica, pues mi mayor satisfacción es encontrar respuestas. También soy disperso de repente.

Sueño. Poder instrumentar un día la terapia génica en niños con enfermedades congénitas por alteraciones en las mitocondrias, basado en mis estudios con algas.

Aficiones. Cocinar me encanta, supongo que se debe a que al hacerlo experimento; la natación, nado un kilómetro diario; la música, sobre todo Brahms y Mendelssohn. Leo novelas de David Lodge; admiro al pintor holandés Peter Bruegel y soy una apasionado de la pintura mexicana.

Concepción Salcedo

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