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29 de octubre de 2020
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¿Quién es?
Atocha Aliseda Llera
Arturo Orta

No. 258 Atocha Aliseda Llera

La lógica del descubrimiento científico

Atocha Aliseda Llera trabaja en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, donde se especializa en lógica y en filosofía de la ciencia. Para ella la lógica, entendida de manera muy amplia, es un instrumento de la razón y ocupa un lugar privilegiado en la naturaleza de la creatividad y en la cognición humana en general.

Atocha se interesa en la lógica del descubrimiento científico y especialmente en la inferencia de explicaciones a partir de fenómenos sorprendentes. Este tipo de inferencias permite, entre otras cosas, hacer predicciones, lo que es muy importante en la ciencia. A ella le interesa entender cómo se formulan hipótesis y se construyen modelos, y le gustaría contribuir a que los profesionales de la salud aprovechen mejor las herramientas de explicación y también las probabilísticas. Estas herramientas han demostrado su utilidad en la pandemia de COVID-19.

Atocha ha recibido importantes reconocimientos nacionales e internacionales y ha publicado y compilado varios libros y artículos sobre lógica y filosofía de la ciencia. Actualmente trabaja en temas de causalidad y razonamiento clínico y coordina el Seminario de Epistemología de las Ciencias de la Salud del Instituto de Investigaciones Filosóficas.

Estudió matemáticas en la Facultad de Ciencias de la UNAM, ¿por qué eligió esta carrera?

En gran parte, gracias a los excelentes maestros que tuve desde mi formación básica hasta la media superior; me tocaron profesoras y profesores que me enseñaron a investigar, a trabajar en equipo, a hacer ejercicios, a descubrir demostraciones. Re- cuerdo particularmente al profesor Antonio López Quiles, excelente maestro, además de muy guapo (sonríe). Agradezco a todos mis profesores por habérmelas hecho tan divertidas. Las matemáticas enfrentan mitos, como creer que son para genios y que son inalcanzables, cuando lo que tienes que aprender son conceptos, pero sobre todo, se trata de entender un lenguaje abstracto. Las matemáticas son muy formativas, dan claridad y estructura mental, no conozco otra disciplina que ofrezca esto.

Al estudiar matemáticas descubrí la lógica formal y la lógica computacional. Tomé cursos de matemáticas abstractas e incursioné también en la historia y la filosofía de las matemáticas.

En 1997 obtuvo el doctorado en filosofía y sistemas simbólicos en la Universidad de Stanford, Estados Unidos. ¿Qué significó estudiar particularmente allí?
Por primera vez, quizás después de la primaria, me encontré en el ambiente perfecto para mí, donde podía investigar y reunir ideas de varias disciplinas. Fue maravilloso estudiar en el extranjero porque el entrenamiento que te dan las universidades de Estados Unidos, particularmente la de Stanford, es de una formación buena tanto desde el punto de vista científico como desde el punto de vista docente. Fue una gran oportunidad estudiar con investigadores pioneros en sus áreas, estar en contacto con investigación de primera mano, in- dispensable en un doctorado, pero además estar en un ambiente amplio donde te preparan también para ser profesor en todas estas áreas. Y ese es un tipo de formación que difícilmente existe en otras universidades.

¿Qué es lo que más disfruta de ser docente?
Cuando interactúas con los alumnos es muy padre ver cómo se sorprenden al aprender cosas nuevas. Además de la retroalimentación de los chicos, a través de sus preguntas, otra cosa que me gusta es que al preparar mi clase aprendo muchísimo porque para poder explicar un concepto nuevo, primero tienes que comprenderlo a profundidad.

En general hago una clase muy sistemática y planeada, con exposición teórica pero también con ejercicios. Uno va copiando o imitando los estilos para dar una clase de los buenos profesores que uno tuvo. Ese fue mi caso, ver lo que sí funciona para enseñar. Por ejemplo, para aprender lógica hay que hacer muchos ejercicios; es como una gimnasia mental. Pero para las clases más filosóficas me concentro más en cómo arman sus argumentos en los reportes de lectura. En mis clases trato sobre todo de trasmitirles la pasión por la materia.

Se describe como una docente exigente pero al mismo tiempo muy cercana a sus estudiantes. ¿Qué inquietudes tienen ellos?

El perfil de los estudiantes ha cambiado muchísimo en los últimos 20 años que tengo de docente. Antes predominaba el interés por aprender, pero no conectaban demasiado con el mundo real, y ahora veo que lo que les preocupa es si van a conseguir trabajo o cómo van a aplicar lo que están haciendo en otras áreas. En general, sus intereses académicos ya no son tan teóricos, sino más de aplicación.

Otra de sus pasiones es la investigación...
Sí, me siento muy afortunada de ser investiga- dora en la UNAM donde tenemos condiciones casi ideales para investigar, además de que podemos incorporar a los alumnos en nuestros proyectos. Me considero matemática de origen, lógica por entrenamiento, metodóloga de la ciencia por experiencia y filósofa pragmatista de profesión. Mi investigación principal se ha centrado en las lógicas del descubrimiento científico en la filosofía de la ciencia. Mi interés ha estado enmarcado en los modelos formales del razonamiento explicativo y más recientemente en la aplicación de ese razonamiento en el diagnóstico médico.

¿Cómo combina su trabajo en los posgrados de filosofía, de filosofía de la ciencia y de ingeniería y ciencias de la computación con la coordinación del Seminario de Epistemología de las Ciencias de la Salud?
Mis días de trabajo se dividen en dos: aquellos en los cuales me encierro a leer y escribir y aquellos en los que trato con estudiantes y colegas en seminarios o comisiones. En ambos intercalo tiempo para caminar, practicar yoga y ver amigos.

¿Por qué es importante hacer investigación autónoma y libre?

Por investigación autónoma me refiero a aquella que promueven las universidades públicas autónomas que no responde a intereses externos, ya sea comerciales, políticos o incluso militares, sino académicos. Por investigación libre me re- fiero a aquella que permita una total libertad de indagar y reflexionar sobre un problema y que no se apegue a tiempos y presiones enloquecidas para publicar. Hay un movimiento iniciado por la Academia de Ciencias de Berlín denominado Slow Science (ciencia reflexiva y pausada) que promueve justamente la libertad de investigación como aquí la describo, que no está ceñida a lo que ya prometiste que vas a producir porque en el camino te puedes encontrar con otras cosas distintas o más interesantes. La investigación actual en todas las áreas sufre mucha presión por producir resultados tangibles. Esto es terrible para la filosofía, pues los grandes sistemas filosóficos son marcos de ideas que van madurando con el tiempo y que no involucran a una sola persona. Es imposible producir ideas totalmente nuevas cada vez que uno escribe un texto filosófico.

Anayansin Inzunza

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