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23 de enero de 2021
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¿Quién es?
Siobhan Fenella Guerrero Mc Manus
Foto: Arturo Orta

No. 266 Siobhan Fenella Guerrero Mc Manus

¿Cuál es el tema en el que se cruzan todas las discriminaciones? Eso se preguntó un grupo de expertos y la respuesta que encontraron fue “la diversidad en sus múltiples formas”: la cultural, la sexual, de género, la corporal y la del idioma, entre otras. Para comprenderlas y promover su reconocimiento y su valor, y para combatir la violencia y la discriminación, se creó en la UNAM el Laboratorio Nacional Diversidades. Una de sus fundadoras es la Dra. Siobhan Guerrero Mc Manus, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIIH) de la misma universidad.

Entre las líneas de investigación de Siobhan se encuentran la filosofía e historia de la biología, la biología evolutiva, la filosofía e historia del género y las diversidades sexuales. Es también autora del libro ¿Naces o te haces? La ciencia detrás de la homosexualidad (Paidós, 2013). ,en el que aborda la controversia entre la perspectiva ética y la biológica.

En 2018 obtuvo el Reconocimiento Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos, “en virtud de su sobresaliente trayectoria académica y su innegable vocación humanista”. Ha realizado estancias de investigación en el Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia, en Berlín, y en la Universidad de California, en Santa Cruz, y es autora de numerosos artículos especializados y de divulgación. La Dra. Guerrero también se ha distinguido como defensora en múltiples foros y publicaciones del derecho de los menores a la identidad de género. Su libro más reciente, en coautoría, se titula Fragmentos:cuatro ensayos de pensamiento ambiental y fue publicado por el CEIIH-UNAM en noviembre pasado.

Además de académica y profesora, eres activista del feminismo, del transfeminismo y de los derechos de la diversidad sexual, esto te motivó a ser YouTuber, una combinación peculiar...
Sí lo es. Intento usar YouTube para llevar temas de reflexión filosófica a audiencias no especializadas, y eso me ha llevado a tener un pie en contextos de activismo feminista. Pero, en realidad creo que fundamentalmente soy una académica que aspira a que la academia tenga un impacto más allá de las aulas.

Estudiaste biología con especialidad en botánica, posteriormente cursaste una maestría en filosofía de la ciencia, con un trabajo de tesis que fue galardonado con el premio Norman Sverdlin y la medalla Alfonso Caso, ¿por qué te interesó ese posgrado?
Mientras estudiaba biología disfruté mucho hacer trabajo de campo, pero cuando terminé la carrera no me veía trabajando toda la vida en un museo de zoología, o en un herbario. Recordé que me decidí por la biología porque me gustaba escribir, y pensé ¿en qué área puedo dedicarme a ello? Me vino a la mente la biología teórica, así que el interés en la literatura me llevó a la biología, y ese mismo interés también me llevó a escribir filosofía de la ciencia. Mi tesis de maestría fue sobre biología evolutiva, sobre la noción de racionalidad implícita en los algoritmos computacionales que se usan para reconstruir la historia evolutiva de la Tierra. Una discusión que en biología lleva mucho tiempo porque, a diferencia de la física, no es una ciencia donde haya muchas predicciones, la mayoría de las áreas de la biología son explicativas.

En tus estudios doctorales cambiaste de tema y ampliaste tus líneas de investigación a las diversidades sexuales ¿A qué se debió este cambio?
Mi director de tesis de maestría, Rasmus Winther, me sugirió escoger un tema al que pudiera dedicar mi vida. Me senté a pensar y fue mi propia historia biográfica, y haber visto morir a varios amigos (a causa de la homofobia) lo que me llevó a estudiar las relaciones entre la ciencia y la diversidad sexual, entre ciencia y género; a analizar cómo la ciencia explica la naturaleza humana y, a la vez, cómo la ciencia tiene sesgos culturales que hemos tenido que ir removiendo. Cuando empecé el doctorado en 2006 mi investigación parecía muy teórica, y que no iba a tener una repercusión más allá de las aulas; pero entonces se volvió un poquito más importante por razones tristes, pues el movimiento anti-derechos llegó a México.

Tu trabajo no se limita al ámbito académico, has sido invitada a impartir cursos y asesorías en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en la Cámara de Senadores, en la Cámara de Diputados y en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México. ¿Qué aporta tu investigación a nuestra sociedad?
Poco a poco me he acercado a distintos espacios como organismos no gubernamentales (ONG), el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, la Comisión para Prevenir y Eliminar la Discriminación y la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad, ambas de la Ciudad de México; tengo una línea de investigación donde estos diálogos son posibles. A veces me piden, por ejemplo, que vaya a dar capacitación en temas concretos, como es el caso de la Suprema Corte que hizo un foro sobre feminicidio, querían saber cómo pensar el trans feminicidio, un tema sub teorizado en todo el mundo (no sólo en México o en América Latina) a pesar de que hay una enorme cantidad de mujeres trans asesinadas.

¿Cómo combinas lo académico con tu activismo social?
Las colaboraciones siempre han sido muy afortunadas porque trabajo en un espacio donde, desde mi punto de vista, el saber académico se mezcla muy bien con lo que hacen las ONG; por ejemplo, identificar cuáles son los problemas de una minoría y tratar las causas de esos problemas. Esto es algo que, entre otras cosas, aprendí en filosofía de la ciencia: tratar de entender las causas detrás de los problemas. Hay una parte de la filosofía de las ciencias sociales interesada en hacer un abordaje causalista de lo social, porque una política pública que desconoce la estructura causal de los problemas no va poder intervenir en su resolución de manera exitosa. Es algo que sigo intentado, ha sido una experiencia muy enriquecedora poder colaborar con varias ONG, con activistas independientes, con órganos desconcentrados, incluso dentro de la propia universidad. Y también colaborar con los alumnos, tesistas, colegas universitarios y funcionarios tomadores de decisiones que influyen enormemente en las posturas incluyentes cada vez más urgentes en nuestra sociedad.

Marcela Martínez Rodríguez

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