UNAM
13 de diciembre de 2018
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¿Quién es?
Jorge Flores Valdés
Foto: Ernesto Navarrete

No. 27 Jorge Flores Valdés

Y su búsqueda del conocimiento

“La física es maravillosa, y si a estas alturas de mi vida volvieran a preguntarme, como cuando estaba en sexto grado de primaria, ¿qué quiero ser?, diría que físico”. Esta certeza ha conducido a Jorge Flores Valdés a lo largo de 40 años de una fructífera labor académica y profesional tanto en la investigación, como en la docencia y la divulgación de la ciencia. Hoy es director del Centro de Ciencias Físicas e investigador emérito del Instituto de Física, ambos de la UNAM.

“Pertenezco a una familia muy bonita —explica— integrada por mi padre, el doctor Jorge Flores Espinosa, un médico clínico muy completo; mi madre, una dedicada maestra normalista y mis dos hermanas, una química y la otra pedagoga, todos egresados de la UNAM”. Vivió en un ambiente cultural armónico ya que sus padres le proporcionaron elementos humanísticos y científicos. “Mi padre pertenecía a una generación de médicos que había experimentado los avances de la física en la medicina, por ejemplo con los radioisótopos y la imagenología, que permitía hacer diagnósticos más precisos, por lo cual me decía que la física era la ciencia del futuro; él orientó mi vocación”.

El doctor Flores, quien pronto cumplirá 60 años de edad, recuerda nostálgico pasajes de su infancia. “Con mi padre pasaba horas armando y desarmando mi mecano; por cierto, era el máximo, el del número 10; tenía engranes, motores y muchísimos tornillos”. Años más tarde, esa afición lo llevó a estudiar una carrera de electrónica por correspondencia.

Estudió en el Instituto Patria, donde disfrutó mucho no sólo la escuela sino otras cosas. “Teníamos clubes de electrónica, de filatelia y buenos laboratorios de ciencia, pero sobre todo respetables maestros. Recuerdo a un profesor al que llamábamos “el chaparro”; llegaba en motocicleta a la escuela, nos enseñaba geometría plana y a demostrar teoremas. También me acuerdo de otro maestro al que le decíamos el “Toma... Chico”, debido a que esa era su frase usual; tenía una escuela en la que daba cursos de trigonometría, geometría analítica y matemáticas durante las vacaciones de invierno, y yo asistía por el puro gusto de aprender más”.

Jorge Flores pertenece a la generación 1958-1962 de físicos de la Facultad de Ciencias de la UNAM. “En aquellos tiempos el ambiente era muy agradable y prevalecía un pensamiento muy libre. Recuerdo a muchos de mis amigos de entonces, algunos eran hijos de republicanos españoles: de entre los maestros me viene a la mente Juan de Oyarzabal, quien era uno de los mejores expositores”.

Al terminar la licenciatura entró a trabajar al Instituto de Física con el doctor Marcos Moshinsky. A los 24 años, Jorge Flores ya era doctor; a los 27 tenía un posdoctorado en la Universidad de Princeton, Estados Unidos y a los 34 años fungía como director del Instituto de Física de la UNAM.

“De Marcos Moshinsky aprendí que la ciencia no es un juego, que debe hacerse con estándares de calidad para competir internacionalmente, y para lograrlo hay que trabajar mucho”. Esa premisa lo ha guiado tanto en su tarea de investigador como en la administración de la ciencia. Ha trabajado lo relacionado a la teoría de grupos y la estructura nuclear, las propiedades estadísticas y los sistemas cuánticos, en particular los sistemas caóticos. También, los efectos de la resonancia en el comportamiento sísmico de la Cuenca del Valle de México y actualmente hace experimentos en sistemas complejos elásticos. Como un reconocimiento a esta labor le fue otorgado en 1994, el Premio Nacional de Ciencias y Artes.

El doctor Flores es un hombre multifacético que ha dejado huella en diversas áreas de la divulgación de la ciencia: ha sido pionero en proyectos como los “Domingos en la ciencia” y la coordinación del Museo de las Ciencias Universum. Al respecto comenta: “Fue una empresa maravillosa y divertida”. También esta labor le fue reconocida por la UNESCO con el premio Kalinga de Divulgación Científica 1992. Como impulsor de la investigación científica participó en la creación del Sistema Nacional de Investigadores, SNI. “Por cierto, aunque el SNI ha sido muy criticado, salvó a México de la fuga de cerebros y marcó estándares de calidad en la ciencia”, comenta convencido.

Para cerrar esta entrevista, el doctor Flores dice a los jóvenes que estudiar física enseña a compaginar las matemáticas con la naturaleza, además de dar una sólida formación en lógica y ética.

Personalmente

Autorretrato. Soy inquieto; busco el cambio con lineamientos y principios pero sobre todo el conocimiento nuevo.

Sueño. Me gustaría tener una idea en física tan buena que mereciera el Premio Nobel. Ése es mi sueño desde que tenía 15 años.

Amores. Mi primera novia, mi primera mujer, mis hijos, mi mujer actual, mi nieto Patricio y mi perro.

Arte. En pintura mis favoritos son Van Gogh, Monet y muchos más. La arquitectura me apasiona, por ejemplo, conozco a detalle el Centro Histórico de la Ciudad de México.

 

Concepción Salcedo

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