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25 de septiembre de 2021
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¿Quién es?
Geovanna N. Quiñonez Bastidas
Foto: Arturo Orta

No. 274 Geovanna N. Quiñonez Bastidas

n mayo de 2020, el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública realizó una encuesta nacional en torno a la percepción pública de la legalización de la marihuana. El 50.5 % de los encuestados desaprobó entre algo y mucho la legalización de su uso. De los que opinaron a favor, 86.6 % optó por los fines medicinales; un porcentaje significativo de la población está convencido de que la planta posee propiedades curativas o terapéuticas. “Cuando hablamos de la cannabis, nos referimos a una variedad de plantas que desde hace más de 12 000 años se tiene registro de que se han utilizado para tratar distintos padecimientos. Se suele decir la cannabis porque generalmente los compuestos se obtienen de las flores que da la planta hembra y no el macho. Si bien no es un conocimiento novedoso, entre la población existe confusión al respecto de sus usos y sus derivados”, señala la doctora Geovanna Quiñonez.

Ella estudió la Licenciatura de Químico Farmacéutico Biólogo en la Universidad Autónoma de Sinaloa y desde que tenía 19 años se acercó al estudio del dolor. “No hay otra condición más debilitante e incapacitante en la vida que padecer dolor. Es tormentoso el sufrimiento de pacientes con dolor neuropático. Humanamente es algo que me instó a ayudar”, comenta Geovanna, quien está por finalizar su segundo posdoctorado en el Laboratorio de Farmacología de Productos Naturales de la Facultad de Química de la UNAM.

¿Cuáles podrían ser los usos terapéuticos de la cannabis y por qué tiene ese potencial?

Cannabis es un grupo conformado por distintas plantas, dentro de las cuales podemos encontrar a la marihuana y al cáñamo. Las plantas del género cannabis contienen compuestos denominados fitocannabinoides, por ejemplo el cannabidiol (CBD) y el tetrahidrocannabinol (THC). El CBD es un compuesto no psicoactivo, es decir que no altera la percepción y tampoco modifica el estado de ánimo.

Nuestro cuerpo está conformado por sistemas que comunican a las células entre sí. Uno muy importante es el sistema endocannabinoide, que básicamente es un entramado de neurotransmisores ubicado en el cerebro y en otros órganos del cuerpo. Muchos receptores cannabinoides están conectados entre sí y se pueden ver afectados por la ingesta de fitocannabinoides, implicando una amplia variedad de procesos fisiológicos. Las áreas terapéuticas de los cannabinoides están relacionadas con la ingesta de alimentos, el tracto gastrointestinal, el sistema cardiovascular, trastornos neurológicos y psiquiátricos, y el dolor. Se ha demostrado que el CBD tiene efectos antiinflamatorios, analgésicos y antitumorales, entre muchísimos otros. Esto se debe a la cantidad de receptores cannabinoides distribuidos a nivel periférico y central.

¿De dónde obtiene pistas la farmacología?

Como es sabido, el conocimiento acerca de los usos terapéuticos de la cannabis no es reciente. i prestamos atención a cómo y qué tipo de relaciones se han establecido con diferentes plantas en distintas culturas, ya dimos un gran paso. Quiero decir que la etnobotánica es una importante aliada de la farmacología. Tengo la fortuna de estar realizando mi posdoctorado en el Laboratorio de Plantas y Extractos Naturales y de que México sea un país con variedad de plantas con usos medicinales. Recientemente publicamos en la revista Plants una revisión sistemática acerca del potencial terapéutico de las plantas mexicanas nativas.

La Academia de Ciencias de Estados Unidos publicó en 2017 un informe sobre el estado actual de las investigaciones sobre la cannabis. Entre sus conclusiones sostiene que existen muchas barreras y retos para la investigación científica, en concreto la legalización. ¿Cómo va nuestro país en ese asunto?

México, al igual que muchos otros países, estuvo mucho tiempo en una situación de poca luz hacia la investigación sobre la cannabis. Luego de la reciente aprobación del reglamento de la Ley General para la producción, investigación y uso medicinal de la cannabis se abrieron muchas oportunidades para la investigación. En ese reglamento se plantean aspectos importantes que abarcan su producción, la investigación clínica en esa área y el uso lúdico de la marihuana. Por supuesto se toman en cuenta desde los sitios donde se obtiene la materia prima hasta la elaboración de sus derivados y de los protocolos clínicos para su uso en la salud. En este caso, las personas que participan en investigación deben contar con experiencia en esa área de estudio. Esos son algunos de los puntos fundamentales y se está avanzando en la materia; si bien fue un gran paso la aprobación de esa ley, aún falta mucho por hacer.

A México le espera un gran reto en investigación con la cannabis. De hecho, la propia UNAM ha tenido muchas iniciativas, no solo desde el punto de vista experimental sino también en la formación de recursos humanos. En la Facultad de Medicina, por ejemplo, estamos desarrollando los primeros protocolos para ensayos clínicos. Además, tengo el placer de ser la profesora titular del primer curso de farmacología de los cannabinoides. Estamos ante una coyuntura social, política, económica y de investigación en relación con la cannabis y debemos estar preparados para ello.

¿Considera importante el trabajo con los jóvenes?

Cuando estudiaba la licenciatura en Sinaloa gané una beca para visitar y hacer investigación en un laboratorio de la Ciudad de México. Mi primer acercamiento con la ciencia inició en un programa dirigido a jóvenes interesados en la investigación por lo cual tengo un compromiso especial con su formación. En el laboratorio donde actualmente colaboro recibimos a numerosos estudiantes, y sé que muchos de los que llegan a tocar la puerta traen los sentimientos, emociones, inquietudes e ideas que yo misma tuve.

En la entrevista con Geovanna por Zoom pude ver una reproducción del cuadro El grito de Edward Munch, cuadro que se propuso copiar. “Cuando estudias el dolor estás interesado en todas las áreas del sufrimiento. Sé que Munch no buscaba representar el dolor, pero para mí eso es lo que encarna El grito”, comenta. Por último se despide diciendo que uno de sus libros favoritos es De profundis de Oscar Wilde, autor que muestra una cara distinta del dolor, una que nos hace más humanos.

J. William Cruz

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