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27 de abril de 2018
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¿Quién es?
Javier Aguillón Martínez
Foto: Adrián Bodek

No. 28 Javier Aguillón Martínez

Perseverancia y talento

La vida de Javier E. Aguillón se ha caracterizado por la perseverancia y el talento. Los mismos ingredientes con los que, siendo niño, elaboró una lámpara con un esqueleto de cabra y usa hoy para diseñar y construir sus prototipos tecnológicos para la producción de energías alternas.

Visitar a Javier Aguillón en su cubículo del Instituto de Ingeniería de la UNAM es abrir una caja de sorpresas pues es un conversador excepcional que, con gran entusiasmo, comparte tanto sus logros como sus metas.

Nació en Mérida, Yucatán, en 1966, pero creció en la Ciudad de México. “Mi mamá se dedica al hogar y mi papá es Francisco Aguillón, periodista de asuntos políticos del periódico El Universal —explica—. Ellos nos dieron toda la libertad a mis hermanos y a mí, pero también nos enseñaron la disciplina, el valor de la amistad y la honestidad”.

En efecto, esa disciplina lo llevó a diseñar y construir en un año un prototipo tecnológico, objeto de su tesis de doctorado. “Me ayudaba un técnico, y algunos días mi esposa también, manejando una grúa indispensable para el armado“. A los 30 años —en 1996— ya se había doctorado en ingeniería en procesos industriales en la Universidad de Tecnología de Compiègne, en Francia, y había realizado una instalación piloto de una caldera de lecho fluidizado (tecnología para producir energía) para una constructora francesa de vagones para el servicio del metro.

Quizá su dedicación a la ciencia comenzó cuando cursaba la secundaria, en el laboratorio de electrónica, y experimentó un terrible toque con un circuito. “Desde ese momento quise conocer cómo se produce la energía, qué elementos y procesos intervienen en ese fenómeno”; en fin, esas y otras preguntas que ahora se plantea al investigar tecnologías que operan con biomasa, o al estudiar bombas de calor por absorción.

Hoy, a sus 34 años, es uno de los investigadores del Instituto de Ingeniería de la UNAM más comprometidos en resolver problemas de los procesos industriales diseñando, adaptando e innovando tecnología para las empresas mexicanas. De igual manera asesora a las industrias para que puedan crear nuevos sistemas de aseguramiento de calidad y seguridad en normas internacionales, y abran caminos para la competitividad internacional.

Otra de sus metas como investigador es vincularse con la comunidad mexicana para ayudar a mejorar los procesos de producción. En este sentido, asesora a los pobladores de San Juan Nuevo, Michoacán, en el diseño y construcción de una planta de energía a partir de desechos como el aserrín. “Ellos fabrican muebles y al hacerlo generan grandes cantidades de aserrín, que no sólo se desperdiciaba sino que es un material inflamable y por lo tanto peligroso. Les expliqué que con ese desecho podían obtener electricidad tanto para su industria como para 15 mil familias y ya estamos trabajando en el proyecto”, comenta.

Javier Aguillón está convencido de que los ingenieros mexicanos pueden crear tecnologías viables que resuelvan problemas industriales y ha pasado buen tiempo tratando de convencer a las empresas e instituciones de ello. También trata de transmitir esas ideas a sus alumnos; además de proporcionarles herramientas matemáticas, les enseña a hacer proyectos donde las apliquen. “Imparto varias materias, pero enseñar termodinámica es importantísimo, quizá porque debe aplicarse a problemas específicos y pueden construirse máquinas siguiendo una serie de especificaciones. Es, además, divertido, pues cuando los estudiantes construyen máquinas brincan de gusto”. No debe ser gratuito que los alumnos llamen cariñosamente a esta materia “termodiabólica”.

Para finalizar, Javier Aguillón invita a los jóvenes lectores a interesarse en las ingenierías. “Descubrí en Francia que los planes de estudio de la UNAM están a la altura del primer mundo. Sólo se necesita talento y perseverancia”, concluye.

Personalmente

Autorretrato. Soy muy sociable y apasionado pero no expreso fácilmente mis emociones. Soy enérgico en los aspectos académicos. Mi esposa y mi hija son un soporte importantísimo en mi vida.

Manía. Reparar todos los aparatos de mi casa.

Gustos artísticos. Me gustan la danza y la música clásica. Durante el doctorado, fui tenor en la coral de la Universidad de Compèigne, en Francia.

Deportes. A lo largo de la carrera practiqué el judo; creo que eso me forjó y disciplinó.

Jóvenes. Me gusta compartir con ellos. Pienso que debemos motivarlos y darles opciones.

 

Concepción Salcedo

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