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20 de enero de 2018
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¿Quién es?
Feggy Ostrosky
Foto: Dante Bucio

No. 35 Feggy Ostrosky

Las pesquisas de una detective del cerebro

“Cuando observo las bases biológicas de la conducta que ocurren en el cerebro humano es como si hiciera un viaje fantástico, interminable, en el que soy una detective que trata de desentrañar secretos”. Ésta es la sensación que vive Feggy Ostrosky, pionera de la neuropsicología e investigadora en la Facultad de Psicología de la UNAM, al aproximarse al “telar encantado”, el órgano más complejo de la creación.

Desde los años setenta, cuando al hacer su tesis de licenciatura medía el umbral del dolor a sus compañeros y a menudo les quemaba la frente con su “máquina diabólica” generadora de calor, ella se ha empeñado en entender diversos procesos cerebrales y hacer aportaciones a la evaluación neuropsicológica y el estudio del envejecimiento.

En su moderno laboratorio de neuropsicología en Ciudad Universitaria, abre el libro de su vida y cada página que relata transmite un desbordante entusiasmo por todo lo que hace, desde disfrutar a sus “tres ases”: sus hijos Alejandro, Alan y Arel, hasta los desafíos científicos que son cada día mayores. Confiesa “soy esclava de mi pasión, en parte por mi papá, el gineco-obstetra Luis Ostrosky, quien nos enseñó un gran respeto por la ciencia y por la investigación, y por mi mamá, que nos transmitió un modelo de vida cuyos valores eran la competencia y el logro”.

Feggy siempre supo que la biología era su interés vital; en sus cajones guardaba como un tesoro escondido ranitas, pájaros y hormigas muertas. Sin embargo, en 1971 ingresó a la Facultad de Psicología, de la UNAM, donde pronto se convirtió en ayudante del doctor Fernández Guardiola, destacado investigador de las neurociencias. Desde entonces definió que sus campos de estudio serían la biología y la psicología.

Al terminar la licenciatura, realizó la maestría y el doctorado en el área de trastornos de la comunicación en la Universidad Northwestern, Chicago, Estados Unidos, y años más tarde hizo otro doctorado, en biomedicina, en la Facultad de Medicina de la UNAM.

Su laboratorio es su orgullo; en él Feggy trabaja con un equipo integrado por jóvenes estudiantes de licenciatura y posgrado, que más que alumnos para ella son “socios”. Aquí, donde prevalece un ambiente de creación intelectual y de aprendizaje común, se han realizado interesantes proyectos como el análisis del proceso de envejecimiento, con técnicas que registran el metabolismo celular para hacer diagnóstico preclínico de la enfermedad de Alzheimer.

“El espíritu de esta época es la depresión, a diferencia de la década de los ochenta que fue la de la angustia, por esto en el laboratorio estudiamos las bases biológicas de las emociones: la tristeza, la alegría, el amor. Por ejemplo, el amor es una locura químicamente inducida, cuando nos enamoramos el sistema límbico, que controla las emociones, domina al sistema racional, por eso nos casamos con quien no nos conviene”, explica.

La doctora Ostrosky obtuvo el Premio Nacional de Neurología y Neurocirugía en 1988 y la Medalla Gabino Barreda, entre otros reconocimientos a su labor pionera. Es autora de nueve libros sobre diversos temas de las neurociencias; el último, Toc, toc, ¿hay alguien ahí?, es un texto de divulgación que cuenta con varias ediciones. “Lo escribí para gente que se asombra de lo que ocurre con su memoria, con sus emociones. Fue una experiencia muy divertida”.

La investigadora comenta que en esta primera década del siglo XXI “las neurociencias buscan responder preguntas como: ¿qué nos diferencia de otros animales en cuanto a mecanismos biológicos para reaccionar, por ejemplo, al miedo?, ¿cómo vivir en sociedad en forma más humana y equilibrada? Ese es el desafío y debemos aprender a hacer más conexiones en el cerebro de arriba hacia abajo, de la corteza al sistema límbico, para encontrar el balance entre razón y emoción”. Otro reto es propiciar la regeneración neuronal (la neurogénesis). Desde 1998 se sabe que esto es posible; falta identificar las células específicas para reparar los daños cerebrales. Feggy Ostrosky, desde luego, está en ello.

Personalmente

Autorretrato. Soy una mujer perseverante, comprometida, alegre y algo neurótica.

Manía. La obsesión por el trabajo, eso me hace poco plural.

Pasión. El cerebro humano.

Arte. El ballet clásico, la literatura, la música clásica, el jazz, y en general la pintura latinoamericana. Me gustan particularmente Pedro Coronel, Remedios Varo, y Botero.

Deporte. De niña nadé mucho, ahora corro todas las mañanas. Me gustaría ir a los maratones de Nueva York a competir.

Concepción Salcedo

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