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27 de abril de 2018
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¿Quién es?
Estela Sánchez Quintanar
Foto: Dante Bucio

No. 38 Estela Sánchez Quintanar

El maravilloso juego de la química

Primera mexicana que se doctoró en bioquímica, maestra de varias generaciones y madre de seis hijos, Estela Sánchez Quintanar es hoy una de las científicas más reconocidas en su campo. Por su trayectoria tanto de investigadora, como de maestra por cerca de 40 años, fue recientemente investida por la UNAM como Profesora Emérita de la Facultad de Química. No obstante su consolidada carrera científica, es una mujer siempre joven. “Nunca dejo de maravillarme de cada cosa que aprendo y cuando creo comprender algo descubro que hay cosas más complejas. Me interesa meterme en la vida de la célula, ver cómo funciona y conocer los mecanismos de regulación que la mantienen viva, pese a las agresiones del ambiente. ¡Fabuloso!”.

Nació en la Ciudad de México, en la colonia Industrial. Su padre, Rafael Sánchez, era abogado, y su madre, Estela Quintanar, una mujer dinámica que estudió y trabajó en la UNAM en los tiempos del doctor Antonio Caso. “Somos cinco hermanas, todas profesionales especializadas en campos muy diversos”. Vivió en un ambiente cultural: “Mi papá nos compraba libros de todo tipo, yo leía a Julio Verne, Los tres mosqueteros y otros más. Recuerdo que con mis ahorros compré el primer libro, La divina comedia; estaba yo loca por leerla. Uno de los textos que más me marcó fue La vida de madame Curie”.

La doctora Sánchez tiene una mirada profunda y proyecta una imagen de dinamismo y seguridad impresionantes. Narra que desde chica quiso ser química, pues le intrigaba la germinación de las semillas. “Tenía un laboratorio donde jugaba a hacer píldoras y pastillas de yeso que luego metía en cajas vacías de medicinas que me regalaba una tía. En la secundaria tuve varios maestros estupendos que me hicieron ver la química como un juego maravilloso”. De 1948 a 1950 estudió la preparatoria en San Ildefonso y en 1954 concluyó sus estudios de químico farmacéutico biólogo. Esa etapa de su vida tiene gratas vivencias: “En la Escuela Nacional de Ciencias Químicas, en Tacuba, todos nos conocíamos. La clase de química general la impartía el profesor Río de la Loza, quien nos hacía preguntas estimulantes y nos retaba a resolver diversas incógnitas”. Sus inquietudes la llevaron a trabajar en la industria farmacéutica, cuando cursaba el cuarto año de la licenciatura. Al concluirla ingresó a la Escuela Médico Militar.

La doctora Sánchez fue la primera alumna de un programa piloto para posgrado en bioquímica establecido por el doctor Guillermo Soberón, fundador del laboratorio de Bioquímica en el Instituto Nacional de Nutrición. Al respecto puntualiza que él la apoyó para que estudiara el doctorado en la Universidad de Winsconsin con una beca de la fundación

Rockefeller. “Me cuestionaron mucho por ser mujer, casi me hicieron jurar que no me iba a casar durante el doctorado. Fueron años muy interesantes, conocí a varios premios Nobel, aprendí a hacer investigación con estricto rigor científico, a manejar muchos equipos y, algo muy importante, conocí a mi marido, el doctor Leobardo Jiménez, quien también estudiaba el doctorado. En 1965 regresamos a hacer un posdoctorado ya con nuestro primer hijo y allá nació mi hija Laura. Después vinieron cuatro más”.

En 1967, al lado de los doctores Pérez Villaseñor y Blanco, fundó el Departamento de Bioquímica de la Facultad de Química, que años más tarde se convirtió en semillero de formación de especialistas. En la década de los setenta, la doctora Sánchez empezó a investigar la bioquímica vegetal en la Facultad de Química. Su meta era ayudar a resolver problemas alimentarios en el campo mexicano, por lo que creó líneas de investigación que van desde la regulación de la expresión genética, el metabolismo del nitrógeno y del carbono en el maíz, hasta los parámetros bioquímicos de la productividad de plantas.

Además de investigadora, la doctora Sánchez se considera maestra por vocación. Cuando estudiaba en la Facultad impartía clases de física en una secundaria, y desde entonces nunca ha dejado de enseñar en los laboratorios y en las aulas. Ella es una mujer cuyas manos podrían parecer mágicas: proyecto que siembra, germina.

Personalmente

Autorretrato. Soy tenaz en obtener mis metas.

Sueño. Cuando muera espero obtener respuestas a incógnitas que aquí no puedo entender.

Amores. Mi marido, mis seis hijos y mis tres nietos.

Pasatiempos. La lectura y la contemplación de la naturaleza.

Arte. La música clásica. Mi marido y yo vamos a todos los conciertos de la sala Netzahualcóyotl.

Comida favorita. La mexicana y la cantonesa.

 

Concepción Salcedo

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