UNAM
26 de abril de 2018
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¿Quién es?
Jorge Membrillo
Foto: Dante Bucio

No. 41 Jorge Membrillo

Las tertulias bacterianas

“Me siento Xochimilca de corazón, allí nací y crecí, en medio de las chinampas, del lago y del color de las flores. Me crié con mi abuelita Paula, quien me enseñó a sembrar maíz, acelgas, betabel y a comprender el orden que tiene la naturaleza; ese fue mi primer contacto con la ciencia”. Así habla Jorge Membrillo Hernández, un hombre de 31 años, que a los 26 ya era doctor graduado en el King’s College de Londres, Inglaterra, y a los 28, titular de la cátedra “Hans Krebs” en la Universidad de Shefield e investigador asociado en la Universidad de Harvard, Estados Unidos. En 1996 obtuvo el título de “Joven científico del año” en el Reino Unido, por sus novedosas aportaciones en el campo de la microbiología, reconocimiento que obtuvo en un concurso entre 15 000 científicos jóvenes.

El doctor Membrillo nos recibe en el laboratorio del Departamento de Biología Molecular del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, al que se integró en el año 2000. Su rostro dibuja una sonrisa al comentar sus investigaciones sobre el envejecimiento celular, fenómeno que estudia en bacterias. De igual manera analiza la comunicación entre éstas o como a él le gusta decir, “las tertulias bacterianas”.

En amena charla explica que su carrera científica se debe a que siempre supo que la investigación era lo que más le gustaba: “Apliqué el concepto del tiempo que me enseñó mi abuelita, hay que optimizarlo y dar lo máximo. Si puedes sacar un 10, evita un nueve”. Y en efecto, de niño y joven ganaba los concursos escolares de física y matemáticas, y en la licenciatura se hizo merecedor a la medalla Gabino Barreda que otorga la UNAM a quienes tienen los promedios más altos.

Es hijo de María Antonia Hernández y de Fausto Membrillo, ambos inspectores escolares, quienes trasmitieron a sus hijos un profundo amor por el conocimiento y los seres vivos. “Como buen xochimilca mi papá es amante del jardín, planta e injerta sus flores. Cuando yo tenía seis años me enseñó a jugar ajedrez y a diseñar estrategias, esas enseñanzas me han guiado siempre“. Jorge está orgulloso de la gente, las tradiciones, la historia y las aportaciones científicas de su pueblo. “Juan Badiano, a quien se debe la clasificación de las plantas medicinales, es para mí el padre de la medicina”, comenta.

Al concluir la licenciatura en investigación biomédica básica realizó su tesis con el doctor Mario Soberón en el Instituto de Biotecnología de la UNAM, quien le enseñó “el vicio de querer entender qué hace el oxígeno a las bacterias”. Fue así como, más tarde, en su tesis doctoral descubrió el funcionamiento de la hemoglobina en las bacterias, en particular en la Escherichia coli.

Enseguida narra uno de los aspectos más conmovedores de sus hallazgos científicos: “En 1963 Max Perutz descubrió la hemoglobina humana y obtuvo por ello el Premio Nobel. Al recibirlo, dijo que la estructura de la hemoglobina era tan compleja que sólo la tenían los organismos superiores. Treinta y tres años después yo descubrí que también existe en las bacterias”. Ese descubrimiento cambió su vida.

Otra de sus pasiones es el estudio de los radicales libres, compuestos que dañan a las células y a la proteínas y son factores causantes del envejecimiento celular. Jorge Membrillo y su grupo —compuesto por ocho estudiantes de maestría y doctorado— analizan este fenómeno tomando como modelo a la bacteria Escherichia coli y han demostrado por primera vez que un tipo de proteína llamado “chaperona molecular” sirve de escudo contra dicho fenómeno. “Ahora necesitamos entender cuestiones básicas y tenemos ante nosotros retos fantásticos: ¿cómo es que los escudos moleculares detienen la oxidación?, ¿cómo es que éstos previenen la degradación de las proteínas?, ¿cómo puede retrasarse el envejecimiento?”.

Éste es Jorge Membrillo, un joven científico mexicano empeñado en incursionar por nuevos derroteros de la microbiología al servicio de la salud y la vida.

Personalmente

Autorretrato. Soy alegre aunque puedo ser gruñón y exigente. Me considero alguien con mucha suerte que tuvo la oportunidad de estudiar y supo aprovecharla.

Defecto. La impaciencia.

Virtud. Saber escuchar.

Pasiones. El ajedrez y el equipo de fútbol Atlante.

Amores. Mis padres, hermanos, mi abuelita y Xochimilco.

Arte. La música y la danza clásicas; también la música de los años ochenta y noventa.

Concepción Salcedo

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