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18 de octubre de 2017
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¿Quién es?
Valeria Souza
Foto: Adrián Bodek

No. 56 Valeria Souza

Energía desbordante

El día que se realizó esta entrevista, 28 de abril, era el cumpleaños de la doctora en ecología por la UNAM, Valeria Souza Saldívar. “Si vivo hasta los 80, estoy a la mitad de mi vida y eso me encanta”. Irradia una vitalidad como de río; no es un derroche de energía, sino un permanente, alegre, equilibrio. Tal vez algo tiene que ver con eso el té, su bebida predilecta, que le parece maravilloso, “el té negro te relaja, el verde te despierta”.

“Yo fui una bióloga chiquita. A los 10 años quería ser bióloga y a los 12, cuando me enteré de la existencia de la genética, supe que me dedicaría a esto”. Y algo de esa bióloga pequeña reaparece en el sonido que Valeria emite cuando no le llega una respuesta enseguida. Suena como un “mmmh” muy corto, que acompaña con una sonrisa ligeramente de lado. “La ciencia es buscar patrones, seguir la intuición y eso es profundamente liberador. Seguir tu olfato. Los científicos somos las personas más libres del mundo. Nos pagan por ser libres de pensamiento”.

Siempre está rodeada de gente joven. Al entrar en su Laboratorio de Evolución Molecular y Experimental, del Instituto de Ecología de la UNAM, es común encontrar a media docena de jóvenes, algunos frente a computadoras con gráficas de códigos genéticos en las pantallas, otros frente a los refrigeradores y mesas de trabajo. “La docencia es ayudar a la gente a crecer y ser ella misma. Provocar que se conozcan, no sólo que agarren una pipeta, sino que sepan por qué quieren agarrarla, cuáles son las preguntas que se hacen”. A ella le ha dado por preguntar todo acerca de la evolución de las bacterias. Son su especialidad, sobre todo la Escherichia coli. “Las bacterias son las reinas de la supervivencia, si juntamos las que hay en todo el mundo pesan más las bacterias que todos los animales y las plantas; son muy abundantes y sin ellas no hay vida, no hay plantas, todas las cadenas alimenticias inician con bacterias y sabemos muy poco de ellas porque han sido despreciadas por su tamaño. Las bacterias tienen una extraordinaria migración de genes, es como si cruzaras a un elefante con un hongo, tienen una gran capacidad de adquirir genes de otros lados, eso las hace conquistar lo que sea y vivir donde sea.

“Coli —así llama familiarmente a su bacteria consentida, causante del síndrome urémico, que es mortal; de la colitis hemorrágica, diarreas infantiles, meningitis, enfermedades urinarias y principal origen de septicemia en hospitales— es un ser extraordinariamente plástico, varía de tres a cinco millones de pares de bases (las combinaciones de adenina, citosina, guanina y timina que conforman el código genético), es el organismo modelo por excelencia. La conocemos mucho fisiológicamente porque la han estudiado médicos y teóricos sobre todo, pero no evolutivamente, así evolución, literalmente, por cielo, mar y tierra: en ballenas, jaguares, murciélagos, para descifrar su evolución. Y ha sido maravilloso porque una vez que entiendes lo que es normal se ve más claramente lo que no lo es y la evolución biológica sirve para más allá de descubrir el estado de algo, saber cómo llegó allí”.

Ella, Valeria, llegó a donde está por su terquedad. Y para muestra, un botón: en 1987, justo a la mitad de su doctorado en ecología, decidió tener a su primer hijo. “El instinto es poderoso, decidí demostrarles a los hombres, que me veían con cara de estar loca, que podía pensar y ser mamá al mismo tiempo. Al final, fui la segunda en titularme de esa generación. Creo que se puede hacer todo en la vida, sí se puede”.

En efecto, esta mujer no para; actualmente, además de sus investigaciones en el Instituto de Ecología, es tutora en el posgrado de Ciencias Biomédicas y en el de Ciencias Biológicas de la UNAM, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, de las sociedades científicas internacionales más reconocidas sobre el tema y ha conformado una colección de cepas de E. Coli única en el mundo.

Personalmente

Hábitat ideal. Me gusta mucho el mar; estaría en una playa con un muy buen laboratorio. Me encantan los perros; tendría una casa grande con muchos niños, perros y plantas, no selva, soy más domesticada, soy bióloga pero la idea de que me persiga un jaguar no me atrae.

Pasiones. La pintura. Tamayo, por los colores y porque me parece muy armonioso. Me gustan Modigliani y los impresionistas, mi favorito es Monet. De hecho, en algún momento quise ser pintora. Es el mismo cerebro que hace las dos cosas: buscar patrones, ver patrones, pero no soy un espíritu tan feroz.

Los hijos. Son lo mejor que he hecho, la razón de vivir. Si en 1987 me hubieran dado a escoger entre el Premio Nobel y mis hijos, hubiera escogido a mis hijos.

Jimena Camacho

En ediciones anteriores
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En busca de otros mundos

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Lo interesante está al final

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Aguas profundas: crónica de un desastre anunciado*

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