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16 de enero de 2018
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¿Quién es?
Jesús Caballero Mellado
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No. 81 Jesús Caballero Mellado

Explorador del mundo microscópico

La exuberancia de vegetación de Cuernavaca nos hace pensar en la biodiversidad. Pero ésta no sólo se encuentra donde alcanza la mirada... Hay mucha más donde no se ve. Esto lo sabe muy bien Jesús Caballero Mellado, investigador del Programa de Ecología Molecular y Microbiana del Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM, en Morelos. El doctor Caballero relata que cierta vez, en su natal Tampico, la tarde de pronto se oscureció por una nube de mariposas que surcaban el cielo. “Creo que en algo me infl uyeron esas migraciones que atestigüé durante mi primera infancia”, porque, como su madre aún le recuerda, “ya a los cinco años pasaba horas, tirado de panza, observando a las hormigas”.

Todavía niño, se trasladó con su familia a la Ciudad de México, adonde lo siguió su gusto por la biología. Al decidir su profesión, optó por el estudio del mundo microscópico y cursó la carrera de químico bacteriólogo y parasitólogo en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional. “Nos preocupamos mucho por la desaparición de las especies que vemos, olvidándonos de los microorganismos que nadie ve sino con microscopio”, señala. Y en tono bromista agrega que ningún grupo ecologista habla de defender a las especies microbianas.

No obstante, la vida del planeta depende de estos organismos diminutos. “Toda la transformación de la materia orgánica se debe a los microorganismos”. Al iniciar sus estudios, Jesús Caballero se dio cuenta de que, además, ese pequeño mundo podía cultivarse, para emplearlo en benefi cio humano. “Leía sobre los problemas en la producción de alimentos, y pensé que podía hacer una contribución”. Explica que con los microorganismos es posible efectuar una gran cantidad de procesos. “Allí fue donde comencé a concentrarme en los aspectos de su uso en la agricultura”.

En aquel tiempo --treinta años atrás-- se hablaba básicamente de una bacteria del género Rhizobium, asociada especialmente con las leguminosas (frijol, soya, trébol), que hace crecer los cultivos. Su principal propiedad es que es una de las bacterias fijadoras de nitrógeno: ellas transforman en el suelo el nitrógeno atmosférico adicionándole hidrógeno para formar amoniaco. Las plantas no pueden aprovechar el nitrógeno presente en la atmósfera, pero el amoniaco sí.

También entonces comenzó a observarse que las bacterias producen otro tipo de sustancias, que igualmente ayudan al crecimiento de las plantas. En los años setenta Caballero empezó a colaborar en el laboratorio de la doctora María Valdés, de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, “quien contribuyó de una forma importante en mi carrera”. Otra gran infl uencia fue la célebre científi ca brasileña Johanna Döbereiner, descubridora de la bacteria Azospirillum. A partir de los estudios de la doctora Döbereiner, Caballero buscó esa bacteria en México, y la encontró asociada a varias plantas del país, como cactus y nopales. “Al adicionárselas a otras plantas, vimos cómo éstas crecían mucho más, sin necesidad de fertilizantes ni pesticidas”.

Para este científico, quien obtuvo la medalla Gabino Barreda al finalizar su doctorado en investigaciones biomédicas en la UNAM, “lo más fascinante de la investigación es encontrar cada día un nuevo detalle que desconocíamos y que nos lleva a más preguntas. Es el placer de ir descubriendo la naturaleza, rescatar ese conocimiento para exhibirlo a la luz pública”.

“Tenemos una biodiversidad enorme, desconocida. Cuando mucho, se han descrito actualmente unas 10 mil especies bacterianas. Nos falta mucho por conocer de la vida microscópica, y aún más sobre sus actividades, que podríamos utilizar para lograr una mayor producción de alimentos, y evitar la contaminación por agroquímicos”. Caballero descubrió, junto con su equipo, nuevas especies bacterianas del género Burkholderia, potencialmente valiosas para la agricultura mexicana.

Con una rutina regular, “ahora que los hijos crecieron”, este investigador dedica muchas horas a sus investigaciones y también a “hablar con los estudiantes y técnicos, examinar resultados... Parte de este tiempo no es para el trabajo propio, pero también es muy satisfactorio”. Eso sí, precisa que después de comer no falta una buena sobremesa con su esposa, Irma. “En Cuernavaca, esto sí es posible”.

Personalmente

Su mayor orgullo. Mis hijos: Erivan y Vanadis. Son jóvenes que están muy contentos con lo que hacen, y también se divierten. Ambos estudian sus carreras en la Ciudad de México. Van abriéndose camino.

Valor primordial. La honestidad y la lealtad. Muchos de los problemas son por falta de honestidad. Afortunadamente, los científi cos hemos aprendido a ser muy honestos. El científi co no puede decir mentiras. No está escrito en ningún lado, pero creo que lo tenemos como un precepto.

Bacteria favorita. Durante muchos años fue la Azospirillum. Me ha dado muchas satisfacciones. Pero, a partir del 2000, encontramos todo un grupo de bacterias del género Burkholderia, que ocupan ahora prácticamente todos los temas de investigación en el mundo. Una de ellas se nombró por la UNAM, la Burkholderia unamae.

Verónica Guerrero Mothelet

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