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24 de junio de 2018
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¿Quién es?
Carlos González-Rebeles Islas
Foto: Adrián Bodek

No. 92 Carlos González-Rebeles Islas

Amante de la fauna silvestre

A veces puede ser difícil llegar a donde nos proponemos, pero con voluntad y empeño, no hay imposibles. Pregúntenle si no a Carlos González-Rebeles Islas, profesor del Departamento de Etología, Fauna Silvestre y Animales de Laboratorio de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM.

Desde su infancia, Carlos se sintió atraído por la naturaleza. En sus andanzas por el jardín de sus tíos, recolectaba todo tipo de bichos, y una de sus mayores sorpresas fue descubrir, entre las plantas, una tortuga viva. “Mi gusto por los animales era la pesadilla de mi mamá, porque a veces se me escapaban dentro de la casa, pero orientaron mi vocación hacia el trabajo con fauna”.

Esa curiosidad se convirtió en un deseo de saber cada vez más sobre los animales y aquel niño que coleccionaba desde insectos acuáticos hasta ranas y culebras comenzó a interesarse seriamente en los aspectos biológicos de la fauna. Explica que originalmente quiso ser biólogo, pero lo intimidaban las materias como matemáticas o química; por ello eligió la carrera de veterinaria, en la UNAM.

“Pensé que podría olvidarme de los números... ¡qué error!”, exclama sonriente. El problema fue descubrir que no le gustaba la medicina, crucial para la veterinaria. “Me fue difícil, e incluso pensé en cambiar de carrera, pero me gustaban mucho los animales, y seguí adelante”.

Al estudiar zootecnia —las técnicas de aprovechamiento de los animales útiles al hombre—, se le ocurrió utilizarla para trabajar con fauna silvestre. Como el programa de la carrera no cubría las materias que más le interesaban, complementó su aprendizaje con la lectura de libros. “Mi clave ha sido averiguar lo más posible sobre los temas que me apasionan. Eso me ha servido mucho a lo largo de mi carrera”.

Sus colegas se orientaban más a los campos habituales de la veterinaria, relata. “Yo era como el raro, porque me gustaba la fauna silvestre. Pero encontré a otros amigos que coincidieron conmigo”. Todos investigaban por su cuenta sobre estos temas y compartían la información. Ello hizo que, tiempo después, crearan un grupo más formal, el Centro Veterinario de Conservación de la Fauna Silvestre.

Entre otras cosas, se propusieron abrir el campo de la veterinaria hacia el trabajo con fauna silvestre, desde una perspectiva distinta a la que tiene la biología. “Eso fue lo que realmente influyó en mí”, señala. En su grupo comenzó a reunirse con compañeros de la Facultad de Ciencias, en una cofradía a la que llamaron FAUNAM donde realizaban seminarios de discusión, exposiciones y hasta presentaciones en congresos.

Al recibirse, Carlos González-Rebeles intentó integrarse a un área laboral relacionada con fauna silvestre. No era fácil, ya que se consideraba que las tareas de conservación correspondían a los biólogos. Por ello, comenzó para él una larga expedición, con algunas desviaciones, para alcanzar su meta.

Por el camino encontró a personas que lo apoyaron e impulsaron, así como dos excelentes oportunidades para realizar posgrados en el extranjero. La primera en Gran Bretaña, y la segunda en los Estados Unidos, donde se especializó en el manejo de fauna silvestre.

De nuevo en México, volvió a tener contacto con colegas interesados en fauna silvestre y entre todos influyeron para que la carrera de médico veterinario incluyera materias relacionadas con la conservación. “Cuando la cursé, el currículum del veterinario no contemplaba estas áreas, y me interesaba promover la zootecnia como una herramienta de conservación”.

Ahora, gracias al trabajo de equipo, se ha planteado un nuevo plan de estudios con esta nueva perspectiva. “De una materia que teníamos, ahora contamos con cinco, entre ellas una que introduce al alumno al manejo de poblaciones, más allá de los animales de zoológico, para que conozca la biodiversidad de México. Es la primera facultad de veterinaria del país que tiene un área de fauna. Además, hay dos especialidades nuevas, relacionadas con la conservación y el aprovechamiento de fauna silvestre. Antes pensaba que bastaba aprovechar la fauna silvestre como herramienta de conservación; ahora sé que esto no es suficiente. Sólo funciona desde una perspectiva integral”, explica Carlos González-Rebeles.

Profundamente interesado en la investigación y con muchos proyectos por delante, el doctor González-Rebeles recuerda los días difíciles, en los que tuvo que aventurarse e insistir mucho. Hoy, “cuando mis alumnos me preguntan si esto de la fauna es difícil, les contesto que sí, pero que si quieren y se esfuerzan, van a lograrlo. Y vale la pena”.

Un día en la vida

Mi día típico es... sin tiempo. Con montones de actividades, desde preparar una clase antes de partir a una visita de campo, hasta correr al aeropuerto. Pero es divertido. En los espacios, la familia busca reunirse, aunque todos tienen sus tareas: mi esposa es investigadora, mi hijo estudia medicina y mi hija, la preparatoria. Al volver a casa, luego de “tanto trabajo”, veo que ellos siguen trabajando. ¡Son mi inspiración!

Verónica Guerrero Mothelet

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