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23 de octubre de 2018
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¿Cómo ves?
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Ráfagas

No. 144

Los premios Ig Nobel 2010

30 de septiembre. El lugar es el Teatro Sanders de la Universidad de Harvard, en Cambridge, Massachusetts. La ocasión es la ceremonia de entrega de los premios Ig Nobel 2010, los más irreverentes y jocosos que se otorgan desde hace 20 años en la ciencia por investigaciones serias, rigurosas, publicadas en revistas especializadas de prestigio. Las 1 200 localidades del teatro están ocupadas y los asistentes ya tienen a la mano los tradicionales avioncitos de papel que lanzarán al escenario. También está listo Roy Glauber, premio Nobel de física en 2005, con una escoba para barrer los avioncitos una vez que el público pruebe su puntería. Otro asiduo a esta ceremonia es William Lipscomb, premio Nobel de química en 1979 y quien está por cumplir 92 años. Esta noche Lipscomb se prestará a que lo rifen en el concurso ""Gane una cita con un premio Nobel". La lista de los premios Nobel presentes no termina aquí: están también Sheldon Glashow (física, 1979), James Muller (paz, 1985) y Frank Wilczek (física, 2004). Todos ellos entregarán los Ig Nobel a los galardonados: diplomas y bases de madera con una caja de petri poblada de invisibles bacterias. Entre un acto y otro de una delirante ópera sobre bacterias, los ganadores del Ig Nobel 2010 reciben su galardón y pronuncian un discurso sobre el trabajo de investigación que se premia esta noche. Tienen un minuto para hablar; si se pasan, una adorable niña de ocho años, Miss Sweetie Pooh, les indicará que su tiempo ha terminado con estas palabras: por favor cállese, ya me aburrió". Para Marc Abrahams, creador de los Ig Nobel y quien conduce la ceremonia, "todo niño debe tener la oportunidad de callar a un adulto por lo menos una vez".

Estrella Burgos

Luego de varios preámbulos, empieza la entrega de los premios. En primer lugar salen por un telón portátil de color rosa las investigadoras mexicanas Karina Acevedo y Agnes Rocha, de la Sociedad Zoológica de Londres, y la canadiense Diane Gendron, del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas del Instituto Politécnico Nacional. Diane lleva muchos años en nuestro país estudiando ballenas. Las tres reciben con muy buen humor el Ig Nobel de ingeniería por "perfeccionar un método para colectar mocos de ballena usando un helicóptero a control remoto". En realidad, dirán luego en entrevista con ¿Cómo ves?, se trata de obtener muestras del soplo de las ballenas: la exhalación de estos animales cuando salen a la superficie a respirar. En esa exhalación quizá haya bacterias infecciosas que pueden provocar problemas respiratorios a sus enormes portadores: ballenas azules y grises, y cachalotes. Karina explica que el helicóptero lleva cajas de petri en posición ver tical. Cuando la ballena sale a respirar, dirigen el helicóptero hasta donde pueda atrapar muestras del soplo. Lo que buscan son datos del estado de salud de las poblaciones de ballenas.

El premio de medicina corresponde a Ilja van Beest y Simon Rietveld, de Holanda, por descubrir que "los síntomas del asma se pueden tratar con un paseo en la montaña rusa". El de física es para Lianne Parkin, Sheila Williams y Patricia Priest, de Nueva Zelanda, por "demostrar que en caminos cubiertos por el hielo durante el invierno, la gente se resbala y se cae menos si se pone calcetines por encima de las botas". El de salud pública se otorga a Manuel Barbeito, Charles Mathews y Larry Taylor, de Estados Unidos, por "determinar mediante experimentos que los microbios se aferran a las barbas de los científicos". También se entregan premios de transporte, paz, economía y administración. En ciencias sigue el de química: es para dos científicos estadounidenses, Eric Adams y Scott Socolofsky, y la compañía British Petroleum, por refutar la creencia de que el agua y el aceite no se mezclan (en inglés, el término oil se usa tanto para nombrar el petróleo como el aceite común).

Para muchos lo mejor llega al final de la ceremonia. Es el premio de biología: se otorga a Libiao Zhang, Min Tan, Guangjian Zhu, Jianping Ye, Tiyu Hong, Shanyi Zhou y Shuyi Zhang, de China, y Gareth Jones, del Reino Unido, por "documentar científicamente que en los murciélagos de la fruta se da la felación". Se trata del primer caso registrado de sexo oral en una especie que no es la humana. El murciélago en cuestión (Cynopterus sphinx) vive en el sur y sureste de Asia. Su peculiar comportamiento sexual tiene como resultado apareamientos mucho más prolongados y, por lo tanto, mayores posibilidades de producir descendencia. La ceremonia concluye con el tradicional discurso de despedida; consta de sólo dos palabras: "Hasta luego". Pero las sorpresas no han terminado. El 5 de octubre se da a conocer que Andre Geim comparte con Konstantin Novoselov el premio Nobel de física 2010. Geim obtuvo el Ig Nobel en el 2000. Esto lo convierte en la única persona en ganar ambos premios. Nadie más apropiado para participar en la próxima entrega de los Ig Nobel.

Nobel de química

La Real Academia Sueca de Ciencias distinguió este año con el premio Nobel de química a Richard F. Heck, de la Universidad de Delaware, Ei-ichi Negishi, de la Universidad Purdue, ambas estadounidenses, y a Akira Suzuki, de la Universidad de Hokaido, Japón. Los tres científicos recibieron el galardón por el desarrollo de reacciones de acoplamiento cruzado catalizadas por paladio, "herramientas químicas que han mejorado enormemente la capacidad de fabricar compuestos avanzados; moléculas basadas en el carbono que son tan complejas como las creadas por la naturaleza misma", señaló el Comité del Nobel.

El carbono es la base de la vida; con el oxígeno forma el óxido de carbono, molécula vital para el crecimiento de las plantas; con el hidrógeno forma los hidrocarburos y combinado con oxígeno, hidrógeno, nitrógeno y otros elementos, forma gran variedad de compuestos orgánicos como los ácidos grasos y las proteínas, sin las cuales la vida no sería posible.

Haciendo uso de la capacidad del carbono para proporcionar una estructura estable para las moléculas, se ha producido una amplia gama de medicamentos y materiales nuevos.

Para crear compuestos orgánicos complejos, los químicos deben enlazar átomos de carbono, lo que resulta difícil ya que el carbono es un elemento estable y no reacciona con otros carbonos fácilmente. Los tres galardonados solucionaron este problema al desarrollar métodos que, utilizando como catalizador el paladio, lograron producir moléculas complejas sin generar productos indeseables, como sucedía en procesos previos. Se trata de tres reacciones similares: Heck desarrolló una reacción que lleva su nombre a finales de los años 60, y Ei-ichi y Suzuki lo hicieron una década después. Hoy estas reacciones se usan en todo el mundo para producir fármacos (en especial medicamentos empleados en tratamientos contra el cáncer y el sida), en el desarrollo de materiales, en la industria electrónica y en compuestos útiles en la agricultura, entre otros.

Nobel de física

Dos científicos rusos, Andrei Geim y Konstantin Novoselov, ambos de la Universidad de Manchester en el Reino Unido, obtuvieron el premio Nobel de física por aislar el grafeno, que procede del grafito y es 200 veces más resistente que el acero, además de ser más ligero y flexible.

Geim y Novoselov extrajeron el grafeno de una pieza de grafito, como la que se encuentra en los lápices ordinarios. Se dieron a la tarea de eliminar las impurezas en un trozo de grafito y, utilizando cinta adhesiva, fueron desprendiendo las capas de grafito para obtener capas cada vez más delgadas. El grafeno consiste en una sola capa de grafito de un átomo de espesor. Es un cristal bidimensional constituido por átomos de carbono entrelazados en forma de panal de abeja, estructura que le da flexibilidad, ligereza, gran resistencia y alta conductividad térmica y eléctrica. Su eficacia como conductor de la electricidad es parecida a la del cobre, y como conductor de calor es mejor que todos los materiales conocidos. Es casi completamente transparente, pero tan denso que nada lo atraviesa fácilmente.

Con el grafeno los físicos están estudiando una nueva clase de materiales de dos dimensiones con propiedades únicas, así como llevando a cabo experimentos relacionados con fenómenos de física cuántica. Se prevé que el descubrimiento tendrá también una enorme variedad de aplicaciones prácticas, entre otras, la fabricación de productos electrónicos innovadores como transistores de grafeno, que serán sustancialmente más rápidos que los de silicio que se utilizan actualmente. La compañía IBM ya fabricó un transistor de grafeno de prueba.

Dado que es prácticamente transparente y es un buen conductor, el grafeno es adecuado para la producción de pantallas transparentes, paneles de luz e incluso celdas solares. Si se mezcla con plásticos, el grafeno puede convertirlos en conductores de electricidad y hacerlos más resistentes al calor. Estas características podrán ser utilizadas en la producción de nuevos materiales muy duros pero también delgados, elásticos y ligeros. En el futuro se podrán construir satélites, aviones y automóviles con materiales derivados del grafeno.

Nobel de fisiología y medicina

El científico británico Robert Edwards es el ganador del premio Nobel de fisiología y medicina 2010 por "el desarrollo de la fertilización in vitro en los años 50", que ha supuesto "un hito en la medicina moderna", según anunció el Instituto Karolinska en Estocolmo, Suecia. "Sus hallazgos han hecho posible el tratamiento de la infertilidad, un problema médico que afecta a una parte importante de la humanidad", destacó el instituto.

En los años 50, Edwards tuvo la idea de que era posible fertilizar óvulos fuera de la placenta como método para luchar contra la infertilidad. Otros científicos habían logrado fertilizar óvulos de conejos en sus laboratorios, y Edwards decidió investigar si se podría usar un método similar en seres humanos. Durante más de 20 años Edwards persiguió este objetivo, descubriendo en el camino principios importantes acerca de la fertilidad humana. Entendió cómo maduran los óvulos humanos y cuál es el papel de diferentes hormonas en este proceso, así como el momento en que los óvulos se encuentran más susceptibles a ser fertilizados. También determinó las condiciones que permiten a los espermatozoides activar su capacidad de penetrar en el óvulo y fertilizarlo. En 1977 Edwards finalmente logró fertilizar un óvulo en su laboratorio, pero el huevo no se desarrolló mas allá de la primera división celular. Fue entonces cuando se puso en contacto con el ginecólogo Patrick Steptoe. Analizando los niveles hormonales de sus pacientes, pudieron determinar el mejor momento para extraer los óvulos y mejorar las posibilidades de que el embrión se desarrollara y se implantara con éxito. En este momento, el Consejo de Investigación Médica decidió retirar el financiamiento que les daba debido al escándalo que levantó la noticia de sus investigaciones. Sin embargo, Edwards y Steptoe obtuvieron donaciones privadas que les permitieron seguir con sus estudios.

En 1978, Lesley y John Brown llegaron a su clínica, después de nueve años de tratar infructuosamente de tener un hijo. Los científicos extrajeron el óvulo de Lesley, que tenía las trompas de Falopio lesionadas, y lo fertilizaron in vitro con espermatozoides de su pareja. El embrión resultante fue transferido a su útero y nueve meses después, el 25 de julio de 1978, nació Louise Brown, la primera niña de probeta. Aproximadamente 4 000 000 de bebés han nacido de esta forma desde entonces.

 

Martha Duhne

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