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27 de abril de 2018
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Ráfagas

No. 149

Extinción de especies y conservación

La evaluación más completa del estado actual de los vertebrados del mundo confirma que vivimos una crisis de extinción de especies; sin embargo, este patrón global de pérdida de la biodiversidad oculta el impacto real que han tenido las acciones de conservación exitosas. Sin ellas el panorama sería más negro, de acuerdo con una investigación internacional realizada por 177 científicos, entre los que se encuentran tres mexicanos: Gabriela Parra-Olea y Georgina Santos Barrera, de la UNAM, y Antonio Muñoz Alonso, del Colegio de la Frontera Sur.

Para el estudio, los investigadores reunieron información sobre taxonomía, distribución, tendencias de la población, principales amenazas, medidas de conservación y grado de amenaza que enfrentan 25 780 especies de vertebrados. Se utilizó el Índice de la Lista Roja (RLI por sus siglas en inglés), que elabora la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, una referencia ampliamente aceptada para evaluar el riesgo de extinción de acuerdo con varios criterios cuantitativos. Las categorías incluyen: sin riesgo, amenazadas, vulnerables, en peligro, en peligro crítico y extinto en estado salvaje. Existe también una categoría que agrupa a las especies sobre las que no hay datos suficientes para una evaluación.

Las especies que se encuentran en las categorías de peligro crítico, en peligro, o vulnerables se consideran en conjunto como amenazadas. De acuerdo con el estudio, una quinta parte de las especies de vertebrados se halla en esta situación, en un rango que varía de 13% del total, en el caso de las aves, a 41% en el de los anfibios. Los investigadores también calcularon los cambios temporales en este índice, es decir, cómo se modificó en los últimos 25 años el grado de conservación de las especies estudiadas de aves, mamíferos y anfibios. Como cabría esperar, el estado de los tres grupos ha empeorado, pero los anfibios son los que enfrentan los mayores riesgos.

Durante el periodo de evaluación (de 1980 a 2004), 662 especies de anfibios se desplazaron una categoría del Índice de la Lista Roja hacia la extinción. En el caso de las aves y mamíferos fueron 223 y 156 especies, respectivamente. Esto significa que en promedio 52 especies de aves, mamíferos o anfibios se acercaron a su extinción cada año de los últimos 25. Los patrones de riesgo de extinción son más graves en el sudeste asiático; entre las causas principales están las enormes plantaciones de cultivos para exportación (como las de aceite de palma), el comercio ilegal de madera, la conversión agrícola a campos de arroz y la caza furtiva. En América (desde California hasta América del Sur) y Australia los patrones de extinción más graves están relacionados con el declive en las poblaciones de anfibios, en especial por una enfermedad infecciosa llamada quitridiomicosis, que produce el hongo Batrachochytrium dendrobatidis. Y aunque resulta complicado medir los efectos que ha tenido el cambio climático, es claro que ha influido en el deterioro de muchas especies de vertebrados. En las últimas dos décadas se extinguieron dos especies de aves, una de Hawai y otra de Madagascar, y otras seis pasaron de la categoría de peligro crítico a posiblemente extinta. Cuando menos nueve especies de anfibios han desaparecido en este lapso y es probable que otras 95 se hayan extinguido. En los últimos 20 años ningún mamífero ingresó oficialmente a la categoría de extinción, salvo el delfín del río Yangtsé.

Dentro de esta maraña de malas noticias existe una positiva: 68 especies mejoraron su categoría en el índice RLI. Y salvo por cuatro casos en que la mejoría resultó de procesos naturales, en los demás se debe al trabajo directo de acciones de conservación. La mayoría de los ejemplos se refieren a mamíferos y aves, grupos donde la historia de conservación es más sólida. Sólo cuatro especies de anfibios mejoraron su situación, pero esto puede deberse a que la crisis de la extinción de anfibios es un fenómeno nuevo y las acciones para su conservación son recientes.

El estudio, publicado en la revista Science, sugiere qué acciones de conservación pueden tener resultados exitosos. Si de verdad nos interesa cambiar el panorama de la pérdida de biodiversidad, necesitamos frenar la destrucción y degradación de los ecosistemas y promover el uso sustentable de nuestros recursos naturales… los que aún nos quedan.

Metáforas poderosas

En un estudio realizado por científicos del Departamento de Psicología de la Universidad Stanford, en California, y publicado en febrero en la revista PLoS (Public Library of Science, se encontró que usar metáforas para tratar temas sociales complejos influye de manera drástica en la manera en que el público procesa y asimila la información. La metáfora es una asociación de dos términos que aparentemente no guardan ninguna relación y en la que se traslada el sentido estricto de las palabras a otro figurado, por ejemplo, "la primavera de la vida".

Los investigadores diseñaron varios experimentos para analizar un tema que representa enormes costos a la sociedad estadounidense actual: el de la violencia. En Estados Unidos se cometen más de 11 millones de delitos al año.

En un experimento, se entregó a los participantes un informe del aumento en los índices de criminalidad en la ciudad de Addison y se les pidió que propusieran soluciones. Para la mitad de los participantes, se definió al crimen como una bestia que devoraba a los habitantes de la ciudad, y para la otra mitad, como un virus que la infectaba y destruía. Los datos estadísticos que se entregaron a los dos grupos eran idénticos. Los resultados muestran que las metáforas utilizadas influyeron en las soluciones propuestas por cada grupo. Cuando se usó la metáfora de un virus, los participantes pusieron mucho énfasis en intentar erradicar la pobreza y mejorar la educación. Y cuando el crimen se comparó con una bestia, las soluciones planteadas se relacionaron con encarcelamientos y castigos más estrictos.

En un segundo experimento, la metáfora fue una sola palabra; es decir, simplemente un virus o una bestia. Los resultados fueron muy similares al primer experimento, lo cual mostró que las personas extraen espontáneamente información relevante de una metáfora, aunque sólo se trate de una palabra.

En el tercer experimento, al principio se pidió a los participantes que dieran sinónimos de bestia o de virus y luego se les entregó el mismo informe sobre los índices de criminalidad en Addison, sin que aparecieran las metáforas dentro del texto. En este caso, no se encontraron diferencias marcadas en las soluciones planteadas por ambos grupos, lo que sugiere que el poder de las metáforas se pierde si se encuentran fuera de contexto.

Uno de los resultados más interesantes fue que sólo el 3% de los participantes respondió que la parte del texto que más influyó en sus respuestas fue la metáfora utilizada; la mayoría consideró que se trató de los datos estadísticos.

En conjunto, los resultados de este estudio sugieren que, sin que lo sepamos, las metáforas influyen poderosamente en nuestras opiniones sobre los problemas sociales que enfrentamos.

Agujero supermasivo

En el centro de la galaxia M87 se encuentra un objeto celeste espectacular: un agujero negro con una masa equivalente a 6 600 millones de soles, lo que lo convierte en el más masivo de los agujeros negros que se han detectado hasta ahora, de acuerdo con Karl Gebhardt de la Universidad de Texas.

La galaxia M87 se localiza a cerca de 50 millones de años luz del Sistema Solar, en el Cúmulo de Virgo. Se trata de una galaxia elíptica gigante: su diámetro es poco mayor que el de la Vía Láctea, pero es mucho más gruesa, y por esto es aproximadamente 10 veces más masiva.

Un agujero negro es una región del espacio- tiempo que se produce por una enorme concentración de masa en su interior y por lo tanto una densidad enorme. Esto genera un campo gravitacional tan intenso que no deja escapar ninguna partícula, ni siquiera la luz. Todo agujero negro está rodeado de una frontera llamada horizonte de eventos, a partir de la cual nada puede salir.

La masa del agujero negro M87 se había calculado en 3 000 millones de soles, casi 1 000 veces más masiva que el que se encuentra en el centro de nuestra galaxia. Para obtener mediciones más precisas, Gebhardt y sus colegas utilizaron el Telescopio Frederick C. Gillett Gemini, de Mauna Kea, Hawai. Midieron la velocidad con que las estrellas viajan alrededor del agujero negro, y con esta velocidad, de aproximadamente 500 km/s, pudieron calcular la masa del agujero negro. Es la estimación más precisa que se ha podido obtener hasta la fecha para un agujero negro supermasivo", aseguró Gebhart. El horizonte de este agujero negro es cuatro veces mayor que la órbita de Neptuno.

Es probable que agujeros negros tan masivos como el de la galaxia M87 crezcan no sólo por el gas y las estrellas que caen dentro de él, sino por fusiones sucesivas de agujeros negros más pequeños. Incluso la galaxia M87, con mucho la más masiva del Universo cercano, podría ser el resultado de la suma de cientos de galaxias más pequeñas que se han fusionado a lo largo de millones de años. Gebhardt dio a conocer los resultados de esta investigación en el 217º Congreso de la Sociedad Estadounidense de Astronomía, realizado del 9 al 13 de enero de 2011, en la ciudad de Seattle.

Uretras de laboratorio

Investigadores del Laboratorio de Tejidos del Hospital Infantil de México Federico Gómez, en la Ciudad de México, y del Instituto de Medicina Regenerativa de la Universidad Wake Forest, en Carolina del Norte, Estados Unidos, dieron a conocer en un artículo publicado en la revista The Lancet el pasado 7 de marzo un avance importante en el campo de la medicina regenerativa. Por primera vez se logró utilizar células extraídas de cinco pacientes para crear uretras y reemplazar con éxito el tejido dañado. La uretra es el conducto que transporta la orina de la vejiga al exterior y puede presentar daños como consecuencia de lesiones, enfermedades o defectos congénitos que en casos graves pueden llevar a la incapacidad para orinar y causar infecciones graves. Los resultados de esta investigación mostraron el potencial de las terapias basadas en células.

Los pacientes elegidos fueron cinco niños que tenían la uretra dañada o muy enferma. Los científicos realizaron una biopsia y extrajeron una sección muy pequeña de tejido, del tamaño de la mitad de un sello de correos. Al tejido agregaron varias sustancias que alimentan a las células e impulsan su crecimiento. Posteriormente aislaron dos tipos de células: musculares para la capa externa de la uretra, y endoteliales, que son las que recubren el interior de los vasos sanguíneos y otras estructuras tubulares, para la capa interna. Las células se multiplicaron en el laboratorio por un periodo de entre tres y seis semanas y después fueron colocadas sobre un material para dar al tejido la forma adecuada, con las células musculares hacia fuera y las endoteliales en el interior. Luego las dejaron durante siete días en una incubadora y las células empezaron a formar láminas. Cuando ya tenían el tamaño y grosor requerido, fueron implantadas en los pacientes, sustituyendo los segmentos que estaban dañados. Poco después las láminas empezaron a formar tejido nuevo y en cerca de un mes, ya eran totalmente funcionales.

Por medio de biopsias, los científicos descubrieron que a los tres meses las uretras regeneradas contaban con capas de células normales. Se realizaron pruebas para medir el flujo de orina y el diámetro de la uretra varias veces hasta cumplir seis años, lapso en que las uretras regeneradas seguían funcionando.

 

Martha Duhne

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