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22 de julio de 2018
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Ráfagas

No. 151

El patrimonio natural español en un portal

El Ministerio del Medio Ambiente de España presentó en mayo el resultado de un enorme proyecto que cuenta con dos vertientes: el Inventario del Patrimonio Natural de España y una plataforma en línea que reúne esta información y la pone al servicio de las personas interesadas.

El Inventario se hizo con el fin de adquirir el conocimiento más completo posible a la fecha sobre el estado de la biodiversidad española; contiene la distribución, abundancia, estado de conservación y utilización de los elementos terrestres y marinos que integran el patrimonio natural español.

No se trata solamente de señalar que en un ecosistema dado existe una población de una especie de mamífero, por ejemplo, sino de añadir información relevante, por ejemplo acerca del riesgo de inundaciones en esa región, las especies amenazadas, el grado de erosión de los suelos y las especies invasoras. A partir de este catálogo, el Ministerio del Medio Ambiente planea realizar un informe anual que evalúe el estado de conservación de la naturaleza. “La biodiversidad ya no puede ser una foto fija, sino cambiante y global. Pasó el tiempo de las farragosas descripciones”, señaló el director general de Medio Natural y Política Forestal, José Jiménez, quien encabeza el proyecto.

Al mismo tiempo, se lanzó un sitio en Internet impulsado por la Fundación Biodiversidad, que busca acercar estos datos a la ciudadanía, con la idea de elevar el conocimiento sobre la materia y que la sociedad entienda el valor de la riqueza del medio ambiente.

El portal está diseñado para que los interesados puedan crear grupos de trabajo además de consultar datos específicos. También invita a añadir información al portal, pensando en que sean fuentes no oficiales, como organizaciones científicas, voluntarios o particulares. Esa información se sumará al catálogo oficial tras someterse a una revisión científica para comprobar su veracidad.

Una de las herramientas más llamativas de la plataforma es Biomap, una aplicación basada en la tecnología de Google Maps, que ayuda a ubicar sobre el terreno tanto la distribución de especies de fauna y flora como la historia de incendios y los límites de las áreas protegidas. El sitio puede visitarse en la dirección: http:// www.biodiversia.es

La lengua del colibrí

Los colibríes poseen un secreto muy bien guardado, que se reveló en videos de muy alta velocidad: su lengua no funciona como un popote, como se pensaba hasta ahora, sino como una trampa de líquidos.

Todos los colibríes pertenecen a una sola familia, la Trochilidae, que cuenta con alrededor de 350 especies en el continente americano. Son las aves más pequeñas que existen, pero a pesar de ser diminutas (miden de cinco a 20 cm de largo) consumen grandes cantidades de néctar, hasta 14 veces su peso corporal cada día. Necesitan mucha energía para impulsar su acelerado metabolismo: un corazón que late más de 1 200 veces por minuto y unas alas que se mueven más de 90 veces por segundo.

Los especialistas pensaban que la lengua del colibrí, que se bifurca, funcionaba por capilaridad, como dos popotes o tubos muy delgados, y de esta forma absorbía el líquido. La capilaridad es una propiedad física del agua que le permite avanzar a través de un canal (de unos milímetros hasta micras de ancho) siempre y cuando se encuentre en contacto con las dos paredes, como cuando mojamos la esquina de un terrón de azúcar con agua y ésta va llenando los pequeños espacios que se encuentran entre los minúsculos cristales de la sacarosa hasta humedecerla totalmente.

Alejandro Rico-Guevara y Margaret Rubega, investigadores del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Connecticut, Estados Unidos, se dieron a la tarea de entender con precisión el funcionamiento de la lengua del colibrí. Construyeron unas “flores” de vidrio con tubos transparentes llenos de agua con azúcar y después filmaron a los colibríes con cámaras de alta velocidad mientras bebían. Lo que vieron los sorprendió: las dos mitades de la lengua, que tienen forma de tubos, al sumergirse en el agua azucarada se abrieron permitiendo que entrara el líquido, y cuando la lengua se retrajo los dos tubos se cerraron y se pegaron entre sí. Es decir, no se trata de un par de tubos estáticos que logran absorber el néctar por capilaridad, sino que es un mecanismo dinámico que atrapa el líquido al cambiar su configuración y su forma.

Los investigadores observaron a 30 colibríes de 10 especies diferentes y todas utilizaron este método para beber el néctar. Y cuando experimentaron con la lengua de colibríes muertos, el resultado fue el mismo: el agua subió por medio del mismo mecanismo, lo que indica que este proceso no requiere de ninguna fuente de energía para funcionar. Los resultados de esta investigación se publicaron en el mes de mayo, en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, y son un ejemplo más de las increíbles adaptaciones que han desarrollado los seres vivos a través de millones de años.

Efectos de la falta de sueño

Investigadores de la Facultad de Psicología de la UNAM, en colaboración con la Universidad McGill de Montreal, Canadá, realizaron un estudio que demuestra que la privación de sueño en la fase MOR aumenta la reactividad emocional.

Podría parecer que al dormir simplemente cerramos los ojos y entramos en un estado de inactividad e inmovilidad hasta que despertamos, pero no es así; durante el lapso en que dormimos se produce una serie de cambios fisiológicos. Es común que al inicio del sueño se den contracciones musculares en las extremidades, y en algunos casos en todo el cuerpo. Después se pasa por varias etapas: la Fase I, de sueño ligero; la Fase II, en la que el sistema nervioso bloquea las vías de acceso a la información sensorial y nos desconectamos del entorno; la Fase III, donde el sueño es más profundo y que es esencial para que la persona descanse realmente; la Fase IV, en la cual la actividad cerebral es más lenta, el tono muscular está muy reducido y pueden darse sueños con luces y figuras, pero sin una historia; y la Fase MOR (por movimientos oculares rápidos), en la que soñamos en forma de narración y el tono muscular es nulo. Durante esta fase (que se da varias veces durante el tiempo que estamos dormidos), se activan áreas del sistema límbico, parte del cerebro involucrada con las emociones.

Para el estudio se realizó un experimento —a cargo de María Corsi Cabrera— con 19 individuos, a quienes se les despertaba justo cuando iniciaba la fase MOR, y un grupo control con personas a las que se despertó el mismo número de veces, pero nunca en la fase MOR.

Por las tardes se realizaron pruebas a los participantes en un aparato de resonancia magnética funcional, que mide la actividad metabólica cerebral. Dentro del aparato, las personas veían una serie de imágenes (por ejemplo, la foto de un hombre apuntado con una pistola o la cara sonriente de un bebé). La tarea consistía en apretar un botón si se sentían amenazados por lo que veían, y otro si no percibían ningún peligro.

Los resultados del estudio muestran que la reactividad a estímulos emocionales aumenta si una persona no ha tenido el sueño MOR necesario durante una noche, además de que aumenta su actividad cerebral metabólica. Esto sugiere un incremento en la excitabilidad cerebral y la necesidad de mayor activación para ejecutar una tarea.

Dispositivo para detectar cáncer cervicouterino

Investigadores del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey diseñaron un dispositivo portátil que detecta las primeras etapas de cáncer cervicouterino (CaCu) en dos minutos.

El CaCu es uno de los principales problemas de salud pública en el mundo; de acuerdo con estudios epidemiológicos, en promedio una mujer muere por esta causa cada dos minutos. En México es la segunda causa de muerte en mujeres con aproximadamente 6 000 decesos anuales, lo que significa que cada dos horas una mujer fallece por este tipo de cáncer.

El nuevo dispositivo combina una parte óptica y una electrónica; a través de una punta desechable que se inserta en el cuello uterino, y sin necesidad de tomar muestras de tejido, detecta la presencia de cáncer y graba esta información.

Hasta ahora, el método más común para detectar el CaCu es el Papanicolau, que presenta varias desventajas; la más importante es que depende del análisis humano, lo que da lugar a errores. Además es necesario tomar una muestra, enviarla al laboratorio y esperar cerca de una semana por los resultados, y la prueba no contempla el análisis interior de la pared cervical, donde también pueden existir células anormales.

La parte óptica del nuevo dispositivo detecta el desarrollo del cáncer irradiando el tejido a ciertas longitudes de onda con el propósito de medir el índice de refracción de la luz y determinar cambios físicos en las células, ya sea cromáticos o en el aumento del tamaño del núcleo. La parte electrónica registra las modificaciones que ocurren durante el desarrollo del cáncer en las células: éstas se amontonan, lo que disminuye la resistencia al paso de corriente.

Según Jesús Seáñez de Villa, director de la investigación, este dispositivo garantiza más de 90% de confiabilidad en sus resultados; el porcentaje del Papanicolau es 70.

Actualmente el dispositivo se encuentra en etapa de prototipo y ya cuenta con dos solicitudes de patente a nivel nacional y una internacional. En breve comenzarán las pruebas para obtener las certificaciones de la Secretaría de Salud. Seáñez asegura que esta tecnología podrá utilizarse para diagnosticar otros tipos de cáncer, como el de colon y de próstata.

Menos desperdicio, más alimentos

Cerca de un tercio de los alimentos que se producen cada año en el mundo para el consumo humano, aproximadamente 1 300 millones de toneladas, se pierden o desperdician, según advierte un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO por sus siglas en inglés).

La producción total de alimentos per cápita para el consumo humano se sitúa en cerca de 900 kg anuales en los países ricos y 460 kg en las regiones más pobres. En los países en desarrollo, el 40% de las pérdidas ocurre en las fases de poscosecha y procesado, mientras que en los industrializados más del 40% de las pérdidas se da a nivel de las ventas al por menor y del consumidor.

El informe ofrece diversas sugerencias para reducir pérdidas y desperdicios. En los países en desarrollo, el problema es básicamente el uso de técnicas de recolección inadecuadas, una gestión y logística poscosecha precaria y la ausencia de infraestructuras, procesado y empaquetado adecuados, además de falta de información para comercializar los productos de manera eficiente. El informe aconseja apoyar a los pequeños campesinos para que puedan enlazarse directamente con los compradores.

En los países de ingresos medios y altos, las pérdidas y desperdicios proceden en su mayor parte del comportamiento del consumidor. Se desperdician grandes cantidades de alimentos debido a las normas de calidad que dan excesiva importancia a la apariencia.

Encuestas realizadas para este informe indican que los consumidores están dispuestos a comprar productos que no cumplan las exigencias de apariencia siempre que sean inocuos y tengan buen sabor. Otra sugerencia importante es vender los productos agrícolas a los consumidores de forma más directa, sin tener que cumplir las normas de calidad de los supermercados. Esto se puede lograr a través de la venta en mercados de los campesinos y en las granjas. Una conclusión importante es que debemos aprender a ser mejores consumidores y de esta forma contribuir a la disminución del desperdicio de alimentos.es de consumirse.

 

Martha Duhne

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