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19 de enero de 2018
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Ráfagas

No. 152

Nuevas y singulares especies animales

Flotando a cientos de metros de altitud, sumergidos en las profundidades de los mares, trepados en el dosel de las selvas tropicales o incrustados en las paredes del intestino; los animales se han adaptado, a través de millones de años a vivir en las condiciones más extremas y extrañas. Una serie de expertos del International Institute for Species Exploration de la Universidad de Arizona, formaron un comité de científicos de todo el mundo para elegir las especies más raras descubiertas en el año 2010:

Tyrannobdella rex es una sanguijuela de cinco centímetros que a diferencia de otras tiene una sola mandíbula y enormes dientes. Esta T. rex fue descubierta en la membrana mucosa de la nariz de una niñita en Perú. Mycena luxaeterna es un hongo de cerca de ocho milímetros que habita en los bosques húmedos de la costa atlántica de Brasil y brilla con una luz verde muy intensa las 24 horas del día. Halomonas titanicae es una bacteria submarina que consume óxido de hierro, vive en condiciones de presión elevada y temperatura cercana a cero grados. Fue localizada devorándose el casco del Titanic. Halieutichthys intermediusz, conocido como pez hotcake, vive en el fondo del Golfo de México, justo en la región del derrame de petróleo que ocurrió ahí en el 2010. Saltoblattella montistabularis es una cucaracha que habita en Sudáfrica y cuenta con unas patas que le permiten trasladarse saltando. Varanus bitatawa es una lagartija de la isla filipina de Luzón que mide casi dos metros de largo y pesa poco menos de 10 kilos; es frugívora y vive en los árboles. Philantomba walteri es un nuevo tipo de antílope de África occidental, que sólo se ha visto en un mercado donde se ofrecía a la venta como carne de caza. Glomeremus orchidophilus es un grillo pequeño que sólo vive en la isla Reunión en el Océano Índico. Su importancia ecológica radica en que es el único polinizador de la orquídea Angraecum cadetii, que se encuentra en peligro de extinción, por lo que el destino de ambas está inexorablemente unido. Psathyrella aquatica es un hongo de la familia de los champiñones que habita en un río de Oregon y es el primer hongo subacuático en el mundo que conocemos. Caerostris darwini es una araña que vive en Madagascar y teje enormes telas sobre ríos y lagos; de hecho, teje las telas más largas (más de 30 metros) y más resistentes de que se tenga noticia. Para saber mas de estas especies únicas, consulta http://species.asu.edu.

Eficientes, las medidas para controlar pandemia en México

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, desde junio de 2009 hasta agosto de 2010, el mundo sufrió una pandemia del virus de la influenza humana, de la cepa A/H1N1, desconocida hasta entonces. La epidemia en México, segundo país con casos confirmados, fue detectada en abril de 2009, cuando las hospitalizaciones por una enfermedad respiratoria atípica se dispararon causando la muerte de 62 adultos jóvenes. En días, la Secretaría de Salud elaboró un plan de respuesta para limitar la propagación del virus en el Valle de México, incluyendo el cierre de las escuelas y la cancelación de grandes reuniones, que fue considerado por muchas personas como exagerado.

Dos años después, en mayo de 2011, la revista Public Library of Science, publicó los resultados de un estudio realizado por investigadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), y de la Universidad del Estado de Arizona, que proporciona la primera descripción epidemiológica integral de la estructura por edades, las regiones geográficas y la gravedad de la pandemia de la influenza A/H1N1 en México, y concluye que las medidas adoptadas fueron efectivas.

De abril a diciembre del 2009 se detectaron un total de 117 626 casos de enfermedades respiratorias agudas, y 27 440 (el 23.3% del total) resultaron ser casos del virus A/H1N1. Se identificaron tres olas de infecciones: abril y mayo en la Ciudad de México, junio y julio en los estados del sureste y una tercera ola geográficamente dispersa en el país en los meses de agosto a diciembre. La edad promedio de los casos confirmados fue de 18 años al inicio, pero aumentó a los 31 en los casos de otoño. La mortalidad general fue de 1.2%, que se elevó a 5.5% en los pacientes mayores de 60 años.

Los investigadores aplicaron un modelo matemático de la transmisión del virus, basado en datos obtenidos en el IMSS, para evaluar la efectividad de las medidas tomadas del 24 de abril al 11 de mayo para reducir las tasas de transmisión del virus en sus inicios. Y concluyen que el lapso de 18 días en que se ordenó el cierre de escuelas y otras medidas de aislamiento tomadas en el Valle de México al inicio de la epidemia, están asociadas con una reducción importante en las tasas de transmisión, que volvieron a aumentar a finales de mayo y principios de junio en los estados del sureste, cuando los estudiantes regresaron a clases. Los resultados de este estudio son muy importantes para diseñar intervenciones de salud pública más eficientes para enfrentar pandemias futuras.

Más agua de la que se creía en la Luna

El contenido de agua en la Luna es 100 veces mayor de lo que se creía, de acuerdo con un estudio dirigido por Erik Hauri del Instituto Carnegie y también por científicos de la Universidad de Brown.

Hasta hace muy poco los astrónomos pensaban que la Luna era un satélite natural prácticamente sin agua, salvo por algunos cráteres en los polos que podían albergar hielo. En el 2009 confirmaron que la cantidad de agua era mucho mayor, y en varios estudios se calculó en cerca de 600 millones de toneladas.

Hauri y sus colegas estudiaron muestras lunares colectadas hace décadas en la conmisión Apolo 17 de la NASA. En conjunto, las misiones Apolo, de Estados Unidos, y Luna, de la Unión Soviética, transportaron a la Tierra 382 kilogramos de rocas lunares, que aún siguen estudiándose.

Utilizando herramientas de nanotecnología midieron el contenido de agua en siete muestras del magma lunar que quedó atrapado dentro de cristales de olivina, un mineral rico en hierro y magnesio que se forma por la cristalización del magma.

Sabemos que la Luna tuvo actividad volcánica hace millones de años, y a diferencia de otros cristales volcánicos lunares estudiados con anterioridad, cuyo contenido de agua nunca excedía 50 partes por millón (ppm), estos cristales encapsularon el magma y lo aislaron del exterior antes de que ocurriera la erupción, lo que evitó que el agua y otras sustancias volátiles se escaparan. Estas inclusiones contienen de 615 a 1 410 ppm de agua, cantidad similar a la que se encuentra en el manto superior de la Tierra.

Las bajas cantidades de agua y otros elementos volátiles que se suponía se encontraban en la Luna eran evidencia de que ésta debió formarse a raíz de una gran impacto. Existen varias teorías sobre el origen de la Luna, pero la más aceptada es que la Tierra sufrió un choque con un gran cuerpo del espacio, parte de la masa salió expulsada y se aglutinó para formar nuestro satélite. Pero esta nueva investigación sugiere que dicha teoría debería ser reevaluada.

Gana mexicano el Premio Príncipe de Asturias

El neurobiólogo mexicano Arturo Álvarez- Buylla es uno de los tres ganadores del Premio Príncipe de Asturias 2011, en la categoría de Ciencia y Tecnología.

De acuerdo con el acta que emitió el jurado los descubrimientos de los neurólogos, el estadounidense Joseph Altman, Álvarez-Buylla y el italiano Giacomo Rizzolatti, “se encuentran entre los hallazgos más importantes de la neurobiología, cambiando nuestra forma de entender el cerebro, desde los tiempos del profesor Santiago Ramón y Cajal. Sus investigaciones abren nuevos caminos para el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer y el Parkinson, así como para la comprensión y posible tratamiento del autismo”.

El Premio Príncipe de Asturias es considerado el Nobel de Iberoamérica y el de Investigación Científica y Técnica se concede a la persona cuyos descubrimientos o labor de investigación representen una contribución relevante para el progreso de la humanidad en los campos de las matemáticas, física, química, biología, así como técnicas y tecnologías relacionadas con ellas.

Arturo Álvarez-Buylla Roces nació en México en 1958, estudió la licenciatura de Investigación Biomédica en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la que obtuvo la medalla Gabino Barreda con la que se premia a los estudiantes con los más altos promedios, y tomó cursos de posgrado en la misma universidad. En 1988 migró a los Estados Unidos, concretamente e la Universidad Rockefeller, donde se doctoró y trabajó hasta el 2000 como profesor. Actualmente es investigador del Centro de Investigación de Tumores Cerebrales en la Universidad de California, en San Francisco, y profesor en esa misma universidad.

Por mucho tiempo se pensó que las neuronas sólo se formaban en las etapas embrionarias y durante los primeros años de la vida de una persona. Álvarez-Buylla descubrió que una subpoblación de células gliales (que desempeñan de forma principal la función de soporte de las neuronas) intervienen activamente en la producción de nuevas neuronas en algunas regiones del cerebro, desde donde migran hacia otros sitios, siguiendo rutas específicas.

A la fecha, sólo siete mexicanos habían recibido esta distinción en la categoría de Ciencia y Tecnología: el ingeniero sísmico Emilio Rosenblueth en el 1985; el neurólogo Pablo Rudomín en 1987; el físico Marcos Moshinsky en 1988; el astrofísico Guido Münch en 1989; el bioquímico Francisco Bolívar Zapata en 1991 y el médico Ricardo Miledi en 1999. Y a la UNAM se le otorgó el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en el año 2009.

Abandono infantil y telómeros cortos

El estrés y el abandono que sufren algunos niños y niñas acortan sus telómeros, de acuerdo con un estudio dirigido por Stacy Drury de la Escuela de Medicina de la Universidad de Tulane en Nueva Orleans, que llevó a cabo con pequeños que crecieron en un orfanato en Rumania.

La investigación, publicada recientemente en la revista Molecular Psychiatry, es la primera que logra relacionar las experiencias traumáticas infantiles con la longitud de los telómeros, un marcador biológico del envejecimiento.

Los telómeros (del griego telos, final y meros, parte) se localizan en los extremos de los cromosomas. Se les ha comparado con las puntas plastificadas de las agujetas, porque su función es evitar que el material genético del cromosoma sufra daños, igual que estas puntas plastificadas impiden que las agujetas se deshilachen. Sin embargo, cada vez que la célula se divide, los telómeros se acortan y cuando ya son muy pequeños la célula pierde la capacidad de dividirse y se vuelve inactiva o “senil” y posteriormente muere. Este proceso está asociado con el envejecimiento, el cáncer o el riesgo de morir. En adultos, los telómeros cortos están asociados con mayores riesgos de enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo, diabetes y enfermedades mentales. En cierta forma son como un reloj biológico de la célula.

Drury y sus colegas participaron en el Proyecto de Intervención Temprana de Bucarest, que realizó un ensayo clínico en 136 niños y niñas de seis a 30 meses, que vivían en orfanatos de esa ciudad: la mitad fueron colocados en hogares sustitutos, mientras que la otra mitad siguió viviendo en la institución, donde recibieron menos atención y estuvieron sometidos a vidas mas reglamentadas. Los investigadores midieron el tamaño de los telómeros de los pequeños, cuando tenían entre seis y 10 años de edad. Los resultados muestran que el grupo que permaneció en el orfanato tenía telómeros significativamente más cortos que los que vivieron en hogares sustitutos. Y en ambos casos existe una relación entre el tamaño de los telómeros y el tiempo total que permanecieron en el orfanato. La longitud de los telómeros puede ser la primer señal de la forma en que las experiencias tempranas negativas afectan la biología de un niño, aseguró Drury.

El objetivo del estudio fue entender los efectos neurológicos y psicológicos que produce en niños pequeños permanecer por temporadas largas en estas instituciones, antes de que los den en adopción, así como demostrar que estos efectos tienen consecuencias para toda la vida. Habla también de la necesidad de reglamentar de manera mucho más estricta el tipo de atención que reciben los pequeños en estas instituciones.

 

Martha Duhne

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