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18 de julio de 2018
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Ráfagas

No. 164

El regreso de los insectos

El Dryococelus australis es un insecto palo australiano, gigante entre los artrópodos, que se creía extinto desde principios del siglo XX. En 2001 fue redescubierto y ahora, si los humanos se lo permiten, podría regresar a lo que fue su hogar, la Isla Lord Howe, al este de Australia.

La historia reciente de este insecto, que llega a medir 15 centímetros y pesar 25 gramos, es tan extraña como él mismo.

A 23 kilómetros de Lord Howe existe otra isla, la Pirámide de Ball, que es la punta de un volcán que emergió en el Pacífico Sur hace cerca de siete millones de años. Es extremadamente delgada, pero se eleva 562 metros sobre el nivel del mar. Se trata de una isla con acantilados casi verticales.

En Lord Howe había un insecto famoso por su enorme tamaño, tan grande que lo llamaban langosta terrestre tanto por sus dimensiones como por su duro exoesqueleto. En 1918 un barco inglés, el S.S. Makambo, encalló en Lord Howe y sus ocupantes lo evacuaron. Durante los nueve días que tomó repararlo, algunas ratas que viajaban en la nave llegaron a la isla, donde descubrieron a los insectos palo, que les parecieron deliciosos. En dos años los habían exterminado. En 1920 se declaró extinta a la especie.

En la década de los años 60 unos escaladores visitaron la Pirámide de Ball, donde, según dijeron, vieron insectos palo muertos, pero no confirmaron si existían los animales vivos. En 2001 dos científicos australianos, David Priddell y Nicholas Carlile, decidieron buscarlos y escalaron los acantilados de la isla sin encontrar gran cosa. Al bajar vieron en una grieta un arbusto de Melaleuca, un género de plantas australianas de la familia del mirto, y debajo de la planta, lo que parecía excremento de un insecto grande. Carlile regresó en la noche armado con una lámpara de mano y al apartar el arbusto, encontró 24 insectos palo gigantescos. Carlile había realizado un importante hallazgo: el de los únicos Dryococelus australis que quedaban en ese momento sobre la faz de la Tierra. Durante dos años un grupo de científicos australianos discutió si era ético y razonable colectarlos, y al final concluyeron que lo mejor sería intentar reproducirlos en cautiverio. Regresaron en 2003 y los insectos seguían viviendo alrededor de su arbusto. Capturaron a cuatro ejemplares que llevaron a Australia, donde a los pocos días murió una de las parejas. La segunda fue entregada a Patrick Honan del zoológico de Melbourne, quien se ha dedicado casi 10 años a cuidarlos y reproducirlos. Actualmente existen cientos de adultos y miles de huevos incubándose. ¿Qué hacer? Los científicos decidieron lanzar en mayo de este año una campaña para informar a los habitantes de Lord Howe de la existencia de estos animales y sensibilizarlos a la posibilidad de reintroducirlos en la isla. Si se aprueba el plan, habrá que empezar por eliminar a las ratas y luego liberar a los insectos palo en lo que fue su casa antes de la llegada de los seres humanos.

Nuevo equipo para tomar muestras de suelo marino

Un grupo de mecánicos e ingenieros del Centro de Ciencias Aplicadas y Desarrollo Tecnológico, CCADET, de la UNAM, diseñó un dispositivo mecánico para tomar muestras del lecho marino, a profundidades de hasta 4 500 metros.

Victoria María Díaz Castañeda, investigadora del Departamento de Ecología Marina del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, CICESE, experta en los organismos que habitan el fondo de los ecosistemas acuáticos, solicitó al CCADET diseñar un aparato para tomar muestras del fondo del mar a diferentes profundidades.

El primer prototipo fue sumergido a 540 metros desde el buque oceanográfico Francisco de Ulloa del CICESE, pero no funcionó muy bien. Después de reparar las fallas se llevó a cabo una segunda prueba desde El Puma, uno de los dos buques oceanográficos de la UNAM. El aparato, llamado nucleador triple, funcionó perfectamente a mayor profundidad que en la prueba anterior.

En una tercera prueba en el Justo Sierra, el otro barco oceanográfico de la UNAM, se obtuvieron muestras del fondo marino entre 1 200 y 4 500 metros de profundidad. El aparato se sumerge mediante un malacate unido a un cable de acero y desciende por gravedad hasta unos 20 metros del lecho marino. Desde esa altura se deja caer. El nucleador tiene unas patas que se posan en la superficie. Después de cierto tiempo, varios cilindros de 10 centímetros de diámetro y 45 de largo en formación circular bajan muy lentamente para evitar crear turbulencias que afectarían el contenido de la muestra. Los cilindros de policarbonato, penetran en el lodo unos 15 o 20 centímetros. Al jalar el cable desde el buque, la tapa inferior se mantiene abierta porque el lodo impide que se cierre; pero en cuanto se despega del lecho marino, se dispara un mecanismo que la cierra herméticamente. El proceso de bajar el aparato a 4 500 metros, obtener muestras y subirlo toma cuatro horas. Es un desarrollo tecnológico que podrá usarse en investigaciones muy diversas.

Comida casera para una larga vida

Las personas que cocinan y comen en su casa tienen una mayor probabilidad de vivir más años, de acuerdo con un estudio realizado por investigadores de la Universidad Monash, en Australia, y del Centro Médico de la Defensa Nacional y del Instituto Nacional de Investigación en Salud, ambos de Taiwán. El estudio se publicó en junio en la revista Public Health Nutrition.

Los investigadores estudiaron las costumbres culinarias de 1 888 hombres y mujeres de 65 años o más que vivían en Taiwán. De los participantes, el 31% se preparaba la comida en su casa por lo menos cinco veces por semana, el 9% de tres a cinco veces, el 17% lo hacía dos veces por semana o menos y el 43% restante siempre comía fuera. Por medio de una encuesta se recogieron datos acerca del nivel socioeconómico de los participantes, sus conductas saludables, capacidades cognitivas y físicas, conocimiento sobre nutrición y la frecuencia con que cocinaban y comían en casa.

Al cabo de cierto tiempo habían muerto 695 de los participantes. Los investigadores detectaron que las personas que cocinaban y comían en su casa cuando menos cinco veces por semana tuvieron 47% más probabilidades de seguir vivos al cabo de 10 años

Mark Wahlqvist, del Instituto Monash de Asia, explicó que las personas que acostumbran cocinar tienden a comer alimentos más balanceados y a saber más de nutrición que quienes no cocinan. Además de los beneficios para la salud que proporciona la comida sana, entre las personas que cocinan se pueden añadir beneficios aportados por actividades saludables, como cultivar frutas y verduras, salir a comprar alimentos a pie y seleccionar alimentos de calidad. Los resultados mostraron también que las mujeres vivían más que los hombres cuando aún tenían que cocinar para su pareja, lo que sugiere que las mujeres se benefician de la sensación de placer de cocinar para los demás, simplemente porque cuando viven con una pareja son ellas las que suelen cocinar.

Se recupera el cocodrilo de pantano

El cocodrilo de pantano (Crocodylus moreletii) ha salido de la lista de especies en peligro de extinción. Este animal vive en pantanos, ríos, lagunas y ciénagas de las márgenes del Golfo de México y en la península de Yucatán, Guatemala y Belice.

La especie fue perseguida por su piel, que se usaba para fabricar zapatos, cinturones y bolsas de mano. En 1970 se declaró una veda total de extracción en vida silvestre. En 1973 el cocodrilo de pantano se incluyó en la categoría de especies amenazadas y en 1982 la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo puso en la lista de especies en peligro de extinción.

Desde entonces en México se llevaron a cabo programas de conservación y reproducción en cautiverio y se decretaron áreas protegidas en los lugares donde habita la especie. A principio de los años 90, se establecieron criaderos como parte del Sistema de Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre.

La temporada de cría de este cocodrilo coincide con la de lluvias, de mediados de junio a julio. La hembra pone una nidada de entre 20 y 45 huevos, que tardan cerca de 80 días en eclosionar. En estado adulto, los machos llegan a medir hasta 3.5 metros de largo y las hembras 1.5 metros. Se alimentan de peces, caracoles, tortugas y mamíferos pequeños.

En el 2011 se inició un programa de monitoreo del cocodrilo de pantano en México, Belice y Guatemala. Se encontró que las poblaciones se encontraban en buen estado. Como respuesta a este estudio, el gobierno estadounidense publicó el 23 de mayo de 2012 la decisión de sacar al cocodrilo de pantano de la lista de especies amenazadas por considerarse que la especie se ha recuperado y que tiene pocas probabilidades de verse amenazada en el futuro.

El cocodrilo Moreleti seguirá siendo protegido por la Convención de Comercio Internacional de especies de flora y fauna amenazadas. Este caso demuestra que sí es posible salvar de la extinción a especies que se encuentran en grave riesgo si se toman las medidas de conservación adecuadas.

Los recuerdos y el futuro

Nuestra capacidad de imaginar el futuro depende de una parte del cerebro que se utiliza para almacenar el conocimiento general y que se ve afectada por algunas formas de demencia, según un estudio realizado por Muireann Irish, del Centro de Investigaciones en Neurociencia de Australia, y publicado en la revista Brain.

La llamada demencia semántica afecta la parte del cerebro que almacena y recuerda ciertos conocimientos y como resultado, las personas afectadas pueden perder la capacidad de nombrar objetos, recordar el nombre de actores o reconocer canciones muy populares. En investigaciones anteriores los científicos habían descubierto que los enfermos de mal de Alzheimer que no pueden recordar su pasado tampoco podían pensar en el futuro.

En este estudio se compararon imágenes de resonancia magnética del cerebro de pacientes con enfermedad de Alzheimer y de personas con demencia semántica. En estos últimos, las imágenes revelaron atrofia en los lóbulos temporales anteriores, donde el cerebro almacena los conocimientos generales y conceptuales. Las personas con Alzheimer presentan modificaciones en los lóbulos temporales mediales, que se utilizan para fijar los recuerdos y recuperar sucesos personales. Posteriormente, los investigadores pidieron a todos los participantes imaginar y describir posibles acontecimientos futuros. A diferencia de las personas con Alzheimer, las que sufren de demencia semántica han perdido la habilidad de recordar nombres y datos, pero no tienen dificultad para recordar experiencias de su vida pasada. Estos pacientes presentaron la misma incapacidad para imaginar acontecimientos futuros.

Los resultados de la investigación de Irish sugieren que nuestra capacidad de prever el futuro se basa en el correcto funcionamiento de los lóbulos temporales anterior y medial. Esto explica por qué los enfermos tanto de Alzheimer como de demencia semántica son incapaces de entender las consecuencias de un comentario inapropiado, o el efecto de sus acciones sobre los demás y no puedan planear para el futuro, lo que les produce sentimientos de apatía y falta de motivación. Plantea también riesgos, como dejar la estufa encendida o la llave del agua abierta porque estos enfermos no pueden anticipar las consecuencias de sus acciones.

 

Martha Duhne

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