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24 de abril de 2018
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Ráfagas

No. 167

Fármaco contra el VIH frena metástasis

Una medicina diseñada para combatir el virus de inmunodeficiencia humana, VIH, también inhibe la metástasis del cáncer de mama basal, de acuerdo con una investigación realizada durante más de dos años por Marco Antonio Velasco Velázquez, de la Facultad de Medicina de la UNAM, y Richard Pestell, de la Universidad Thomas Jefferson de Filadelfia.

El fármaco afecta la función de un receptor de la membrana de ciertas células del sistema inmunitario que el VIH utiliza para introducirse en ellas. Los investigadores observaron en cultivos celulares que este receptor también desempeña una función importante en la metástasis de dos subtipos del cáncer de mama (en total hay cinco). Estos dos subtipos son los más agresivos y los que más rápidamente forman metástasis, por lo que son responsables de una mayor cantidad de fallecimientos.

A diferencia de otros tipos de cáncer de mama, los tumores basales no responden a las terapias con hormonas. Los tratamientos actuales también incluyen quimioterapia, radiación y cirugía, pero el cáncer basal tampoco responde bien a ellos, lo que aumenta la importancia y urgencia de encontrar una forma específica de tratar este subtipo de cáncer.

Los investigadores utilizaron los fármacos antirretrovirales Maraviroc y Vicriviroc, y descubrieron que previenen la migración de las células cancerosas, por lo que podrían utilizarse para reducir el riesgo de metástasis en el cáncer de mama basal. El tratamiento podría servir también para combatir algunos tipos de cáncer de próstata y gástricos.

Velasco y Pestell están en charlas con la empresa farmacéutica que produce el medicamento contra el VIH para planear un ensayo clínico y estudiar la eficacia del tratamiento en las personas. Los resultados de esta investigación se publicaron en el número de agosto de la revista Cancer Research.

Relación entre desarrollo y conservación

Hay una clara relación entre el grado de desarrollo socioeconómico de una región y su capacidad de proteger y conservar sus ecosistemas, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Puerto Rico, la Universidad Nacional de Tucumán, Argentina, y la Universidad Estatal de Sonoma, en California, Estados Unidos.

Costa Rica y Panamá, los países centroamericanos con mayores ingresos, más desarrollo socioeconómico y que han introducido mejoras en la educación, tienen tasas más altas de reforestación y de áreas conservadas en comparación con países más pobres y menos desarrollados, como Nicaragua y Guatemala, que registran pérdidas netas de cobertura forestal. La costa noreste de Nicaragua, el norte del Petén, en Guatemala, y las regiones de Olancho y Mosquitia, en el noreste de Honduras, son las que tienen los mayores índices de deforestación. Dentro de los países pobres se observó, asimismo, que las regiones más desarrolladas tenían las mayores tasas de expansión de áreas boscosas, lo que fortalece la idea de una relación entre desarrollo regional y conservación de ecosistemas.

El equipo de científicos encontró que la principal causa de deforestación es la tala con fines agrícolas y ganaderos, actividades de subsistencia, muy poco tecnificadas y dirigidas al autoconsumo o para mercados locales.

La deforestación de superficie boscosa en Centroamérica en la década de 2001 a 2010 fue de 12 201 kilómetros cuadrados y 521 080 a nivel mundial, lo que equivale a la superficie de toda América Central.

Los investigadores concluyen que esta asimetría en los patrones de cambio en la cobertura forestal y su relación con los índices de desarrollo socioeconómico deberán tomarse en cuenta al planear estrategias para conservar la biodiversidad y los servicios ambientales. El estudio se basó en imágenes satelitales tomadas entre el año 2000 y el 2010 por la NASA y se publicó en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences en el mes de mayo.

Diferencias genéticas en un mismo árbol

Un equipo de científicos dirigido por Ken Paige, de la Universidad de Illinois, Estados Unidos, realizó un estudio que demuestra que existen diferencias genéticas no sólo entre individuos de la especie Populus trichocarpa, árbol conocido como chopo o álamo, sino entre distintos tejidos del mismo árbol.

La especie tiene la posibilidad de reproducirse asexualmente formando clones; es decir, produciendo nuevos arbolitos que se mantienen conectados a su progenitor por medio de las raíces. Paige y sus colaboradores descubrieron que hay diferencias genéticas entre los tejidos de las hojas, el tronco y las raíces de un mismo organismo.

El Populus trichocarpa es un árbol ideal para este tipo de estudios. Puede vivir más de 200 años y crecer de 30 a 50 metros de altura, por lo que sus tejidos se encuentran separados por grandes distancias espaciales y temporales. Durante la vida de uno de estos organismos las condiciones ambientales pueden cambiar mucho. Las diferencias genéticas en los tejidos de un mismo individuo podrían ser una estrategia de supervivencia de estos árboles.

Los investigadores recolectaron muestras de 11 árboles y de sus descendientes. En cada individuo realizaron estudios genéticos de tejidos de los brotes, ramas y raíces. Cuando compararon la información genética con la del genoma de referencia de la especie, que fue descrita en 2006, encontraron mutaciones o diferencias significativas en un mismo tejido. En un caso, los brotes superiores del árbol padre y los de sus descendientes eran genéticamente más parecidos entre sí que al material extraído de las raíces. Los cambios ocurrían en especial en regiones del material genético relacionadas con la muerte celular, las respuestas inmunitarias, el metabolismo y la comunicación celular.

"Esto podría cambiar el paradigma clásico de que la evolución es un proceso que sucede a nivel de las poblaciones, no de los individuos", comentó Brett Olds, de la misma universidad, quién presentó el hallazgo en la reunión anual de la Sociedad Ecológica de Estados Unidos, que se llevó a cabo del 5 al 10 de agosto de este año en Portland, Oregon. Una hoja no necesariamente representa la información genética de todo el árbol, concluyó Olds.

Para que el agua alcance

Cambiar conductas y mejorar la manera de aprovechar las fuentes alternativas de agua pueden ser el único modo de garantizar cantidades suficientes de este recurso para las necesidades humanas y de los ecosistemas, de acuerdo con un estudio dirigido por Stanley Grant, de la Universidad de Melbourne, Australia, y publicado en un número especial de la revista Science, el pasado agosto.

Los nuevos métodos incluyen sustituir agua potable por otra de menor calidad cuando sea posible, obtener agua limpia a partir de aguas residuales, reducir las fugas y el volumen necesario para cubrir las necesidades básicas, pero también modificar las políticas públicas y las actitudes personales.

Para combatir los efectos de las sequías y de la escasez de las fuentes de agua en algunas regiones del planeta se están tratando aguas grises y negras de formas cada vez más eficientes, pero 4 000 millones de seres humanos aún no tienen un abasto adecuado. Entretanto, se siguen contaminando ríos y lagos, así como ecosistemas, para procurarnos agua para el consumo y eliminar desechos. Cambiar el comportamiento humano y optimizar el uso de las fuentes de agua existentes son factores críticos para romper el ciclo de la escasez y el desperdicio del agua.

En sitios como Fountain Valley, California; Melbourne, Australia, e Israel y Brasil, los investigadores encontraron cambios importantes en la forma en que los propietarios de viviendas y los responsables de los servicios públicos usan las fuentes alternativas de agua. Por ejemplo, se están desarrollando métodos cada vez más eficientes de captar y utilizar las aguas de lluvia para uso público y doméstico. En estos casos, las fuentes alternativas se han convertido en importantes sustitutos de agua limpia para la agricultura, la generación de energía y diversos usos industriales y domésticos. Pero en otros lugares estas actividades son como una gota de agua dulce en el mar.

Modificar hábitos tanto individuales como de políticas públicas es lo que, a juicio de los investigadores, resulta más complicado. Por ejemplo, regar el jardín todavía consume casi tres cuartas partes del agua potable residencial en algunas ciudades de las zonas áridas de Estados Unidos.

Las especies más amenazadas

En el Congreso Mundial de Conservación, que se llevó a cabo a principios de septiembre en Jeju, Corea del Sur, se dio a conocer la lista de las 100 especies de animales, plantas y hongos que enfrentan el mayor riesgo de desaparecer. La lista fue elaborada por más de 8000 científicos afiliados a la Unión de Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), e incluye especies de más de 48 países que se extinguirán si no se toman medidas urgentes para salvarlas. La mayoría son organismos que no son ni emblemáticos ni muy conocidos, y no tienen un alto valor comercial, por lo que a muchas personas podrían parecerles insignificantes y su destino poco importante.

John Baillie, director de conservación de la Sociedad Zoológica de Londres, quien participó en el estudio, dijo que los movimientos conservacionistas se han enfocado cada vez más en el provecho que podemos sacar de la naturaleza, por lo que los ecosistemas se valoran en función de los servicios que pueden aportarnos: como almacenes de agua, sumideros de carbono, fijadores de tierra y fuentes de alimentos y medicinas. Así, las especies de las que no obtenemos ningún beneficio se quedan desamparadas.

Una pequeña ave de la lista es el correlimos cuchareta (Eurynorhynchus pygmeus). Mide entre 14 y 16 centímetros, se alimenta de invertebrados y habita en lagunas y costas marinas. Se calcula que quedan menos de 100 parejas en libertad, más algunos individuos que han sido capturados para conservar la especie. Este pajarito realiza un viaje sor- prendente: en sus migraciones viaja más de 8 000 kilómetros, desde un extremo de Siberia al sureste asiático. La destrucción de su hábitat lo ha puesto en peligro de extinción. Otro animal que enfrenta un futuro sombrío es el perezoso pigmeo Bradypus pygmaeus, que vive únicamente en la isla Escudo, a 18 kilómetros de la costa de Panamá.

La lista completa fue publicada en un informe titulado Priceless or Worthless? ("¿Inestimables o despreciables?"), que tiene por objetivo describir la difícil situación de las especies menos conocidas o que no aportan ningún beneficio directo a la humanidad. Estas especies no serán tan vistosas como el oso panda o el jaguar, pero todos los organismos contri- buyen de alguna manera al funcionamiento del planeta. Y sobre todo, cada especie es única y su desaparición irreparable.

 

Martha Duhne

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