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18 de octubre de 2018
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Ráfagas

No. 174

Regulan comercio para proteger especies

En la 16º Conferencia de las Partes de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES por sus siglas en inglés), que se llevó a cabo en Bangkok, Tailandia, del 3 al 14 de marzo pasado, se tomaron decisiones importantes para frenar el declive de las poblaciones de algunos árboles tropicales, tiburones, mantarrayas y otras especies de plantas y animales que están amenazados o en peligro de extinción. La CITES es un acuerdo internacional concertado entre los gobiernos de los países participantes, entre ellos México, que tiene como objetivo regular el comercio internacional de especímenes de animales y plantas silvestres para que éste no constituya una amenaza para su supervivencia. Las especies amparadas por la CITES están incluidas en tres apéndices, según el grado de protección que necesiten: en el I se incluye a todas las especies en peligro de extinción y su comercio se autoriza únicamente bajo circunstancias excepcionales. En el apéndice II se encuentran las especies que no necesariamente están en peligro, pero cuyo comercio debe controlarse para evitar un uso incompatible con su supervivencia. Y en el apéndice III están las especies protegidas en cuando menos un país, el cual pide la asistencia de otros para controlar su comercio.

México fue coproponente (con Brasil, Colombia, Costa Rica, Dinamarca, Ecuador y Honduras) de la propuesta, que fue aceptada, de incluir tres especies de tiburones martillo (Sphyrna lewini, S. mokarran y S. zygaena) en el apéndice II de la CITES y también votó a favor de que el tiburón sardinero (Lamna nasus) y el de puntas blancas (Carcharhinus longimanus) pasaran al apéndice II. Estas especies se pescan por su carne y también, en especial el sardinero, por las aletas, que se usan para preparar una sopa. Los pescadores interesados en las aletas generalmente las cortan y tiran el resto del animal al mar. De acuerdo con datos recabados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), en el año 2008 se pescaron más de 700 000 tiburones sólo por sus aletas. De ahora en adelante, comerciar con estas especies requerirá un permiso de la CITES. Irlanda anunció la donación de 1.2 millones de euros para ayudar a los países en vías de desarrollo a implementar las acciones necesarias para el paso de estos animales marinos a su nuevo lugar en la lista de la CITES.

En la reunión se aceptó también poner en el apéndice II al género Manta, que incluye la mantarraya oceánica Manta birostris (la más grande de las mantas, que puede llegar a medir 8.4 metros de envergadura y pesar más de 1 000 kilogramos y que habita en aguas templadas de todo el mundo), y la de arrecife, Manta alfredi (especie de hasta 5.5 metros de largo, que habita en el Indo-Pacífico, aunque también se ha reportado en el Atlántico). Estas especies, parientes cercanos de los tiburones, crecen muy lentamente y tardan mucho en llegar a la madurez sexual. Son animales migratorios con poblaciones muy pequeñas y fragmentadas. Tienen uno de los índices reproductivos más bajos de cualquier animal marino: una cría cada dos o tres años, lo que los hace extremadamente vulnerables a la explotación.

México también propuso incluir a la Yucca queretaroensis, planta endémica de nuestro país que crece en matorrales secos y pendientes pronunciadas de los estados de Guanajuato, Hidalgo y Querétaro, propuesta que fue aceptada. Se calcula que la población de esta especie es de menos de 65 000 individuos. Es una especie muy apreciada como planta de ornato, por lo que se comercializa incluso internacionalmente.

Estas medidas no garantizan la supervivencia de éstas y otras especies que fueron incluidas en la última reunión del CITES, pero sí son importantes para intentar que no desaparezcan para siempre de nuestro planeta.

El genoma de los platelmintos

Un equipo de científicos de Gran Bretaña, México, Canadá, Estados Unidos, Japón, China, Uruguay, Argentina y Suiza descifró el genoma de cuatro especies de gusanos planos o platelmintos céstodos, grupo al que pertenece la tenia o solitaria, que parasitan a las personas y a varias especies de animales. Nuestro país participa con científicos de la UNAM (Instituto de Biotecnología, Instituto de Investigaciones Biomédicas, Facultad de Medicina, Centro de Ciencias Genómicas y Facultad de Ciencias), así como del Instituto Nacional de Medicina Genómica. La información genética podrá utilizarse para tratar las diversas enfermedades que ocasionan estos parásitos.

Los platelmintos céstodos son animales invertebrados aplanados en forma de listón; en el estado adulto, la mayoría habita en el intestino delgado de algún vertebrado hospedero sin causar muchos daños, pero sus larvas pueden trasladarse a distintos órganos y tejidos del organismo infectado y transformarse en quistes, con efectos graves. Estos gusanos producen dos de las enfermedades que la Organización Mundial de la Salud considera como enfermedades tropicales desatendidas: la equinococosis y la cisticercosis (ver el artículo "¿El fin de la cisticercosis?", p. 10). Se calcula que hay unos 50 millones de personas infectados en el mundo.

El estudio de la información genética de estos gusanos permitirá entender mejor su compleja biología y encontrar tratamientos médicos más eficaces para las infecciones que producen. Las cuatro especies estudiadas han perdido la habilidad de sintetizar las grasas que necesitan para el desarrollo de sus larvas, por lo que necesitan localizar y modificar las de su hospedero. Un fármaco que obstaculice la actividad de los genes de los gusanos que se dedican a esta tarea, vital para los gusanos, podría resultar eficaz.

Los científicos encontraron también que algunos procesos de las enfermedades producidas por estos parásitos son similares a los de los tumores cancerosos, lo que sugiere que los platelmintos podrían ser susceptibles a los tratamientos de quimioterapia ya existentes. El resultado de esta investigación se publicó en la revista Nature el pasado 13 de marzo.

El Voyager 1 se aproxima a los límites del Sistema Solar

En 1977 la NASA lanzó las sondas Voyager 1 y Voyager 2 con el objetivo de que enviaran información de Júpiter y Saturno, y de ser posible, también de Urano y Neptuno. Las naves cumplieron con su misión y siguieron su viaje en distintas direcciones. Los datos que siguen enviando estas naves sugieren que ya se encuentran muy cerca de donde cesa la influencia del viento solar: el límite del Sistema Solar. El 20 de marzo de este año los científicos encargados de la misión dieron a conocer, en un artículo publicado en la revista Geophysical Research Letters, que el Voyager I podría estar muy cerca de ese límite (debido a que aún no se sabe mucho sobre éste, los científicos de la misión han hecho varios anuncios similares en los últimos años).

La sonda detectó cambios drásticos en los niveles de dos tipos de partículas: las del viento solar y las del espacio interestelar. El número de partículas solares se redujo a menos del 1% de los niveles detectados anteriormente, mientras que la radiación de fuentes interestelares casi se duplicó, dice Bill Webber, de la Universidad Estatal de Nuevo México en Las Cruces, quien participa en la investigación.

En diciembre de 2012 el Voyager 1 llegó a una región conocida cómo "carretera interestelar", donde los campos magnéticos del Sol entran en contacto con los del espacio interestelar. Cuando la nave detecte un cambio en la dirección de las líneas del campo magnético, será la señal definitiva de que ha abandonado el Sistema Solar, pero eso aún no sucede. "Estamos a algunos meses o a algunos años de distancia", señaló Edward Stone, otro miembro del equipo de investigación.

El Voyager 1 es el objeto artificial que ha llegado más lejos en el espacio. Actualmente se encuentra a unos 18 000 millones de kilómetros del Sol (unas 120 veces la distancia entre la Tierra y el Sol). La señal que envía a la Tierra tarda aproximadamente 17 horas en llegar. El Voyager 2 está a cerca de 15 000 millones de kilómetros y aunque ha detectado cambios parecidos a los de su nave hermana, éstos han sido más graduales, por lo que los científicos piensan que todavía no ha llegado a la carretera interestelar.

Resulta asombroso que los Voyager sigan enviando información valiosa a miles de millones de kilómetros de distancia de nosotros, después de un recorrido que ha durado más de tres décadas.

Orígenes de la agricultura en Perú

Por décadas se ha discutido si la agricultura desempeñó un papel tan importante en las civilizaciones antiguas de Perú como en las de Mesopotamia, Egipto, India y China. La duda surgió porque hay pocas evidencias sobre el cultivo y uso del maíz, lo que sugería que en Perú esta planta se usaba sólo con fines ceremoniales y que la civilización de los Andes dependía de los recursos marinos.

Esto cambió con los resultados de una investigación dirigida por Jonathan Hass, del Museo Field de Chicago, en la que participaron investigadores de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, de la Universidad de Illinois y de la Universidad de Nebraska. Los colaboradores encontraron importantes evidencias microscópicas de restos de maíz que datan del periodo Arcaico Tardío (entre 3000 y 1800 años a. C.).

Después de años de estudio, Hass y sus colegas aseguran en un artículo publicado en la edición de febrero de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, que durante el periodo Arcaico Tardío en Perú el maíz fue el principal componente de la dieta.

Las excavaciones arqueológicas se realizaron en 13 sitios en los valles desérticos de Pativilca y Fortaleza, al norte de Lima, en restos de residencias, basureros, cuartos ceremoniales y zonas de cultivo. Las evidencias macroscópicas de maíz como granos, hojas, tallos o mazorcas fueron poco frecuentes, pero al analizar muestras del suelo, los científicos encontraron una gran cantidad de polen. Actualmente ahí se siembra maíz, pero los granos de polen son más grandes y en las muestras actuales siempre se encuentran mezclados con el de casuarinas, planta australiana que se introdujo en Perú mucho más tarde y que está ausente en las muestras antiguas.

De 126 muestras de tierra que se analizaron, 61 contenían polen de maíz, dato que es similar al de otros sitios donde este cultivo era el componente principal de la dieta. También se analizaron 14 fragmentos de herramientas y en 11 de ellas se detectaron rastros de maíz. Pero fue en los coprolitos, materia fecal conservada, donde el equipo encontró la evidencia más contundente: en 62 coprolitos (34 de humanos, 16 de perros domesticados y el resto de otros animales) el 69% tenía restos de maíz.

La investigación confirma así la importancia de la agricultura en el surgimiento de las civilizaciones del mundo.

 

Martha Duhne

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